Opinión

La discusión de seguridad, ¿es con AMLO o sin AMLO? / Matices

Es con matices. La discusión sobre seguridad debe darse con matices y muchos. El presidente debe terminar, de una vez por todas, con su discurso de Pilatos, donde se lava las manos por decisiones que él mismo toma. El presidente y la 4T repiten de manera sistemática que la guerra contra el narco la inició Calderón y la continuó Peña, que ahora sólo pagamos las consecuencias: un jefe de Estado no hereda problemas, los conoce desde antes de la campaña e idea soluciones para ellos. Debe dejar el discurso de la herencia de problemas por uno que reafirme que los mexicanos lo eligieron porque creyeron que era la mejor opción para este problema: el de la seguridad. 

Sin embargo, tampoco podemos irnos con el odio y furor en contra de la 4T al afirmar que todo es culpa del presidente y de su fallida estrategia para el tema de la seguridad. Aunque la estrategia es deficiente, nuestra narrativa no puede quedarse ahí. La guerra sí se inició hace doce años y quizá sea la peor herencia de gobiernos pasados y eso nos plantea la reflexión que proponen los analistas: estamos capturados por el narco. 

Con esos dos matices, debemos definir el camino a seguir, el gobierno debe mirarse al espejo y elegir cuántas batallas va a dar para pacificar el país. El camino de Colombia debe ser un ejemplo, pero pacificar el país significa un trabajo de décadas y generaciones. Habrá que reflexionarlo: ¿estamos ante una generación perdida en la violencia? Yo diría que sí. Las aspiraciones, los contenidos mediáticos y en redes sociales y el discurso de la generación así nos lo dice: la violencia nos gobierna. El New York Times ha evidenciado el camino con el que Netflix genera su contenido, basado en las preferencias de los consumidores obtenidas de Facebook y otras herramienta, es decir, cuando Netflix produce Narcos o El Chapo, está respondiendo a sus consumidores que es lo que piden. 



Es complicado, en ese contexto imaginar una estrategia que limite el poder del narcotráfico, pero que a su vez construya espacios de paz en la vida cotidiana, desarme a los vecinos y convenza que el camino de las drogas, no es el bueno. El gobierno y las instituciones tienen una misión gigantesca. El Estado debe recuperar el monopolio de la violencia y de la fuerza buscando el desarme de otros grupos paraestatales; para eso tiene que implementar estrategias y tácticas que apelen a la convivencia social. Algo complejo en nuestro clima de violencia. 

Por ahora, el Estado debe idear la mejor manera de recuperar la batuta en el diseño y aplicación de políticas en el campo, en las ciudades pequeñas y en la estrategia de reclutamiento de jóvenes. Hubo un municipio en algún estado donde el presupuesto del Instituto de la Juventud Municipal destinaba un porcentaje al pago de plaza al narcotráfico para que pudieran operar sus programas: el peor de los panoramas. En ese sentido, el Estado debe recuperar la batuta de formación y reclutamiento de jóvenes, no lo puede hacer como lo ha estado haciendo, debe ser disruptivo y atractivo. 

He escrito en este espacio que el camino de la paz, se hace con cultura, arte y deporte: sin duda, una apuesta a largo plazo. Pero en el corto plazo el Estado debe cambiar radicalmente su contenido educativo: la apuesta deben ser los valores cívicos, el arte, el deporte y la conciencia social. La educación media superior debe cambiar de enfoque: no se debe formar mejores profesionales sino mejores personas. 

Sí, son apuestas largoplazistas. Desde mi visión, las más rentables y las únicas posibles. 

En cuanto a la guerra frente el narco, el gobierno no puede bajar las manos pero sí debe cambiar su estrategia por tácticas más puntuales y quirúrgicas: la legalización de las drogas con control, el control de la corrupción en los mandos policiales y poder judicial, la unidad de inteligencia financiera aplicada a la delincuencia organizada, una estrategia de comunicación centrada en darle la espalda a los narcotraficantes. Quizá en una visión conservadora, los medios de comunicación deben dejar de darle voz a los narcotraficantes. La batalla de la inseguridad debe darse en todas las trincheras, y desde la nuestra para construir paz, también tenemos muchas tareas. 

En ese sentido, poner a AMLO como principal responsable es una falsa salida, sacarlo de la discusión también es irresponsable. Debemos discutir el tema con altura de miras, con responsabilidad social y alejarnos de la tentación de responsabilizar a nuestro opositor o darle una condonación al presidente. La discusión debe ser seria, con argumentos, con propuesta, con debates, ya los hemos tenido, Alejandro Madrazo nos ha dado muchos datos, no podemos eludir el debate, por un país donde reine la paz en las calles y no solo en el alma del presidente. 

 

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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