Opinión

Los cuentos son fugas de la imaginación

  • Entrevista a Lorea Canales acerca de Mínimas despedidas 
  • Un viaje que representa entender y entenderse en un entorno en el que, en muchas ocasiones, las formas de “ser” la vida ya se encuentran prescritas, preestablecidas 

 

 

¿Qué significan las despedidas? ¿De qué nos despedimos cuándo lo hacemos? ¿De nosotros mismos o de los otros? Éstas son algunas de las muchas preguntas que puede generar en el lector el más reciente libro de la escritora mexicana Lorea Canales (Monterrey), titulado Mínimas despedidas, que fue publicado recientemente por la editorial Dharma Books y que está prologado por el escritor Fabio Morábito e ilustrado por Alejandro Magallanes.

Un libro de que reúne trece cuentos en donde la autora hace un periplo hacia el pasado, buscando encontrar pistas para entender qué nos hace ser o pertenecer a un determinado lugar. ¿Qué somos cuando nos despedimos? Sería una de las preguntas que giran, que se desmenuzan a lo largo del libro de Canales. ¿Qué nos da identidad como seres humanos? Pasado e identidad se cruzan en los cuentos de Canales, que son protagonizados por mujeres jóvenes, de distintos estratos sociales de la ciudad regia, que están en busca de su conformación como seres independientes, individuales. Pero estos cuentos también encontraremos, por lo tanto, con expresiones, con rasgos de la presión social ejercida durante generaciones hacia las mujeres, tanto por la familia, el entorno social, escolar, que busca definir los gustos, las preocupaciones, las formas de ser.

Mínimas despedidas es un libro que explora también las formas que las protagonistas encuentran para lidiar con esa presión, la formas en que buscan liberarse de un entorno para poder encontrarse consigo mismas. Un viaje que representa entender y entenderse en un entorno en el que, en muchas ocasiones, las formas de “ser” la vida ya se encuentran prescritas, preestablecidas. Cómo lidiar con esas presiones, cómo no perder la identidad, es otra de las varias preguntas que flotan en este libro de cuentos. 

Al respecto, Fabio Morábito escribe en el prólogo de Mínimas Despedidas: “La escritura de Lorea Canales tiene una voz peculiar: como hecha sobre las rodillas, fingidamente descuidada, pero pletórica de sustancia, sin adornos ni alardes. Es como si en cada historia se colocara en el centro una nebulosa y no tuviera tiempo de abarcar toda la extensión, dejando lector la sensación agridulce de haber atrapado sólo una mínima parte de un todo más vasto. Esto, creo, es escribir modernamente”. Justo como nos dice Morábito, entrar al universo literario creado por Canales es conectar, es reconocer un territorio que todos conocemos: nuestra ciudad natal (Monterrey en el caso de la autora), el final de la juventud, ese momento en el que todos nos empezamos a despedir de la inocencia, de la irresponsabilidad y empezamos a crecer, a madurar, a adquirir responsabilidades, a hacernos hombres y mujeres frente a la mirada de la familia. 

Sin embargo, ese universo en el que todos nos podemos encontrar, reconocer, también guarda en su núcleo una sensación de nostalgia, de tristeza que no podemos asir del todo. Y es ahí en donde las preguntas se nos pueden acumular. ¿Qué pasó con ése que fuimos? ¿Qué pasó con nuestra inocencia, con esa rebeldía que quería romperlo todo? ¿A dónde se fue? Preguntas que, al final de cuentas, todos nos hemos hecho, de una u otra manera. Y cuyas respuestas pueden aún doler, tener ciertas heridas que siguen abiertas. 

Pero en el libro de Canales también nos encontramos con el escenario en el que se desarrollan la mayoría de los cuentos: la ciudad de Monterrey, como una protagonista que se desvanece, que se pierde. Una ciudad que seguramente ya no existe. Una ciudad en la que muchos de los recuerdos de la autora están presentes, a pesar de que los lugares, las referencias, seguramente han cambiado. Porque también es cierto que a lo largo de la vida también perdemos los lazos que nos conectan con la geografía de nuestro lugar. Y que al final, ese lugar es sólo nuestro porque termina atrapado en nuestra memoria, en nuestros recuerdos. 

