Opinión

En la Corte del Rey Carmesí. Origen del Rock Progresivo / El banquete de los pordioseros

Hace algunas semanas tuve la oportunidad de asistir en el Teatro Diana de la ciudad de Guadalajara a uno de los conciertos que ofreció en México el grupo inglés King Crimson, lógicamente pretendí de inmediato escribir algo en el Banquete de los Pordioseros sobre el concierto pero la verdad preferí esperar esta fecha, hoy es 11 de octubre, el viernes más cercano al día 10 del décimo mes del año, justamente ayer se cumplieron 50 años del lanzamiento del disco debut de King Crimson llamado In the court of the Crimson King, un disco inmenso, hablamos de uno de los mejores, no sólo de ese año, y mira que fueron muchas las buenas producciones de 1969, sino del rock en general, dentro y fuera del Reino Unido.

Yo sé que el tema está sujeto a discusión y la polémica es mucha, pero desde mi punto de vista con este disco se inicia el rock progresivo, esta es la piedra angular que sostiene desde sus sólidos cimientos esa enorme y fantástica estructura llamada así, rock progresivo. De acuerdo, por lo menos un par de años antes, en 1967 Procol Harum, Pink Floyd y Moody Blues específicamente con su disco Days of future passed ya empezaban a trazar algunas pinceladas nada convencionales en su lenguaje musical, a dar lugar a un sonido que no cabía en definición alguna, posiblemente otras cosas como In a gadda de vida de Iron Butterfly hicieron ciertas sugerencias un tanto tímidas a este nuevo lenguaje del rock, o incluso los Beatles con discos como Sgt. Peppers lonely hearts club band o Abbey Road, en fin, las opiniones al respecto abundan, pero rock progresivo ya así, definido como tal, me arriesgo a decir que surgió con este disco. En la corte del rey Carmesí, que independientemente de este merecimiento, musicalmente es de una riqueza extraordinaria, va desde una agresividad impresionante en sus muy bien logradas progresiones musicales, sobre todo en el tema abridor, 21st century squizoid man, hasta las más exaltada sutileza en canciones como I talk to the wind sin olvidar la angustiante sensación que nos provoca Epitaph. En fin, todo el disco es una pieza de joyería fina en la que Robert Fripp, auténtico Rey Carmesí, convoca a un contingente de músicos impresionante, quizás en ese momento, re recuerdo que estamos en octubre de 1969, todavía sin el nombre que todos ellos alcanzarían con el tiempo, Michael Giles en la batería y percusiones, Greg Lake en la voz y el bajo, Ian McDonald en teclados como el melotrón, piano, órgano, además de instrumentos de viento, saxofón, flauta y clarinete. Peter Sinfield es el letrista y por supuesto, Robert Fripp en las guitarras acústicas y eléctricas. Ya sabemos que la alineación de King Crimson cambiaba, y sigue cambiando, prácticamente en cada nuevo disco, quizás a ello se debe el hecho de que cada nueva producción es diferente, aunque debo decir que encuentro cierta unidad en los tres primeros discos, después de In the court of the Crimson King aparece In the wake of Poseidon y le sigue Lizard, en los tres encontramos impresionante facilidad desarrollar complejas ideas musicales que a la hora de escuchar parece fácil, temas largos que favorecen la improvisación y consecuentemente la ejecución virtuosa y músicos que responden a ese alto nivel de exigencia.

Lo cierto es que en cada una de las diferentes etapas de King Crimson encontramos diferentes fórmulas pero el mismo incorruptible compromiso con la música, y claro, todo gira en torno al pensamiento musical de Robert Fripp.



Por ejemplo, en este concierto que vi en Guadalajara el pasado mes de agosto fue impresionante, tres bateristas, y podríamos pensar que quizás, sea una exageración, o que es un lujo innecesario, pero a la hora en que los escuchas te das cuenta de que se trata de una propuesta musical que realmente necesita de estos elementos, todo está perfectamente justificado y tiene su razón de ser, tres bateristas no son una exageración, y menos cuando se trata de Pat Mastelotto, Gavin Harrison y Jeremy Stacy, son una verdadera necesidad para lograr los objetivos y exigencias de la nueva versión de King Crimson, además de estos tres inmensos percusionistas tenemos a Mel Collins en el sax, viejo lobo de mar en la escena del rock progresivo británico, por supuesto el bajista Tony Levin, parte fundamental del sonido del grupo, el guitarrista Jakko Jakszyk, además cantante, y ya que hablo de cantantes, me parece que Robert Fripp tiene ideas muy claras respecto a lo que espera de sus cantantes, por ejemplo, desde Greg Lake que estuvo en la fundación de la agrupación hasta el actual pasando por otras voces como John Wetton, encontramos un factor común, no solo en el timbre de voz sino que este factor  común lo vemos en el estilo, quizás la única excepción en las voces del rey Carmesí haya sido Adrian Belew, además de ser un inmaculado guitarrista, pero al margen de él, creo que hay una misma intención en todos los cantantes convocados por Fripp, y por supuesto, no es la excepción en el caso del guitarrista Jakszyk.

Pues no sé, es mi opinión, algo tan complejo y bien estructurado, algo tan demandante y exigente, música tan virtuosa y deliciosa, seguramente tuvo que alimentarse de diferentes fuentes para poder ser, entre esas fuentes, por supuesto, encontramos la gran música de concierto, el jazz, sobre todo en sus manifestaciones más contemporáneas, y lógico, una buena dosis de rock, pero al margen de toda esta comprensible complejidad, entiendo que fue In the court of the Crimson King el origen de todo, aquí tiene sus inicios eso que llamamos rock progresivo. 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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