Opinión

¿Para qué sirve un partido mientras gobiernas? / Matices

Para los que estudiamos Ciencia Política en la última década al menos, los cuadernillos del IFE eran un material elemental para entender de manera sencilla los grandes temas políticos, no podías quedarte ahí pero era un buen primer acercamiento. Jaime Cárdenas tuvo a su cargo escribir sobre los partidos políticos. Cárdenas afirma que los partidos tienen funciones sociales: “Entre éstas podemos destacar la socialización política, la movilización de la opinión pública, la representación de intereses y la legitimación del sistema político.”, en cuanto a la función de legitimación establece que “por una parte, tienen un papel fundamental en la conformación de los órganos del Estado mediante las elecciones y, por otra, son focos de discusión y debate, además de que cuando llegan al poder por la vía electoral tienen frente a los ciudadanos la señalada obligación de no cancelar los procedimientos y las instituciones democráticos, así como la de velar por el respeto de los derechos fundamentales”.

Con esos dos párrafos tendríamos para desarrollar tesis sobre el comportamiento de los partidos políticos en gobierno. En México, al menos tenemos tres experiencias y los analistas pueden concluir y escudriñar el comportamiento del PAN, del PRI y ahora de Morena en gobierno. Siguiendo a Cárdenas, un partido en gobierno debe velar por las instituciones que lo llevaron al poder y defender los derechos fundamentales. Aunque cada partido tiene su intento de capturar las instituciones, medianamente el PRI y el PAN fortalecieron a las instituciones democráticas y de contrapeso. Morena aún está en ese camino; pero esa no es la discusión de hoy. Hoy quiero analizar si es necesario un partido en el gobierno y para qué sirve. 

El presidente propició en mí esa idea con su famoso memorándum reiterándole a los delegados que en este gobierno no se permite la participación en partidos políticos, lo mismo le ha dicho a legisladores, algunos como Delgado han ignorado esa petición y se postula directamente para presidir el partido a nivel nacional. El presidente es lúcido cuando nos invita a todos a iniciar una reflexión amplia sobre los partidos y el gobierno, sin embargo, también es olvidadizo al ignorar que él nombró como delegados de programas sociales a políticos, activos del partido, ex candidatos o candidateables; es así como vulgarmente podríamos decir que el presidente no puede pedirle peras al olmo. No hacer política partidista con un cargo a políticos partidistas profesionales. Sin embargo, es justa su petición y razonable su memorándum. 

Cuando un partido llega al poder, por el diseño de la ley al año siguiente recibe el financiamiento público más grande de su historia, así pasó con Morena. La pregunta es: ¿qué hacemos con él?, ¿para qué nos sirve?, o podríamos voltear la pregunta, el partido tiene pocos límites de poder cuando llega al cargo, ¿qué hacemos con el poder?, ¿con los programas sociales? Todos sabemos que lo tradicional en México, gracias al PRI y que se potencializó de 2012 a 2018 es usar todos los recursos de poder, políticos y económicos para ganar campañas políticas o para enriquecerse. Para no perder el poder. Pero, ¿para eso es un partido en el gobierno?

Hace unas semanas platiqué con un amigo y decía que cuando gobiernas, el partido no sirve de nada. Que incluso, estorba. Y argumentaba diferentes razones que me parecieron de debate serio y profundo. Por ejemplo, y volviendo a Cárdenas, los partidos deben ser la escuela de los futuros funcionarios, cuando estos ganan elecciones, al menos de legisladores, regidores, alcaldes y funcionarios de primer nivel. Pero cuando estos ganan la elección y se ocupan de gobernar, el partido pasa a manos de una nueva generación, de improvisados o de interesados que quieren usar el poder y el dinero para construir su propia candidatura. Eso nos llevaría a pensar en un modelo de partidos desechables, que solo sirven para llegar al poder y no deberían continuar más. Ese es el modelo de partido que imagina AMLO y algunos otros personajes que han declarado que no gobiernan para su partido sino para todos los habitantes. En esas declaraciones hay algo de sensatez. 

Cuando eres gobierno, ¿de qué sirve comprar una casa enorme para el partido?, ¿crecer la nómina?, ¿contratar consultores? Desde mi punto de vista, en gobierno, un partido debe mostrarse más cauteloso y tomar una postura de formación y socialización política-ideológica. No con visión electoral sino con visión de Estado y de trascendencia; que hoy es lo que no tiene Morena. 

Gobernar y legislar es una actividad complejísima que pocas veces puede ser compatible con hacer vida partidista, por ejemplo y volviendo a la charla con mi amigo, me decía que gobernar un municipio aunque no sea la capital, es una tarea de 24/7 y que eso implica necesariamente olvidar la vida del partido, olvidar la formación de cuadros, de estrategia de campaña o de formación y socialización política. Escuchando sus argumentos y leyendo los de Cárdenas, quizá lo deseable es que quien se encargue de las labores partidistas nunca aspire a ocupar un cargo de gobierno o de legislación; así los partidos cumplen con su vocación y no hay tentación de beneficiarse del poder del gobierno o del dinero público. Al fin. Es una idea en tiempos de las asambleas incómodas para el presidente.

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Carlos Aguirre

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