Lorea Canales es autora de las novelas Apenas Marta (2011) y Los Perros (2013), que fueron consideradas por el periódico Reforma en su lista de mejores libros publicados en México en esos años. Apenas Marta fue traducida al inglés y publicada por Amazon Crossing en 2016 y ganó el Premio International Latino Fiction Award. Es abogada y periodista y tiene una maestría por la Universidad de Georgetown y una maestría en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York y sobre los cuentos que conforman Mínimas Despedidas nos comentó en entrevista: “Los cuentos son fugas de la imaginación, están ahí pero cuesta atraparlos. A veces son como moscas que distraen y hasta que no las encierras en la página no dejan de molestarte. El ejercicio es muy distinto por la brevedad del género, tienen que estar muy cuidados, así que hay un gran trabajo de reescritura. En la novela también, claro, pero son distintas dimensiones”.

Javier Moro Hernández (JMH): Mínimas despedidas, que en realidad son mucho más importantes, son despedidas que les permiten a las protagonistas reiniciar su vida. ¿Qué significan para ti las despedidas? 

Lorea Canales (LC): Soy muy apegada, me cuesta trabajo despedirme, desprenderme, no me gustan las despedidas de ningún tipo. A veces con los amigos prefiero hacer como si nada, como si nos volveremos a ver el día siguiente. En mi vida trato de mantener todos los lazos posibles, como un racimo enorme de globos, pero a veces, inevitablemente unos listones se zafan y hay que decir adiós. 

JMH: Otro de los temas que podemos encontrar en Mínimas despedidas es la reflexión que hacen varias de las protagonistas con respecto a su vida anterior. Una vida de la cual están a punto de despedirse, una vida que podríamos decir, era regida por una visión muy rígida sobre el papel que tenían que desarrollar en la vida pública y privada. 

LC: En algún momento de la escritura me di cuenta que México había cambiado, que cuando yo crecí en los 90 había una serie de códigos muy establecidos, y mi generación los fue rompiendo. Coincidió con una apertura política y tecnológica, con México viendo más al extranjero. En ese tiempo, Monterrey, por ejemplo, estaba lleno de antenas parabólicas. The Cure vino a dar un concierto. Empezaron los celulares a ser accesibles. Todo cambió.

JMH: Quería preguntarte sobre Monterrey como escenario de algunos de los cuentos que componen este libro. ¿Qué representa para Monterrey para tus personajes? 

LC: Yo crecí ahí, estudié en el Tecnológico de Monterrey, vi el Cerro de la Silla todos los días -no había contaminación-, escuché las chicharras, me nutrí de ese calor. Después, a los veintiún años, me fui a vivir fuera y ya nunca regresé, entonces Monterrey quedó congelado en el tiempo. Mientras los que viven ahí lo vieron crecer y transformarse, yo me quedé solo con recuerdos.

JMH: En tu libro nos encontramos con un momento en el que las protagonistas se despiden de su juventud y de cierta visión del mundo. ¿Qué representa despedirse de la juventud y de una cierta seguridad en el mundo? 

LC: A las mujeres nos venden la idea de que si somos buenas vamos a estar seguras y bien cuidadas. Si seguimos las reglas del patriarcado, estaremos protegidas por el patriarcado. Pero rara vez resulta así, la realidad tiene violencia doméstica, engaño, abandono, traición. Es un despertar darse cuenta que canjeamos nuestra libertad por un engaño. 

JMH: Hay una mirada que revisa las normas y el entorno social en el cual crecieron las protagonistas. Una revisión que me parece un elemento muy interesante. Una revisión que no necesariamente es una crítica acendrada, pero que nos permite entrar a su entorno, conocer de dónde vienen siempre a partir de la mirada de estas mujeres. 

LC: Hay un aspecto íntimo y doméstico en estos cuentos, son los espacios naturales de la mujer, la alcoba, la cocina, había que entrar adentro de la casa y de los personajes. Normalmente todo lo que vemos son muros y sonrisas falsas, había que entrar en la intimidad de las mujeres. Por ahí se dice que la literatura muestra lo que no se puede ver a simple vista, y eso es lo que intenté hacer.

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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