03/07/2020


A once meses que López Obrador asumiera la Presidencia de la República, en medio del hartazgo social y el desprestigio con el que cerró el anterior gobierno, no hay visos de la Cuarta Transformación, ni de una estrategia clara en materia de seguridad pública.

El violento ataque a policías en la Tierra Caliente michoacana, en el que lamentablemente perdieron la vida catorce elementos y en el que otros nueve resultaron heridos, fue la nota que marcó el inicio de esta semana. 

Ante la brutal emboscada que sufrieron elementos de la Policía de Michoacán en el municipio de Aguililla, vino una declaración que exhibe el tamaño de la crisis y la falta de estrategia por parte del gobierno federal. 

La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, intentó atajar el tema con la siguiente explicación: “Yo creo que esto fue una circunstancia que se da, como se dan todos los eventos en el país, todos los días, a todas horas, en todos los lugares”.  

Efectivamente hay mucho de cierto en la afirmación de la encargada de la política interior del país. Cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) contabilizaban más de 20 mil ejecuciones en los primeros ocho meses del gobierno de López Obrador. 

Esto quiere decir que en promedio se cometen ochenta ejecuciones al día en México. Apenas en abril pasado, la exmandataria chilena, hoy Alta Comisionada de la ONU para los DH, Michelle Bachelet, afirmó que nuestro país tiene “cifras de violencia propias de un país en guerra”. 

Aunado a lo anterior, de acuerdo con el mismo SESNSP, la incidencia delictiva aumentó 5.2% durante el mismo periodo, en comparación con el 2018.

El presidente, por su parte y en su tradicional conferencia mañanera, aseveró de manera reciente que diez entidades del país constituyen focos rojos en cuestión de violencia e inseguridad, pero a modo de consuelo precisó que el robo de vehículos “ha bajado considerablemente”. 

Las imágenes y los audios del ataque en Aguililla, que circularon de inmediato en las redes sociales, estremecen a cualquiera. Efectivamente pareciera que se trata de una zona de guerra.  

La organización “Causa en Común” señala que en lo que va del 2019, al menos 308 elementos policiacos han sido ejecutados. Tan sólo en Michoacán se contabilizan 37 (incluyendo las muertes de Aguililla).

En medio de la terrible crisis que reconoce la titular de Gobernación, el presidente López Obrador confía que el aumento en el despliegue de la Guardia Nacional será el factor clave para alcanzar la pacificación del país. Su apuesta y su fe, hoy por hoy, están depositadas en las Fuerzas Armadas. 


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Hay que recordar que en campaña el titular del Ejecutivo criticaba con fuerza el uso del Ejército y la Marina en las tareas de seguridad interior y que apenas en abril pasado se comprometió a que en tan sólo seis meses disminuirían los índices delictivos, una vez consolidado el combate a la corrupción, la implementación de los programas sociales y la presencia de la GN. 

Reza la frase que “·no hay fecha que no se llegue, ni plazo que no se cumpla”, y hoy, a once meses de tomar las riendas del país: ni transformación, ni seguridad, ni estrategia.  

 


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