Opinión

En la crónica, a partir del yo se puede contar la historia de nuestro país. Entrevista a Carlos Velázquez, sobre su trabajo como cronista

  • Entrevista a Carlos Velázquez, sobre su trabajo como cronista
  • En Aprende amar al plástico nos enfrentamos a mucha música, referencias literarias, aderezadas con lujuria y alcohol

 

Aprende amar al plástico es el más reciente libro del escritor Carlos Velázquez (Torreón, 19878), publicada por la editorial Cal y Arena, un libro que reúne crónicas escritas por el autor y publicadas desde el 2011 hasta la fecha en diferentes medios mexicanos. Crónicas en donde podemos reconocer los temas que el autor ha tocado tanto en sus libros de cuentos de La biblia vaquera (2008-2011), La marrana negra de la literatura rosa (2010) y La efeba salvaje (2017), como en sus dos libros de crónicas publicados anteriormente: El karma de vivir al norte (2013), El Pericazo Sarniento: selfie con cocaína (2017), que también fue publicado bajo el sello de Cal y Arena. 

Entre esos temas podemos encontrarnos con el consumo festivo de la cocaína o la visita a los tables más famosos de ciudades como Monterrey o Tijuana o la ingesta excesiva de alcohol, todo aderezado con mucha música, muchos conciertos de diferentes géneros, pasando por Public Enemy en un foro de la Ciudad de México en una colonia de alta plusvalía y en el que los que más se divertían eran los llegados desde la periferia de la zona conurbada, que sabían muy bien que iban a rendirle tributo a una de las bandas pioneras y esenciales del hip hop mundial. Pero también podemos releer una de las crónicas que más controversia ha generado en los últimos años, que fue la realizada por el autor al segundo concierto realizado en México por la banda británica The Cure, concierto que Velázquez no disfrutó por su larga duración y las flojas interpretaciones realizadas por la banda inglesa. Crítica que molestó a los miles de fans de la banda. 

Fiesta, noche, lluvias, tráfico, mucha música, drogas, table dance es lo que podemos esperar en las páginas de este libro. Temas que el autor conoce muy bien. Y disfruta como pocos. Temas que nos hacen pensar en cómo ha cambiado la sociedad mexicana en los últimos años. Porque la forma de divertirnos se ha transformado. La noche ya no es la misma. Los tabledance han desaparecido del horizonte de la Ciudad de México, por ejemplo. La doble moral, lo políticamente correcto, han tenido responsabilidad en este cambio. Pero también la violencia, la guerra contra el narco. También la gentrificación, el aburguesamiento de nuestras ciudades, que quieren ser de primer mundo y obligan a los habitantes que han vivido toda la vida en una zona a abandonarla, para que ahí se construyan departamentos de lujo o centros comerciales. Todo eso como resultado de un “embellecimiento” que trastoca las dinámicas generada durante años. Consumismo pues, pero ahora edulcorado. Plástico, como el que sobra en las crónicas de Velázquez.

En las crónicas que componen el más reciente libro de Velázquez nos enfrentamos entonces a mucha música, referencias literarias, aderezadas con lujuria y alcohol. Pero también con una visión a la forma en la que en nuestro país se han transformado las formas de divertirnos: “Si revisamos las crónicas de Lemebel o de Monsiváis, uno se va a encontrar con crónicas muy literarias, pero eso no significa que demeriten a la crónica periodística, pero creo que después de la muerte de Monsiváis se produce en México una suerte de vacío en la crónica, antes teníamos a Ricardo Garibay, al mismo Monsiváis, pero no solo eso, en el interior del país también teníamos a muchos cronistas, lo que pasa es que cuando muere Monsiváis la crónica sigue su periplo, que tiene que ver con el periodismo, con un alto grado de investigación, que tiene más el dato duro, más información, entonces cuando mucho escritores empezamos a internarnos en el género periodística, por la formación literaria que traíamos, resultó una crónica más literaria, eso trajo una avalancha de libros, que era algo que no pasaba hace un tiempo. Por supuesto la crónica periodística siempre ha tenido un espacio muy importante en la mesa de las novedades, pero la crónica literaria ha empezado a ganarse un espacio, o a recuperarlo más bien”, nos dice el autor en entrevista. 

