La náusea de la democracia / La columna J – LJA Aguascalientes
14/08/2020


Me gustaría tanto abandonarme, olvidarme, dormir. Pero no puedo, me sofoco: la existencia me penetra por todas partes, por los ojos, por la nariz, por la boca. Sartre.

El premio Nobel de economía en 1976, Milton Friedman definía a la corrupción como la intrusión de manera eficiente de un gobierno en el mercado por medio de las reglamentaciones.

Sin embargo, en las condiciones sociales de los países en vías de desarrollo la corrupción resulta un mecanismo de resolución de conflictos plasmados en los antecedentes de regímenes complejos. 

Por medio de la verticalidad, la corrupción era un organigrama de vastas dimensiones que oscilaban de un lado a otro y de arriba hacia abajo y viceversa, era el único modo de funcionar, avanzar o irónicamente pretender un progreso. 



No obstante, con la llegada de la democracia y las distintas expresiones a los puntos de poder, se comenzó a establecer medidas institucionales para remover la comodidad establecida. 

La corrupción bajo los esquemas tecnócratas no es en la definición de si una persona es buena o mala, esto genera la inevitable explosión de la corrupción misma en que la solución se presenta erradicando la funcionalidad orgánica, de manera particular creo son mecanismos propios de los discursos y que son utilizados con la intención de no de erradicar a la corrupción, sino por el contrario, de reafirmar la intención de concentrar el poder. 

Rousseau hacía mención de que las cargas debían de tener equilibrios y proporciones, puesto que si el soberano concentraba todo, de un modo u otro tendría un beneficio directo para con los cercanos.

Por lo tanto si la bondad y la congruencia de la democracia preserva la igualdad en cuanto a derechos y obligaciones. Que finalmente es el reclamo social bajo la esencia de las premisas. 

No obstante, existe una dosis muy peligrosa al detentar esta posibilidad ya que en el justo momento en el que protege la libertad política, se garantiza un grupo que buscara enfrentar a los desequilibrios, es decir la democracia tiende a polarizar en medida de su dinamismo. 

Aquí es muy válido expresar fuera de infatuaciones si el ánimo social no comete errores. En la mayoría de las ocasiones esas respuestas son proporcionadas por el decurso del tiempo y por la digresión de los acontecimientos. 

El concepto de populismo es como un espectro que es utilizado en el preámbulo de la democracia. Es utilizado por los políticos pragmáticos, también por los ilustrados y del mismo modo por cualquier persona que tiene que levantar la voz en contra del sistema y del poder establecido. Tiene una gran similitud en cómo se utilizó el término del comunismo cuando Marx y Engels.

Los líderes narcisistas necesitan recibir poder y admiración, muy característicos de los entornos populistas, difícilmente proporcionan empatía a sus seguidores y a las instituciones que representan, la historia dicta que no todos los políticos y todos los líderes son narcisistas, lo que si dicta la historia, y el comportamiento humanos es que la mayoría de los políticos persiguen el poder y posteriormente lo exhibe.

Únicamente es un enemigo natural del status quo, sin una definición como tal es la línea de grandes discusiones sobre si lo que se vierte como propuesta es real y sobre la viabilidad de su realización. Tiene vicios de manera natural, pero enciende y agita a las masas. Un sentido de aspiración también resulta motivador puesto que está lleno de conceptos atractivos para la gente necesitada de un cambio y de un movimiento que le represente.

El populismo tiene su origen en la pasión y en la ausencia de sentido común. Los políticos modernos que carecen de cualquier sentido ético han promovido mayores ingresos a la nómina burocrática, los populistas han otorgado dinero a los electores por medio de tarjetas de tiendas de conveniencia, han tomada medidas para burocratizar a los estados y endeudarlos con el firme propósito de tener capital disponible para obras palpables a la ciudadanía. Asimismo, expropian ingenios azucareros y aprovechan al sistema para beneficiar a los sindicatos que tanto daño le hacen a la economía en los términos de producción que les refiere. 

En la náusea de la democracia, los electorados y las expresiones políticas abandonan las demandas y las necesidades más latentes a cubrir y optan por atender a la inercia social. Es decir, los políticos optan por las medidas populares, y hacen lo correctamente político, sin atender lo humanamente posible.

Dicha inercia ha perdido la claridad en la visión, es ciega.

In silentio mei verba


 

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