Érase un bloque histórico / Opciones y decisiones - LJA Aguascalientes
08/08/2020


No basta con dejar por sentado que los actores del nuevo gobierno de México, Morena y presidencia de Andrés Manuel López Obrador, ya sean del Poder Legislativo, Judicial o del propio Ejecutivo, actúen divididos a manera de clanes, tribus o camarillas bajo liderazgos subsirvientes distintos; sino que por razones de análisis sociopolitíco con base en una metodología científica, es preciso que observemos su comportamiento como proveniente de un todo, así sea diversificado, plural, matizado o francamente distópico. Y para ello, contamos con el invaluable recurso que la teoría política ha construido bajo la caracterización de “Bloque histórico” o “bloque en el poder”. 

Así lo requiere la lectura de acontecimientos sucesivos, últimamente, desde el operativo de seguridad fallido en Culiacán, Sinaloa, pasando por el doloroso trance del abominable asesinato contra familias de LeBaron en los márgenes de Sonora y Chihuahua, continuando hacia el nefando putsh legislativo para imponer a la nueva titular; Rosario Piedra Ibarra, en la Comisión Nacional de Derechos Humanos; luego en tránsito al conflicto confrontativo policial de los ex policías de la Federal Preventiva (errática denominación gendarmeril) vs. Policías de la CDMX; a los bloqueos y portazos del palacio legislativo de San Lázaro gestado por comunidades agrarias inconformes; al clamor angustiado de padres de familia con hijos diagnosticados con cáncer ante la incertidumbre a causa de la cesación del Seguro Popular y su relevo supuesto por Insabi, Instituto de Salud para el Bienestar, aún en estado de indefinición presupuestaria; al generoso otorgamiento de asilo político –por razones humanitarias- al depuesto presidente Evo Morales de Bolivia, etc. Hechos todos de la reciente escena política mexicana que han de verse bajo la mirada de un todo, ejercido por un mismo y solo bloque en el poder

La importancia de este enfoque analítico radica en su visión integradora, que busca la coherencia de un modelo de gestión en la praxis política de una nación-Estado, independiente, libre y soberana como lo pretende su propio Derecho Positivo, consagrado en Derecho Constitucional, en vigor. Ver las cosas como dispersas, inconexas, desvinculadas entre sí es caer en una visión ingenua, a-histórica, finalmente sin explicación. Por eso nos apremia la urgencia de situarlas bajo la luz de la racionalidad y la búsqueda de sentido. 

Por razones precisamente de método, situemos –seguramente de nueva cuenta, pues ya lo he expuesto en anteriores oportunidades- sus principales elementos constitutivos. 



La primera constatación fundante es atender a que los miembros que arribaron al poder, mediante comicios universales reconocidos constitucionalmente, declaran por sí una pretendida pertenencia de clase y situación real de clase social que fue aglutinada por un partido y/o movimiento político constituido; esta condición los incluye y los inserta en un “bloque histórico” que, a querer o no, ya forman como gobierno electo e instalado toda vez que han jurado protesta como tal, en apego a las previsiones del Derecho Positivo mexicano.

Con el objeto de aclarar o situar epistemológica y axiológicamente este asunto controversial, es oportuno invocar ciertos principios teóricos, éticos y metodológicos, que giran fundamentalmente en torno al análisis de la cultura. (Por cierto, esfera que coexiste con sus otras dos contrapartes: la esfera política y la económica).

1) El primer principio, de tipo noético (del conocimiento) resulta inherente a la dimensión humana. Lo propone

Teilhard de Chardin en su obra “La Activación de la Energía”, 1967: -“Sin que nos demos cuenta, aumenta constantemente un desfase inquietante entre nuestra vida moral y las nuevas condiciones creadas por la marcha del Mundo”, y es el fenómeno de lo humano. Ahí en el medio de la evolución universal, está el hombre; pero inmerso en un mundo de complejidad cada vez mayor de lo social, de lo político, de lo económico.

Expliquémonos, esa naturaleza humana que se concretiza en un solo hombre y una sola mujer ya es de por sí un fenómeno inédito en el Universo cósmico, pero a ello añadámosle el ser humano organizado en una red inmensa de relaciones sociales que fundan sus sistemas de producción y consumo, sus sistemas de organización societal bajo una autoridad suprema que es el Estado y que identificamos como relación política

fundamental. Cuyo núcleo más sensible es: -La urdimbre increíblemente compleja de la cultura con base en la

comunicación simbólica de la Palabra, el sentido, el significado, o simplemente dicho el poder de los símbolos, todo ello hace endiabladamente más compleja la explicación del hombre en este Mundo, entendido como totalidad. (Nota mía: – LJA. Opciones y Decisiones. Intramundanos. Prospectiva, el hombre como eje de una integración superior. Sábado 26 de Marzo, 2011).

En este punto del conocimiento fijamos la compleja relación entre el individuo y la sociedad, entre “lo privado” y “lo público”. Respecto de las que no podemos menospreciar su relación auténticamente dialéctica, es decir, pendular –del uno hacia el otro-; y su exigencia existencial de no creerlos “dicotómicos”, duales, separados. Lo que sería un puro maniqueísmo. Punto. Esta condición es el primer arropamiento de un “bloque en el poder”. 

