Opinión

Bolivia: ¿ha fracasado o prevalecido la democracia? El papel de la OEA

 

Monserrat Dolores Lara Ramírez 

 

La situación que vive Bolivia no es clara. Después de casi tres semanas de manifestaciones, Evo Morales renunció a la presidencia. En este momento, es incierto saber si la renuncia de Morales ayudará al fomento de la democracia en Bolivia. Sin embargo, ahora mismo podemos reconocer tres momentos en el que este acontecimiento ha violentado la democracia de Bolivia: 1) la forma en que renuncia Evo Morales, 2) el papel de la OEA (Organización de los Estados Americanos) y 3) la toma de protesta de Jeanine Áñez.  

A pesar de un posible fraude electoral, la renuncia del presidente electo no fue voluntaria. Después de que la OEA denunciara fraude electoral, las manifestaciones aumentaron, las fuerzas armadas retiraron el apoyo al Estado boliviano y la oposición inició una ola de ataques contra los aliados de Evo Morales. En respuesta a la declaración de la OEA, Evo Morales convocó nuevas elecciones y la renovación del Tribunal Supremo Electoral para pacificar Bolivia. Sin embargo, horas más tarde, el general Williams Kaliman, comandante de las Fuerzas Armadas de Bolivia, sugirió al presidente que renunciara a su mandato constitucional por el bien de Bolivia. Después de dicha declaración, Evo Morales anunció su renuncia. En un estado democrático es inadmisible la presión militar para lograr cambios políticos. En consecuencia, este suceso es un golpe de estado porque se tomó el poder de forma violenta irrumpiendo el orden constitucional por parte de un grupo de poder. Por tanto, la postura de la fuerza militar violenta la democracia de esta nación.  

El papel de la OEA en esta odisea es sumamente relevante. El Tribunal Supremo Electoral declaró ganador al presidente Evo Morales, con el 47.08% de los votos frente a Carlos Mesa con el 36.51% de los votos. Para ir a una segunda vuelta, el segundo lugar necesita 40% de los votos y menos de 10% de diferencia con el ganador. Es decir, estuvo cerca ir a una segunda vuelta.  

El domingo 10 de octubre, Luis Almagro, secretario general de la OEA, presentó un informe preliminar sobre las elecciones de Bolivia. En este documento se denunciaron irregularidades en el proceso electoral y recomendó repetir las elecciones. Estas denuncias se deben por la suspensión del conteo preliminar cuando se tenía el 83.85% de los votos. Asimismo, la OEA dijo que rechazaría “cualquier resolución inconstitucional de la situación”. ¿Quiere decir que la OEA estaba en contra de reelecciones o de una segunda vuelta o simplemente en contra del gobierno de Evo Morales?  

Este anuncio fue suficiente para alimentar las protestas por parte de la derecha y justificar el abandono de las instituciones por parte de los militares. Sin embargo, el Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR) expresó que no hay evidencia de irregularidades o fraude. El TSE había anunciado semanas previas que el recuento rápido sería de al menos el 80% de los resultados preliminares. Entonces, no había ninguna irregularidad. Además, el recuento oficial nunca se interrumpió y las tendencias no cambiaron. El papel de la OEA es hipócrita. En las elecciones generales de Honduras de 2017, donde “triunfó” Juan Orlando Hernández, la OEA no denunció con la misma fuerza las irregularidades electorales. La diferencia de Honduras y Bolivia es el tipo de gobierno. Evo Morales representa un gobierno de izquierda y, en Honduras, Hernández simpatiza con EUA. No es sorpresa que el 60% del presupuesto de la OEA lo suministra EUA.  Incluso, en un comunicado el presidente Trump declaró que “…estos eventos envían una fuerte señal a los regímenes ilegítimos en Venezuela y Nicaragua de que la democracia y la voluntad del pueblo siempre prevalecerán. Ahora estamos un paso más cerca de un hemisferio occidental completamente democrático, próspero…”. Por tanto, es necesario repensar y analizar las intervenciones de la OEA. Este organismo internacional ha alimentado el golpe de estado y afecta la democracia de Bolivia.  

Luego de la renuncia de Evo Morales a la presidencia, el país enfrenta un vacío de poder. Además, tras las amenazas de la oposición, los funcionarios de la línea constitucional de sucesión -el presidente, el vicepresidente y los jefes del Senado y la cámara de diputados- han renunciado. Consecutivamente, Jeanine Áñez, la segunda vicepresidenta del Senado, se proclama presidenta del Senado para posteriormente, sin quórum legal, nombrarse presidente interina. En la sesión donde se decidió proclamar a Añez como presidente interina no se encontraban senadores del Partido Movimiento al Socialismo (MAS), partido al que pertenecía Evo Morales. Los líderes de MAS habían solicitado a la oposición garantías para poder asistir, pero estos no tuvieron respuestas. En una democracia se deben respetar e incluir a todas las ideologías. ¿Cómo pretenden reconstruir democracia en Bolivia excluyendo un grupo mayoritario? Aquí encontramos la paradoja del caso de Bolivia: con bandera de democracia se denuncia a Evo, pero sin democracia se impone Añez. Áñez ha señalado que su intención es llamar a elecciones. Sin embargo, es obligatoria la pregunta, ¿la OEA denunciará a Añez si no se repiten elecciones o Áñez, por ser de la derecha, tiene justificación si se mantiene en el poder para “pacificar” Bolivia?  

Como enuncié, es incierto el futuro de Bolivia, pero estos acontecimientos han vulnerado la democracia de esta nación que empezaba a prosperar. Es necesario limitar el poder de las fuerzas armadas, repensar la participación de las organizaciones internaciones, mínimo de la OEA. Y para terminar, no queda más que esperar que Áñez refuerce la democracia e incluya a los grupos opositores.  

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