Opinión

La 4T y la nueva división política del país / Bravuconadas

De la división política de los Estados Unidos Mexicanos promovida desde la más alta magistratura del país, y, para ser más precisos, desde la palestra que representa el púlpito de las mañaneras que cada día le obsequia el presidente López al país. Sí, a algunos de nosotros nos recordará aquello de “traer un mapa de la República mexicana con división política”, lo que significaba un croquis tamaño carta del país con los límites de los estados. Eso, hace años era lo que comúnmente entendíamos los mexicanos sobre la división política. En los nuevos tiempos, en los tiempos posteriores al morenaje, la división política nacional ha extendido su alcance a otros lares, y la división política ahora se refiere a las formas de pensamiento, a las percepciones sobre las formas, ya no digamos de gobernar, sino de expresar las meras ideas. No juzgamos los contenidos, sino las formas, y con ello determinamos si alguien está conmigo o contra mí, si alguien está con México o contra él.

El presidente López es la figura visible de un proyecto de nación que está definiéndose cada día, haciendo precisiones y nuevas determinaciones de lo que es correcto y lo que no; nada escapa a este ejercicio de “transformación”, la visión generalizada de los mexicanos acerca de su propio país, que se había construido durante poco más de un siglo, está en proceso de redefinición. La historia, la cultura, la educación, la salud, la política, todo está en la mesa de disección. Es llamativa la forma con que el presidente López puede tomar un tema, un asunto, y volverlo norma, nuevo paradigma, nueva verdad, y promover su acomodo en el catálogo de “transformaciones”, de “cambios verdaderos”, sin que desde afuera, desde la sociedad, haya poder humano, ya no digamos legal, que pueda oponerse y corregirlo.

Sin embargo, pienso que le damos demasiado crédito al propio presidente López, debe haber más, (aquí, empero estoy ciertamente especulando), atrás del dueño de las mañaneras, existe un proyecto enarbolado por un grupo de personas, de poderes, de intereses, que animan, que respaldan, que nutren e inflaman a AMLO. El presidente se anima a confrontar directamente a las leyes, a la Constitución, y el país patalea, manotea, se revuelve, pero al final, cede. Esto último lo pudimos observar claramente con el ilegal nombramiento de la titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Rosario Piedra, quién siendo impulsada desde el poder, léase López Obrador, debía llegar al cargo costara lo que costara. El grupo de la nueva mayoría en el Senado de la República, encabezado por los senadores morenistas y pastoreados por Ricardo Monreal, hicieron todo para sacar el tema, conforme a los cánones constitucionales y reglamentarios de la Cámara Alta del Congreso de la Unión, pero, no les dio. La votación implicaba la obtención de 78 votos para ser válida, pero sólo obtuvo 76. Se inició la revuelta legislativa y las maromas del coordinador del grupo parlamentario de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política para salvar el proceso, no lo logró, debió negociar con la oposición la reposición de la votación para calmar el escándalo, que se veía venir. Al final Morena y sus aliados se percataron que de nuevo los números no les iban a favorecer y dejaron la cosa como estaba, y se brincaron la Ley y la Constitución e impusieron a una triste mujer en un cargo que la rebasa en muchos de su perfil personal. Posteriormente, se detectó además que la señora Piedra todavía en el mes de octubre ostentaba el cargo de consejera nacional de su partido, por lo que su candidatura y persona la hacían inelegible, pero, hoy es la ombudsperson en funciones. Así la 4aT.

Junto a estas ilegalidades ventiladas hasta el cansancio en los medios de comunicación, en los corrillos de los partidos políticos, de las Cámaras de Diputados y Senadores, del propio gobierno lopezobradorista, la sistemática demolición de la precaria legalidad nacional, se va haciendo patente, aunque sus alcances aún no son del todo claros, y me temo que no los vamos a percibir, sino hasta cuando sus efectos virulentos sean irreversibles. El poder judicial está en la mira, su autonomía es día a día menor, el proyecto político que asimila independencias, está operando callado, discreto, poderoso, sobre las voluntades de los magistrados. La bandera de la lucha de la corrupción es un recurso político y una herramienta de control y manipuleo de los ánimos personales, Medina Mora sabe de eso con conocimiento de causa. No se combate la corrupción, se usa como instrumento quirúrgico que opera lobotomías judiciales a los magistrados y magistradas para sumarlas al tren de la “transformación” en ciernes.

La economía del país es un factor que incomoda la presidencia de López, es una realidad que no acaba de entender al equipo gobernante. Sí, la realidad económica no cede a los intentos de su reconducción en los márgenes de la economía “moral” que impulsa el jefe del nuevo régimen, y terca sigue empujando los indicadores a la baja, no hay crecimiento, luego no hay desarrollo; los inversionistas extranjeros siguen empecinados en no comprender el capricho de la cancelación del aeropuerto de Texcoco y su sustitución por Santa Lucía. Las calificadoras insisten en verificar los argumentos de petrolizar la economía nacional, de juzgar la viabilidad de “Dos Bocas”, del hecho que a Pemex deban de tenerlo entubado y defendiéndolo de los hackeos a sus sistemas financieros. De que al campo haya que apoyarlo discrecionalmente, sin importar que ello signifique dañar irremediablemente al sector exportador y más productivo del mismo.

Ya no mencionemos la inseguridad pública en la que está entrampado el país, con la parálisis del Estado para afrontar ese flagelo que hoy nos pone en el año más violento de toda nuestra historia, más de 31 mil muertes, peor que en una guerra. Y el gobierno empeñado en seguir navegando sin rumbo, sin estrategia, sin responsabilidad.

 

mario.bravo58@hotmail.com

 

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Mario Bravo

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