03/06/2020


Hay por doquier en la ciudad esculturas de cuerpo completo, bustos, personajes metafóricamente entambados, descabezados y hasta monumentos al basamento, o a un colector de aguas residuales junto a un río.

Entre ellos hay un monumento sui géneris, que como creación tridimensional en el espacio público urbano, pasa a convierte en punto de referencia y en un verdadero hito citadino que resignifica el entorno, soportando una carga histórica como portador de la expresión de valores y deseos colectivos de la sociedad (esto, conforme al concepto genérico de monumento), erigido por aquellos políticos en turno, cuya lectura en la actualidad, nos conduce hacia un lugar fantástico e irónico que expresa la grandilocuencia de la obra pública de esa sociedad pujante que alcazaba a posteriori los beneficios del milagro mexicano en materia de desarrollo social y económico, que iría de los años de 1940 a 1980, con un crecimiento económico y social sostenido que marcó la transformación del país en una nación moderna e industrializada y el surgimiento de nuevos grupos y clase política.

Se trata como se enuncia a la entrada de este texto, del monumento a las aguas residuales, negras, el colector de marginal, concluido en 1990, emplazado sobre la avenida Adolfo López Mateos, al pie del Río San Pedro, en la salida a Calvillo. Esta obra nombra a la ingeniería y a la hidráulica por medio de elementos geométricos como conjunto escultórico, para sobreponerse a la naturaleza con un sentido social que busca la salubridad del entorno para proteger a la sociedad de su propia huella ecológica, ya que a lo largo de la ciudad fue entubado por debajo de su cauce; y, por otro lado, dicha obra sería utilizada con fines de propaganda política para dejar constancia de la eficacia administrativa gubernamental, tal como los arcos del triunfo edificados por los romanos que vitoreaban su supremacía militar y económica ante el mudo; es así que aquí, el arte público es visto de manera pragmática como un agente de prosperidad. 

Que un conjunto escultórico adquiera su dimisión simbólica como monumento que permita glorificar, transmitir valores y enaltecer un pasado para lo que haya sido construido, se logra entre otras, desde el andamiaje del poder político y desde las políticas educativas, pero que un monumento pueda ser puesto en valor, con tal creatividad, desinhibición, extravagancia y tozudez, no sólo pasa en otros lados del país sino también en Aguascalientes, para lo cual además del nuestro, cito como ejemplo sólo uno, el “Monumento al Drenaje” de San Martín Texmelucan en el estado de Puebla.

Ahora bien y en el mismo flujo de ideas, y enmarcado el comentario en el concierto global, cuenta David Alfaro Siqueiros en sus memorias, palabras más palabras menos, que al ir de visita a la casa-taller de Diego Rivera en París, en 1921 aproximadamente, éste le invitó a desayunar unas enormes fresas desabridas diciéndole que las de París eran más nutritivas que las de Irapuato que eran más chicas y dulces, ya que las primeras eran cultivadas con mierda cosmopolita, arguyendo con la misma vehemencia, que el excremento humano era el mejor abono por tener su origen en los desechos corporales de miles de parisinos. 

Por otro lado, el artista italiano conceptual, Piero Manzoni, postulaba que todo lo que saliera de su cuerpo era arte. En dos obras emblemáticas, “Aliento de artista” infló globos con el aire de sus pulmones, y en otra enlató sus heces a la que llamó “Mierda de artista” que es una de sus piezas más celebradas, las cuales etiquetó con la fecha de producción además de firmarlas, escalando este producto como mercancía cantidades estratosféricas de dinero dentro de la burbuja del mercado del arte internacional. 

En este sentido, uno pensaría también en la tesis del artista alemán Joseph Beuys, que reivindica a través de su concepto de escultura social que todo ser humano es un artista tan sólo por eso, lo que daría lugar a que todos quienes vivimos en esta ciudad poseemos esa cualidad y que si sumáramos ambos argumentos, el de Manzoni y el Beuys, tendríamos una obra de arte conceptual monumental en los dos sentidos, tanto por el aspecto de la conmemoración como por lo correspondiente a la escala, a la dimensión física, ya que en estos territorios urbanos habitamos cientos de miles de ciudadanos que estaríamos aportado elementos materiales e inmateriales para la creación de obras en el espacio público emanados de nuestra humanidad.

Por lo anterior nos encontramos hipotéticamente con nuestro monumento a las aguas residuales, negras, que pasaría a militar en la esfera del arte conceptual, el cual Piero Manzoni hubiese firmado como su obra culmen. 

Noviembre de 2019.

 

arteparalelo21@live.com


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