Javier Moro Hernández (JMH): ¿Consideras que existe en tu obra una influencia de la crónica norteamericana, más allá de la figura de Hunter S. Thompson?

Carlos Velázquez (CV): Thompson es una influencia muy importante, sobre todo para aquellos que como yo nunca tuvimos una formación periodística, entonces los cronistas que no tenemos ese tipo de preparación, entonces nos fuimos con Pedro Lemebel, que siempre narra a partir de sí mismo, a Thompson, y de ahí asimilamos cosas que luego pusimos en práctica, eso fue en cuanto a los extranjeros, también para mí es muy importante Tom Wolfe, pero uno de los primeros libros que son esenciales, desde mi punto de vista, es El hombre sin cabeza de Sergio González Rodríguez. Había leído ya Huesos en el Desierto, que me maravilló porque es un trabajo de investigación monstruoso lo que hizo Sergio ahí, de recomponer esta historia, sus actores, sus referentes, los implicados, aquellos que señala que deben ser sometidos a investigación, fue un libro que marcó un momento, pero cuando sale El Hombre sin cabeza y Sergio empieza a contar su historia personal, su niñez, y lo va entretejiendo con la historia de la violencia actual del país, con la intención central de que la decapitación en México viene desde la era prehispánica, ese libro me maravilló de otra manera, porque ya no era el periodismo de investigación, era una memoria velada para entender la realidad del país, es una historia personal que sirve de pretexto para contar otra historia, el de la violencia del país, creo que sin en ese libro de Sergio González no existiría este libro de crónica, ni muchos otros, porque él pone la pauta para decirle a los poetas y a los autores de ficción, y a cualquier persona que quiera escribir crónica, que a partir del yo se puede contar la historia de nuestro país. 

JMH: La crónica, como un género que flota entre la literatura y el periodismo, nos pueden ayudar entender un momento histórico, determinado. Creo que en este libro abordas temas que te preocupan estéticamente, pero los abordas desde otra óptica, y nos permite entender a la Ciudad de México, a Torreón, a Monterrey, desde otra perspectiva.

CV: Cuando estoy escribiendo un cuento tengo que pensar en muchas cosas, la estructura, por ejemplo, pero también tengo muy claro que el tejido semántico tiene que estar en función de toda la historia, no puede sobrar nada, y además siempre estoy pensando que el cuento tiene que tener un final sorpresivo, o sea, tengo en la cabeza todo eso mientras escribo un cuento, en muchas ocasiones ya tengo el cuento representado en la cabeza, o incluso empiezo por escribir los finales, es una especie de cubo que yo ya sé que tengo que rellenar, tiene que ver mucho con el control de lo que ocurre en el texto, y la crónica me ha dado la posibilidad de quitarme todo eso de encima y ser más relajado al momento de escribir, y poder poner el énfasis en otros territorios, como por ejemplo el lenguaje, las referencias, las anécdotas, por supuesto sin olvidarme de lo que estoy contando, entonces para mí la crónica ha sido un paseo, unas vacaciones. 

JMH: Este es un libro que recopila varios años de tu trabajo de cronista. 

CV: Recopila crónicas que se publicaron de 2011 a la fecha, pero no es todo lo que he escrito de crónica, la intención era hacer un libro de crónicas misceláneas, porque mis dos libros de crónicas anteriores son temáticos, sobre la coca y sobre el norte, entonces quería un libro así, porque a pesar de que son textos que ya se publicaron en distintos medios, pero verlos reunidos les da otra dimensión, y de todo lo que he publicado, consigne los que yo pensaba que pueden resistir un poco mejor el paso del tiempo, o que ya lo han resistido, porque el texto con alcances periodísticos puede envejecer más rápido que otros textos, o por ejemplo, la crónica sobre un hecho en específico que no se publica de inmediato pierde toda su relevancia, entonces procuré ser lo más cuidadoso posible en ese aspecto, y creo que hay varios textos que justifican su publicación en forma de libro. 

JMH: ¿Cómo empezaste a escribir crónica?

