Opinión

Programa francés en el segundo concierto de temporada/ Orquesta Sinfónica de Aguascalientes

Tenemos el arte para liberarnos del caos, afuera vivimos la otra realidad, la cotidiana que nos lastima, esa a la que le tememos y que sin embargo tenemos que enfrentar irremediablemente como algo a lo que tenemos que acostumbrarnos porque la solución no se ve posible, pero adentro, ahí en el recinto de lo sagrado -citando a Led Zeppelin- adentro, en la sala de conciertos reina la paz, el equilibrio, el amor fluye de la manos de las notas musicales, la música lo envuelve todo, nos envuelve a nosotros y eso es suficiente, entendemos, sin embargo, que sí se puede, que hay solución y la educación, la cultura, el arte son elementos indispensables para la tan anhelada solución. La sala de conciertos se convierte en el más seguro refugio del absurdo -y no me estoy refiriendo a Albert Camus que lastima cruelmente nuestra vida cotidiana.

En todo eso pensaba mientras escuchaba a nuestra orquesta, la Sinfónica de Aguascalientes en su segundo concierto de temporada compuesto por un programa deliciosamente francés.

En la primera parte disfrutamos de dos obras cortas pero de enorme contenido, inmensas en su lenguaje, la Petit Suite o la Pequeña Suite de Claude Debussy, digno representante del impresionismo francés y después la Suite, Pelleas et Mellisande Op.80 de Gabriel Fauré. Después del intermedio disfrutamos de la Sinfonía en re menor de Cesar Frank, compositor de Bélgica pero incrustado con toda puntualidad en la más estricta tradición de la música francesa, independientemente de que Frank adquiriera la nacionalidad francesa. El director de este segundo concierto fue el titular de la OSA, el maestro José Areán.



Como sucede cada vez que el maestro Areán dirige el concierto, antes de iniciar nos ofreció una breve pero sustanciosa charla con el fin de tener una guía que nos ayude a disfrutar más de la audición.

En este caso no hubo un solista, pero el protagonismo de la orquesta es incuestionable, en el caso de Debussy, lejos del carácter lúgubre, nostálgico que le es característico, aquí encontramos mucha luz en su Pequeña Suite, un discurso musical que prácticamente es un murmullo en el oído, palabras dulces susurradas con delicadeza, de hecho, todo el repertorio seleccionado por el maestro Areán resultó de muy fácil digestión, música sensiblemente aromática, como debe ser la música francesa y como puntualmente lo señalaba el maestro Areán en su plática introductoria.

La Suite Pelleas et Mellsiande Op.80 de Fauré tiene todos los rasgos del poema sinfónico por su apetecible perfil descriptivo, la música es sumamente gráfica, explícita para platicarnos con precisos argumentos musicales la obra literaria de Maurice de Maetrelinck, quizás no se trate de la obra más conocida ni la más interpretada de Fauré, pero su belleza es incuestionable y sobre todo convincente resultó el tratamiento que de esta partitura hizo el maestro Areán, porque no se trata únicamente de leer la partitura, sino de lograr una interpretación que, por supuesto, no es cualquier cosa. No temo al error al afirmar que con el maestro Areán, la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes ha encontrado un excelente guía, una batuta que ha sabido sacar lo mejor de nuestra máxima entidad musical, la comunicación entre orquesta y director resulta evidente y de esa comunión surge el acercamiento con el auditorio que por supuesto se ha logrado maravillosamente.

Después del intermedio el concierto terminó con una obra de gran formato y de una grandeza que resulta evidente desde los primeros compases, la única sinfonía compuesta por el organista Cesar Frank. La Sinfonía en re menor se estrenó en 1889, apenas un año antes de la muerte del compositor y es una de las sinfonías que con mayor fidelidad representan el lenguaje sinfónico de Francia, menos abundante que el alemán o el austriaco, que en términos musicales resulta lo mismo .

Se trata de una obra de carácter cíclico, el motivo principal con el que inicia la obra es citado al final de la misma, un motivo musical fácilmente identificable y muy amable al oído. Definitivamente música de muy fácil digestión, no exactamente ligera, sería un atrevimiento imperdonable calificarla de ligera, al menos no en el sentido de ser música sin mucho contenido, su peso específico está ahí, a flor de piel, simplemente es música que no obstante su complejidad técnica y su abundancia temática, es muy generosa con el oído, es música fácil de escuchar, incluso el neófito no acostumbrado a frecuentar los encantos de la gran música de concierto deberá sentirse fascinado por el fascinante discurso musical, claro, todo esto llevado con solvencia y maestría, con un total y absoluto dominio de la partitura por parte del maestro Areán.

Para la próxima semana, en el tercer concierto de temporada, escucharemos un programa compuesto por Ifigenia en Áuride de Christoph Willibald Gluck, la Suite No.1 en do mayor BWV 1066 de Johan Sebastian Bach y de Wolfgang Amadeus Mozart, la última de sus sinfonías, la 41 K.551 conocida con el nombre de Júpiter. Nos vemos, si Dios no dispone lo contrario, el próximo viernes 15 de noviembre a las 20:00 horas en la casa de la Sinfónica, el Teatro Aguascalientes.

 

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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