Corrupción judicial o la moral es un árbol que da moras…/ Yerbamala - LJA Aguascalientes
19/10/2021

Algo así como la frase que da título al presente texto, se atribuye al célebre cacique potosino Gonzalo Natividad Santos Rivera (afamado militar revolucionario, diputado, cuatro veces senador, gobernador de su estado y hasta embajador en Bélgica, además de inspirador de no pocos personajes de novela y cine), de quien se recuerdan gracias a sus famosas Memorias (1987), algunas otras “pintorescas” anécdotas que retratan fielmente al autoritario régimen posrevolucionario que dicho sujeto encarnó a la perfección y que este país padeció en el siglo XX, como aquella otra de los tres “ierros” que le gustaba aplicar a sus enemigos: “encierro, destierro y entierro”. Nos gustaría decir que esos eran otros tiempos de la política en México, aunque parece que no podemos, aun hoy, en 2019.

Anécdotas aparte, sorprende, y no poco, constatar cómo ciertos sectores de la sociedad civil, especialmente los más beneficiados por el régimen corrupto en los pasados 40 años, se resisten de la manera más evidente a que este país cambie, aunque sea un poco. El ejemplo claro lo tenemos con el escándalo y la supuesta “crisis constitucional” que quieren ver en la reciente renuncia del señor Medina Mora, quien hasta el martes pasado fungiera como ministro de la SCJN.

Así, no son pocos los sectores retrógrados que acusan al gobierno de la 4T estar detrás de la inaudita renuncia. Pero nos tendría que asombrar no la renuncia del corrupto funcionario, sino la constatación de los oscuros intereses que lo pusieron ahí, en el máximo tribunal del país, y también las razones que lo sostuvieron tanto tiempo, a pesar de su clara incompetencia y su presumible corrupción, denunciada en su momento por la prensa y las autoridades… !británicas y estadounidenses!

Así es. Entre la maraña de escándalos que salpican cotidianamente la realidad mexicana, es comprensible que cuando este asunto del ministro multimillonario se dio a conocer, gracias a la agencia anticrimen británica, el ahorrativo señor Medina Mora guardaba unos pequeños ahorros por dos millones de libras esterlinas en el banco británico HSBC, cuyo origen era inexplicable. Luego, desde los organismos policiacos de Estados Unidos se corroboraría que al industrioso exministro de la Corte también le detectaron movimientos hacia su cuenta en Londres por unos dos millones de dólares, para sumar en total unos 100 millones de pesos de origen inexplicable hasta hoy (Razón, 10 de junio de 2019).

El caso del señor Medina demuestra varias cosas. La primera, que ganar el mejor salario del Estado mexicano (cerca de 600 mil pesos al mes entre salario y prestaciones, bonos y demás facilidades) no hace al ministro mejor juez, ni invulnerable a la corrupción.

Y es que el señor Medina, como su antecesor Santos, pasó por diversos cargos importantes en gobiernos corruptos del PAN y del PRI, siempre vinculado a los intereses de sus poderosos patrocinadores: desde director del Cisen en tiempos de Fox, pasando por Secretario de Seguridad Pública y procurador general de la República en tiempos de Calderón, hasta embajador en Gran Bretaña y Estados Unidos; para culminar su meteórica carrera nada menos que como ministro de la Corte en 2015. Hasta ese momento, no se le conocía al citado señor Medina ninguna trayectoria jurídica, profesional o académica que ameritara su arribo a la Corte, pero eso dio igual, porque llegó a la SCJN gracias a sus cuates y valedores. Especialmente a su amigo y protector Enrique Peña, al que luego devolvería el favor obsequiándole un amparo cuando iba a ser investigado por desviaciones millonarias de dinero público por el gobierno de Chihuahua.

¿No será este caso el que nos confirma que hay que cambiar el sistema de elección de ministros, magistrados y jueces para evitar el arribo de más Medinas Moras al Poder Judicial?

¿Cuántos casos más como el del hoy exministro no habrá incrustados dentro de las filas del Poder Judicial de la Federación y dentro de los poderes judiciales de las entidades federativas? ¿Cómo impacta la corrupción judicial en la impunidad, la criminalidad y la incapacidad crónica del Estado mexicano de construir un estado social y de derecho? ¿Cuándo y cómo se transparentarán, se democratizarán y se auditarán los mecanismos de acceso a la función judicial en México, desde el nivel más alto hasta el más bajo en la escala?

Por eso y muchas otras cosas es de reconocerse la voluntad del actual ministro presidente de la Corte, Saldívar Lelo de Larrea, de cambiar desde adentro y desde arriba al Poder Judicial de la Federación. El ejemplo deberá extenderse pronto.

P.S. Decía el recordado Carlos Monsiváis a propósito del citado Santos: “Ladrón que roba a bandido, merece ser ascendido” (Letras Libres, diciembre de 2000). Tal parece que así se explica muy bien la meteórica carrera del citado Medina Mora en el sector público mexicano. Pero que renuncie a cambio de impunidad y silencio, no debería ser suficiente.

@efpasillas

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