CV: Yo estaba muy dedicado a la ficción, publiqué el libro de La Marrana negra en 2011, y por esos años Rulo tenía un pasquín en la Ciudad de México, y me invitó a escribir una columna, pero me dijo que no quería una columna literaria, sino que quería algo en donde le contará mi día a día, entonces ahí empecé a contar las cosas que me venían a la cabeza, que no eran crónicas, pero cuando después se viene el desmadre en el norte, empiezo a contar lo que veo en la calle y lo que ocurrían en la calle, y poco a poco me fui soltando, escribiendo crónica urbana, crónica musical, hasta tener textos de veinte cuartillas, y hasta tener libros dedicados a un tema en específico. 

JMH: Uno de los temas centrales en este libro es la música, pero también es un tema que te ha acompañado en tus otros libros de crónica y de ficción, pero aquí lo abordas de una manera central ¿Qué significa para ti la música?

CV: No quiero sonar como una víctima de mi exageración, pero en los momentos en los que he estado muy down o he tenido broncas, siempre lo que me ha sacado a flote, ha sido la música, siempre, de hecho puedo recordar que hace no mucho tiempo estuve pasando un mal momento, la vida me golpeó muy cabrón, tuve problemas de salud, me enfermé, me dio un bicho que me puso la vapuleada de la vida, perdí seis kilos en una semana, y el pinche bicho no se moría, y corría peligro de que el bicho se comiera mi intestino, tuve problemas de dinero, no quería saber nada, realmente estaba muy jodido y empecé a escuchar a Patricio Rey y Los Redonditos, y tenía mucho tiempo sin escucharlo y por esas casualidades de la vida un día me encontré con una biografía de El Indio Solari en una librería de viejo y después me encontré con Tsunami, que es el documental del Indio, en donde cuenta por primera vez que tiene parkinson, y entonces leer su vida, estar oyendo esas canciones, me levantó, me sacó, me echó para arriba, entonces la música ha resultado ser mi mejor medicina. 

JMH: Este también es un libro en donde vives la noche en diferentes ciudades del país, aunque es más Monterrey y Ciudad de México. ¿Cómo has vivido la transición de la vida nocturna?

CV: Ahora casi todo tiende hacia lo políticamente correcto, tiende a ser más limitada la diversión, por ejemplo, acá en la CDMX ya no hay tabledance, aunque han querido sobrevivir como Men’s Club, pero no es lo mismo, y es un giro que no está consolidado, porque el Men’s Club es mucho más caro y en el table había oferta para el estrato más bajo como para los más fresas, he sentido que hay una opresión en cuanto a la posibilidad de disfrutar el placer, la sociedad tiende a condicionarnos más, y creo que si existe las cantinas, los centros de diversión, y si existen es para desfogue de la población, tienes que darle la oportunidad al pueblo de que se desahogue, de que se divierta, y lo que he visto en los últimos años es que cada vez es más complicado que te puedas divertir sin consecuencias, por ejemplo en Coahuila los Moreira cerraron todos los tables, aquí ya no hay tables, en Monterrey hay menos, Tijuana sigue siendo el lugar más divertido del mundo, pero nos está pasando lo que ocurrió en Estados Unidos, que el gringo promedio tiende a no salir de su casa, y yo creo que eso es lo que quieren hacer con todos nosotros, que no salgamos de casa. 

JMH: ¿La guerra contra el narco y la guerra contra la inseguridad han hecho que el ciudadano pierda la calle y la noche?

CV: Y no sólo de noche, yo lo vivo con mi hija, no es sobreprotegerla, no es estar encima de ella, pero mi hija no puede salir, por el grado de violencia, por el grado de que no sabes lo que va a ocurrir en la calle, mi hija no puede salir sola, como no sale ninguna niña de su edad, pero yo a los ocho años empecé a vender chicles y me recorrí toda la ciudad en autobús, pero eso ya no es posible para un niño porque no sabe con lo que se va a topar, no sabe lo se va a encontrar, pero precisamente por esa falta de contacto con la calle es que viven más expuestos, porque viven en una burbuja, los niños ya no tienen los pies en la tierra porque están encerrados en su casa con la tablet y cuando uno estaba más chavito era menos peligroso, porque sabías cómo moverte por la ciudad, por la colonia, ya sabías dónde vivía el malandro, sabías por donde no pasar, hoy los niños no tienen esa habilidad porque están encapsulados.

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Javier Moro Hernández

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