2) Segundo principio, o axiológico (fundamento en valores universales aceptables). El mero hecho de constituirse en gobierno, positiva y constitucionalmente, es conformarse como un “bloque histórico”. – Así establece la Teoría Política este concepto teórico “el bloque histórico” / o bloque en el poder, que históricamente es acuñado gracias al trabajo precursor de análisis de Antonio Gramsci (1891-1937), concepto que fuera luego retomado por destacados politólogos, y puesto en una admirable síntesis por Hugues Portelli (autor de Gramsci y el bloque histórico. Siglo XXI Editores. Primera Edición en español, 1973). 

3) El tercer criterio o principio metodológico de referencia es la muy equívoca y ambivalente división entre “las derechas” y “las izquierdas” / lo liberal y lo “marxista” o socialista. Discusión teórica que han desmenuzado eminentes politólogos (Escuelas de Turín y Milán) y que, sustraída de la razón histórica, empírica, es decir de la praxis real de quien ejerce el poder solamente abona a la confusión, a las visiones sectarias, al reduccionismo analítico, al punto de carecer de un verdadero criterio de distinción de forma y de fondo que constituye el núcleo fenoménico de la política real. Si esta diferenciación, izquierdas/derechas, se usa de manera instrumental, seguramente crea un maniqueísmo político; si se utiliza como criterio de diferenciación emírica-fenomenologica en cambio, puede servir como recurso válido del método para establecer identidades diferenciadas y bien matizadas. En México, ¿qué/quiénes son las “izquierdas” y qué/quiénes son las “derechas”?  

Consecuencias prácticas de aplicar este concepto metodológico del Bloque Histórico. Pues bien, gracias a esta lectura científica, si aceptamos tal estatuto de las Ciencias Sociales, podemos desmontar de manera sistemática los componentes de esa imagen caótica que ahora nos impacta desde la escena política mexicana, que brevemente acabamos de describir al inicio; para poder entender mejor su dinámica y estructura objetiva, que sin duda está allí detrás del fuego fatuo que nos encandila; y también nos sirve para medir sus alcances sociales y consecuencias. (Ver, nota mía: LJA. Opciones y Decisiones. A pausados sorbos de café. Sábado 07 de Octubre, 2017). 

Primera conclusión analítica: Morena (Movimiento Renovación Nacional) y los “morenistas” constiuyen hoy por hoy un bloque histórico, un bloque en el poder. Con todos sus disensos, estridencia, golpismo institucional,  mayoriteo descarnado y descarado –incluso senatorial-, etc., son el bloque regente, en el poder.  

De acuerdo a este enfoque, todo político en activo del conjunto gobernante, de los tres Poderes y de los tres Niveles u Órdenes de gobierno, queda integrado, quiéralo o no, al bloque en el poder al que pertenece; de manera que su acción o manifestación pública tiene relación directa con el grupo de pertenencia, de manera que no vale pretensión alguna de querer separar “lo público” de “privado”, porque una cosa implica a la otra, y no puede cohabitar en una dualidad artificial de su expresión cultural, entiéndase de los símbolos de poder que ostenta en uno o en otro ámbito. 


Igual criterio es aplicable al líder (llamémosle histórico) –caso del presidente en funciones- respecto de sus alternos o subordinados; todos a una forman ese bloque histórico específico. No vale citar “la responsabilidad de cada quién sobre sus actos”; lo actuado por uno repercute en los demás y viceversa. Por tanto, “exculparse” de las responsabilidades de los otros, no cabe, se es miembro total, a todas luces de todo, en todos; por ello es “bloque”, por ello es “histórico”. Para el caso del “putsh” senatorial que impone una nueva titular de la CNDH, es causa y efecto del único y uno bloque en el poder actuante. El operativo fallido de Culiacán no es responsabilidad de un subdirector de Inteligencia, de un arma del Ejército, de una corporación, es responsabilidad del gabinete de seguridad en sus tramos de liderazgos y, por tanto, del bloque en el poder.  

Al final, – la subvaloración de este carácter orgánico acarrea graves errores políticos”. y la esfera de la cultura o de las relaciones simbólicas de la sociedad que permiten cohesionar el todo social, también llamada la Ideología dominante e ideologías subalternas (clases y subclases alternas), forman un todo. Son orgánicas. A nivel local y nacional, se sigue manteniendo esa ruptura inútil entre “las derechas” y “las izquierdas”, que no es sino una distinción torpe, supina, miope, individualista cuya visión es alentada desde los partidos políticos militantes; mediante la cual se pretende concretar, estableciendo grados de más o de menos, dentro de lo que es un solo y único continuum de las relaciones políticas, sociales y económicas. Un autoengaño que pretende hacer lo diferente de lo que en la realidad histórica y social es lo mismo. 

Debemos evidenciar esa construcción voluntarista que, al final, sólo produce rezagos sociales y retrasos inadmisibles a un futuro de desarrollo esperanzador y deseable para todos. Es tan falaz como los cantos de sirena, que niegan los avances pequeños o grandes que logran unos, pero que luego son pisoteados por los otros. Una falsa dialéctica histórica. Parecen decir: la salvación viene conmigo, el diluvio con ellos. 

franvier2013@gmail.com  

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