Opinión

La SCJN y la discusión del Derecho al Olvido / Arcana Imperii

Las tecnologías de la información y de la comunicación están rediseñando el mundo, las relaciones personales, sociales, políticas y económicas. Pero esta transformación tiene un precio. […] es justamente la información la que viene a constituir ahora la materia prima más importante y que, dentro de la información, los datos personales son especialmente preciados. […] nuestra propia vida está volviéndose hoy en día un intercambio continuo de informaciones […]

Stefano Rodotà

 

Estimados Amigos Invisibles, como ya les he mencionado en varias columnas, los datos personales es toda información relativa a su persona que le identifican y le hacen identificable. Es la información que nos describe, que nos da identidad, nos caracteriza y diferencia de otros individuos. Los datos personales son necesarios para que una persona pueda convivir en sociedad. A menudo facilitamos nuestros datos personales, por ejemplo: para abrir una cuenta bancaria, para solicitar una tarjeta de crédito, inscribirnos en un curso, solicitar una cita médica, cumplir una obligación fiscal, para participar en una convocatoria para alguna designación, etcétera. Son datos que precisan aspectos relativos a nuestra persona, como pueden ser: nombre, edad, domicilio, correo electrónico personal, trayectoria profesional y laboral, entre otros.

Es importante saber que los datos personales son irrenunciables, intransferibles e indelegables, es decir, que no se pueden vender, ni regalar, únicamente se pueden transmitir o ceder para que sean utilizados en la realización de algún trámite o servicio.

Por otro lado, el concepto Derecho al Olvido puede generar varias preguntas: ¿qué implica que exista un derecho a ser olvidado o a olvidar?, ¿no debería ser un derecho proactivo, es decir, que debería ser algo que se diera sin más?

Hoy en día, más que ayer y probablemente menos que mañana, se derivan acciones y decisiones del tratamiento de la información personal de los individuos, tanto en las redes sociales como en la nube. En sí, ¿qué se quiere decir con la expresión “derecho al olvido”? Arriesgándonos a realizar un símil un tanto complicado, especialmente si se toma en su exactitud, parece que estamos entrando en un apartado que antes se reservaba a las autoridades, cualesquiera que fuera su categoría, en relación con el derecho a tener un expediente “limpio”, por ejemplo, en cuanto a los antecedentes de cualquier tipo (penales, crediticios, académicos). En otras palabras, este derecho es una manifestación concreta y real del derecho fundamental a la protección de datos personales, parece que en su control en tiempo y lugar es en donde se encuentran más dificultades.

El Derecho al Olvido puede ser visto desde una doble perspectiva; por un lado, como un derecho a ser olvidado y, por otro, como un Derecho a Olvidar. Y ambas orientaciones están en cierto modo interrelacionadas, a modo de círculo vicioso, pues parece difícil olvidar si existe la posibilidad fáctica y real de ser recordado en cualquier momento. Así, el derecho a “olvidar” la información personal que pueda ser perjudicial o tenga una connotación negativa para el individuo, de manera que el sujeto tenga la posibilidad de comenzar de nuevo, sin estar atado a un pasado que quiere dejar atrás y, por otro lado, pero estrechamente relacionado, el derecho a ser olvidado, expresado como un derecho de caducidad de la información personal de un individuo por el simple transcurso del tiempo, o bien porque la finalidad para la que se trataba ha dejado de existir.

Recuerda, ¿quién es el titular de los derechos personales?, pues el propio titular de los datos personales, la persona física o individuo dueño de los mismos, es el único que tiene derecho a decidir quién, cómo, dónde, cuándo y para qué se tratan sus datos personales. Y, además, sin olvidar que ya hay quién apunta que el derecho al olvido no debería ser tutelado en relación con la protección de datos, sino con el derecho al honor o a la intimidad, aunque, no obstante, lo que realmente ocurre es un tratamiento de datos personales, a pesar de que ese tratamiento pueda (o no) tener consecuencias o impactos en otros derechos. Y esto, en esencia, es la diferencia entre entender que el derecho a la protección de datos personales tiene una entidad individualizada e independiente, sin necesidad de que existan otros derechos vulnerados.

Le menciono lo anterior, ya que por primera vez en nuestro país la Suprema Corte de Justicia de la Nación discutirá este tema, en particular se trata de un juicio civil entre Google y el empresario Pablo Agustín “M”, quien en el año 2010 fue señalado por el Departamento del Tesoro estadounidense por supuestamente manejar en México algunas de las propiedades del narcotraficante colombiano Pedro Antonio Bermúdez Suaza, alias El Arquitecto. Después de casi dos años de juicios ante cortes estadounidenses, el empresario consiguió que el Departamento del Tesoro borrara su nombre de la lista de extranjeros implicados en operaciones sospechosas, sin embargo, el comunicado donde se le señaló así aún está en el sitio de internet de ese gobierno, y el nombre del señalado aparece en las búsquedas de internet, generalmente asociado con esa acusación que, al final, se desestimó.

El quejoso demandó entonces a Google para que eliminara sus datos personales de su motor de búsqueda, alegando que se violaba la ley en la materia, y para ello señaló como tercero interesado al Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales -INAI-. En primera instancia, el quejoso ganó el juicio, por lo que Google pidió a la SCJN que analizara el caso, lo cual finalmente autorizó.

“El derecho al olvido está fundado sobre instituciones jurídicas previas, como son la prescripción de delitos, la eliminación de antecedentes penales o las amnistías en temas financieros y fiscales. Las normas de protección de datos que plantean los antes mencionados derechos ARCO (Acceso, Rectificación, Cancelación y Oposición) dan la posibilidad al titular de los datos de que su información contenida en bases de datos o, en términos generales, sometida a tratamiento, sea suprimida o cancelada”. (Isabel Davara Fernández de Marcos).

A manera de conclusión, hay quién se cuestiona que en realidad cuando se habla del derecho al olvido no debería entroncarse bajo la protección de la normatividad de datos personales, sino más bien bajo la figura de otros derechos que, si bien pueden ser colindantes y a veces hasta confundibles, son independientes y autónomos. Así, se señala que deberían entrar en juego otras protecciones como las del derecho al honor y a la intimidad, por ejemplo. Asimismo, se han llegado a hacer estudios pronosticando que en el futuro se tendrá que “comprar” la privacidad en Internet, porque será muy costosa de mantener y, por lo tanto, se abrirá un nuevo mercado, y una nueva oportunidad de negocios para los que vean que pueden ganar por venderle a las personas su espacio de privacidad.

Ya sabe, alguien lo tiene que decir. Para no dejar que unos lo hagan y otros lo permitamos.

 

politologouaa@gmail.com | @chazito14

 

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Salvador Vázquez

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