Opinión

Estado fallido / La columna J

Si el crimen y los delitos crecen, es evidencia que la miseria va en aumento y que la sociedad está mal gobernada.

Napoleón. 

México es un país que tiene la capacidad de soportar grandes tempestades, sin embargo, los sucedido en Culiacán la semana pasada es una situación que rebasa toda esperanza que puede existir en la sociedad. Los lamentos y la desesperación se extienden y son presentes, y las dudas y las excusas se incrementan pero, las soluciones están ausentes. 



Civiles armados, vehículos incendiados y el pánico se apoderó de nuestro país, pero sobre todo de Culiacán, Sinaloa, todo esto derivado de la detención y liberación de Ovidio Guzmán, perteneciente a un cártel que el Gobierno Federal contemplaba como disminuido, y que evidentemente se vio rebasado y sobajado. 

Las imágenes que recorrieron en cadena nacional, y que la mayoría de las personas pudo observar desde su móvil fueron devastadoras, brutales y verdaderamente lamentables. Sucede que el gobierno de AMLO ha tenido como doctrina una serie de incomprensibles estrategias como la de “abrazos y no balazos” y como la de amnistía a ciertos criminales, lo cual hasta cierto punto sonaban entretenidas o medianamente populares, pero cuando existe la simulación, basta cualquier hecho para que se desborde el desorden, como dato interesante el presidente constantemente refiere a Juárez, no obstante es otra simulación, puesto que Juárez jamás se rindió en armas ante los franceses para evitar daños colaterales; por ningún motivo debemos olvidar que el Estado está para garantizar la seguridad de los mexicanos.

Existe una indignación social y es menester que llegue a la Presidencia de la República, no se pueden dar discursos sobre orden y parsimonia, y ceder ante el crimen organizado, es inaudito que el cártel de Sinaloa esté más organizado que las fuerzas armadas, el Estado ha sido vulnerado. 

Resulta imposible no ejercer críticas al Presidente, después de que durante tanto tiempo cuando era oposición solicitaba cuanta renuncia se le ocurriera sobre los Secretarios y actores políticos, su estrategia de pedirle a los criminales que se “porten bien” es una ofensa a los mexicanos que vivimos atemorizados ante la situación que se está viviendo en el inicio de sexenio más violento de las últimas décadas.

La situación va más allá de estar con el Presidente, los mexicanos debemos de estar con los mexicanos, luchar y procurar que el Estado nunca más se vea rebasado, al crimen organizado se le debe de enfrentar con inteligencia, con recursos, con estrategia, pero sobre todo con voluntad. 

El que se arrodilla para conseguir la paz, se queda con la humillación y con la guerra. Winston Churchill.

La ley es la que nos damos los mexicanos, no la que quieren imponer a base de balaceras e imponer el temor, lo que buscan los cárteles es un Gobierno que no se meta con ellos, que haga como que no ve lo que está pasando y en la medida de lo posible poder tener injerencia sobre ellos. Titulares de diversos medios internacionales expresaron que el Estado mexicano no tiene capacidad frente a la situación que se vive.

Algo se debe de hacer, estamos ante una crisis política, social y evidentemente económica, las consecuencias de lo ocurrido aun no las podemos apreciar en su totalidad, algunas son de mediano plazo y otras de largo plazo, pero es indudable que estamos al borde del precipicio, no se puede pensar en educación o en democracia cuando no existe una ética para gobernar, la memoria es terca y la esperanza de México cada día se observa como un discurso que sirvió únicamente para ganar una elección en donde se obtuvo un resultado producto del enojo social, no de un proyecto de país. 

Cuando la tiranía es ley, la revolución es orden.

Las crisis son para crecer, pero nuestra sociedad no tiene por qué pagar con creces la irresponsabilidad que el Estado está teniendo, se tuvo mucha valentía para detener y encarcelar a los enemigos políticos como Juan Collado o Rosario Robles, pero se ha tenido una gran cobardía para enfrentar a aquellos que envenenan las calles con droga y someten a sus enemigos a punta de pistola.

Me niego a creer que México está condenado a la corrupción, a la cobardía, a la extorsión, AMLO no es más que los mexicanos, el Chapo, mucho menos, y de ninguna manera podremos estar condenados y sometidos. México aún tiene esperanza, aunque tenga un Estado Fallido.

 

In silentio mei verba.

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Roberto Valdés Ahumada

Roberto Valdés Ahumada

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