El pornógrafo del fonógrafo / Café Fausto - LJA Aguascalientes
10/08/2022

Cuando alguien dice lo que piensa y defiende así su criterio y su libertad no siempre es del agrado de la mayoría de las personas, sobre todo si esa mayoría prefiere que el orden, las reglas y la estructura social imperante se mantengan, se conserve. No quería decirlo así, pero a los conservadores regularmente no les agrada la gente que piensa diferente y que busca que las cosas cambien.

Un poeta y músico que tuvo que era visto como un provocador por pensar diferente y mostrarlo a través de sus canciones fue el francés Georges Brassens a quien incluso llegaron a bautizarlo como “El pornógrafo de fonógrafo” relacionándolo así con el título de una de sus emblemáticas composiciones, siempre ingeniosas e inteligentes que cuestionan a nuestra sociedad. Brassens quien desarrolló su obra entre las décadas del cincuenta al setenta es de alguna manera el padre no reconocido de muchos trovadores y cantantes de protesta.

Supe de Brassens hasta la segunda mitad de la década de los noventa, un buen amigo me recomendó escuchar sus canciones y leer sus poemas, pero entonces el acceso a la información no era tan sencillo. Sin embargo, en un golpe de suerte al pasear por una librería en la Ciudad de México adquirí un ejemplar de su “Antología poética” publicada en 1981 por Ediciones de la Flor en Argentina. La selección de textos en esa edición es de Alphonse Bonafé, la maestra de adolescencia que lo formó e impulsó en la creación literaria y las traducciones de Graciela y Horacio Salas.

Un año más tarde, un buen amigo me regaló dos discos compactos con música de Georges Brassens que contenían una amplia selección de canciones y en otro el emblemático concierto del cantautor realizado en Londres en 1972. Desde ese entonces no he encontrado material del artista en alguna tienda de nuestro país, evidentemente, al parecer, no se distribuye aquí su obra. 

Nacido en Francia en 1921 y fallecido en 1981, Brassens es sin duda uno de los principales exponentes del movimiento de la “Canción Francesa” y de los trovadores anarquistas en Europa a la mitad del siglo XX. Su obra influyó en cantautores de protesta de España y de Latinoamérica sobre todo al final de la década de los sesenta y en los setenta del siglo pasado.

Desde su juventud puso empeño en la composición musical, la creación de poemas y a la lectura de autores como Paul Verlaine, Francois Villon, Charles Baudelaire y Víctor Hugo definiendo poco a poco una postura anarquista en su obra, incluso intentando sin éxito publicar una revista literaria con esa orientación.

Durante la Segunda Guerra Mundial el ejército de ocupación alemán lo obligó a laborar en un campo de trabajo cerca de Berlín al que no regresó al recibir un permiso de descanso lo que lo llevó a vivir escondido en casa de unos amigos en Paris hasta terminar el conflicto armado. 

Comenzó cantando sin éxito en algunos bares hasta que fue descubierto por la actriz y cantante Henriette Ragon “Patachou”, quien lo impulsó hasta alcanzar el reconocimiento en su país casi siempre solo acompañado de su guitarra. Desafortunadamente al ser sus letras difíciles de traducir eso ha dificultado su difusión fuera de Francia.

Una de sus piezas más conocidas es “La mala reputación” que por la complejidad de la traducción existen varias lecciones, mientras que ha sido interpretado por artistas como Paco Ibáñez, Chicho Sánchez Ferlosio, Nacha Guevara, Claudina y Alberto Gambino, Javier Krahe, Ángel Parra y en catalán por Joan Manuel Serrat. En una entrevista sobre su etapa de exilio en Londres, Joaquín Sabina comentó que al cantar en bares para sobrevivir tenía fijo en su repertorio el tema de “La mala reputación”.


“Allá en mi pueblo, sin pretensión, / tengo muy mala reputación. / Que me moví, que me quedé / me consideran ya no sé qué. / Y sin embargo no jodo a nadie / siguiendo solo por mi destino. / Pero a la gente le sienta mal / que uno tenga su camino personal. / Y todo el mundo habla mal de mí / menos los mudos, claro que sí”, expresa en esa canción en la traducción de Graciela y Horacio Salas.

Temas como “Marinette” y “Jeanne” son algunas de sus piezas más representativas a la que se suma “El Gorila” en el que se burla de los representantes de la justicia y de la autoridad establecida con un ácido sentido del humor en el que canta como un enorme primate huye de un zoológico y al nunca haber estado con una hembra termina violando a un juez. Es precisamente por algunas de las letras de sus canciones que Brassens quien entre 1953 y 1982 grabó quince discos individuales más algunos conciertos le llamaban “el pornógrafo del fonógrafo”.

“Antes cuando era pendejo / tenía miedo de las malas palabras / y si pensaba mierda muy bajito / no lo decía / pero / hoy en mi laburo / es hablar como un reo / cuando pienso perla / digo mierda. / Soy el pornógrafo / del fonógrafo / el grasón / de la canción. / Y para divertir a la galería / escupo groserías / obscenidades y palabrotas / a los gritos / pero / cuando estoy solo bajo mi techo / en mi alma me digo incorrecto / andá que te coja Platón / y te dé una canción”, dice en su canción “El pornógrafo”.

Georges Brassens logra en sus textos un agudo sentido del humor con ingeniosos textos aparentemente sencillos con sentido poético que desafortunadamente llegan a perder esa intención al ser traducidos. Es un poeta provocador, un trovador del que siguieron sus pasos otros trovadores tanto en estilo como en su misma manera de cantar. 

Sin duda y en gran medida también el arte es crear con belleza y provocar e incluso transgredir para proponer un camino propio, una visión propia de la realidad para transformarla, aunque no sea del gusto y simpatía de quienes desean que todo se conserve sin cambio alguno.

 


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