Opinión

66 años del voto de la mujer en México. Avances y retos en su participación política

La ruta histórica por alcanzar los espacios públicos por parte de las mujeres en nuestro país, ha estado lleno de episodios de resistencias patriarcales por monopolizar el poder. Es la fortaleza de las mujeres, su conocimiento y conciencia, de que son portadoras de prerrogativas fundamentales, lo que ha generado profundos cambios.

El acceso al poder político de la mitad de la población que representan las mujeres debería ser algo común, no tener conciencia de ello, equivale a vulnerar los derechos humanos de la mitad de la población, sin tomar en consideración que sin su participación en la democracia, ésta prácticamente es inexistente y sin ponderar, además, que la democracia misma se debilita con el hecho de impedir su intromisión en los asuntos públicos, pues por simple lógica, se pierde la mitad del talento de la humanidad.

Desde la reforma del 24 de septiembre 1993 al artículo 175, fracción III, Constitucional, que precisó que los “partidos políticos promoverán en los términos que determinen sus documentos internos, una mayor participación de las mujeres en la vida política del país, a través de su postulación a cargos de elección popular” a la fecha, aplicar las cuotas de género y la paridad han llevado a una construcción y transformación del sistema político mexicano, para tener una democracia más justa e igualitaria.



Luego de 66 años de alcanzar el derecho al voto, este año, con la existencia de un histórico Congreso de la Unión integrado por el 49% de representación femenina, se adoptó la paridad transversal como mandato de nuestro ordenamiento fundamental, con lo que se pretende que la mitad de los cargos de decisión política en los tres poderes de la unión y en los organismos autónomos, sean para mujeres. Debo resaltar, que uno de los retos próximos será crear una ley reglamentaria para cumplir con el principio constitucional de paridad de género, a fin de que éste no tenga excepciones en su ejecución.

En Aguascalientes, de un análisis histórico reciente, podemos advertir, que hemos pasado de que la LXI legislatura correspondiente a los años 2010 a 2013 únicamente estuviera integrada por dos mujeres, a que en la actual conformación las alcanzaran mayor representación que los hombres, ocupando el cargo catorce frente a trece.

En cuanto a los ayuntamientos que recientemente entraron en funciones, de manera histórica, 58 mujeres accedieron a los diversos cargos, frente a 51 hombres, y si bien, de las once presidencias municipales, solo dos son encabezadas por ellas, a la sindicatura accedieron 10 mujeres y solo 2 hombres, mientras que, en las regidurías, 46 fueron para las primeras y 40 para varones.

Así, se puede advertir una variación y avance considerables en Aguascalientes, en relación a la participación política de la mujer en materia municipal, puesto que, en 1998, de un total de 108 cargos, solo el 14.8% fueron para mujeres, mientras que ahora, en 2019, lograron un 53.2% de 109 en disputa.

El Tribunal Electoral del Estado de Aguascalientes, ha sostenido que la implementación de las cuotas de género y más allá de ello, de la paridad sustantiva, son medidas que tienen la finalidad de favorecer a las mujeres, por ser considerado el género históricamente vulnerado, y que están direccionadas a eliminar la exclusión de la participación en la vida política de la cual han sido objeto por años; en tal orden, no pueden considerarse discriminatorias en relación a los hombres, en razón de que el trato diferenciado entre géneros, favorable al femenino, tiene el objeto de revertir la desigualdad existente, así como reconocer y compensar los derechos del grupo de población, que no ha partido del mismo punto de inicio en la vida política, pues apenas pudo ejercer su derecho al voto hace 66 años.

No obstante lo expuesto, con muchos lamentables ejemplos actuales, queda claro que en México, la participación política de las mujeres sigue enfrentando resistencias y, lo peor que podríamos hacer, cualquier sociedad y en específico la hidrocálida, es creer que esos sucesos de ninguna manera generan o generarán un eco pernicioso que puede traducirse en más episodios de violencia política de género. Por ello, independientemente de dónde se den tales hechos lamentables, no podemos invisibilizarlos, sino señalarlos, focalizarlos y condenarlos.

Entonces, el reto más importante está por venir, y consiste, en que la próxima generación de mexicanos y, en específico de hidrocálidos que participen en la vida política de nuestro país, se normalicen con la llegada permanente, en simple ejercicio de un derecho fundamental a la paridad, de las mujeres a los cargos del poder público.

Por ello, la tarea está en seguir apoyando el camino trazado de acompañar el empoderamiento femenino, así como en generar nuevas masculinidades que comprendan y fomenten esta visión de inclusión, con la convicción de que la participación política de las mujeres en nuestra vida pública, enriquece a nuestro Aguascalientes y a todo México.

 

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Jorge Ramón Díaz de León Gutiérrez

Jorge Ramón Díaz de León Gutiérrez

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