Cartas a un joven político/ La columna J – LJA Aguascalientes
27/09/2020


“Nuestro lugar en la historia corresponde a tener la voluntad de sembrar la semilla de la esperanza”.

La política tiene diversas definiciones, evidentemente cada una de ellas estriba desde la perspectiva de quien la ejerce. De manera natural y consecuente, la política se ha tergiversado en la opinión pública, son muchos más los políticos que han dejado mucho que desear que los políticos que han hecho loable la existencia para quienes tienen vocación. Se debe considerar con una herencia bendita toda literatura que está encaminada a poder enarbolar la responsabilidad de un actor público y su compromiso social.

El maestro Juan José Rodríguez Prats deja un legado al escribir Cartas a un joven político, y me refiero a él como un maestro, porque sin duda alguna, alguien que se rige por las ideas y bajo cierta doctrina tiene la facultad de poder enseñar, también de poner el ejemplo. Él es un ejemplo en un medio que ha sido contaminado por los intereses banales y estoicos del pragmatismo político.

Es una realidad que nuestra patria necesita de hombres y mujeres que le hagan ver un panorama de esperanza en lugar de la caótica “realidad” con la que siempre ostentamos el andar de nuestro país, la patria es un legado para todos, las ideas y los valores del alma residen en la ontología de nuestras acciones. Nuestro país debe ser la bendición y la alegría de todos, es complicado ser bueno, sin embargo, ante nuestro contexto, es menester ser héroes de nosotros mismos.

Cuando el autor hace referencia a que los principios son necesarios pero no suficientes, se deja un precedente sobre el pequeño lapso de tiempo que estamos en esta vida, y que las obras políticas, aquellas que están cimentadas por una ideología, tardan bastantes años para que puedan erigirse, es como una semilla de bambú, hay que tener fe para ver la majestuosa obra que traerá consigo esa acción. Todos los intentos son riesgos en política, pero es precisamente sus decisiones las que lo definen. Un ejemplo de una decisión fue la vida de Gandhi, él decidió ganar la victoria con la paz, pero también con la congruencia. Sin importar la circunstancia los jóvenes deben de entender que elegir es renunciar, pero cada decisión nos convierte en leones o en corderos. Los principios son fundamentales en la política, como bien expresaría Juárez: “Los hombres no son nada, los principios lo son todo”.

Los partidos políticos y las ideologías van modificándose, y en la tesitura de un mundo globalizado que avanza en cuestiones tecnológicas, pero retrocede en los sentidos más inefables de pertenencia. los cuales hacen referencia a los ciudadanos del mundo. La situación es compleja, sin embargo, la ideología es algo por encima de las personas, por eso siempre se debe de perseguir al ideal. Quien tenga fe en sus ideales y esperanza en realizarlos, llevará un camino guiado por la brújula de la conciencia, no importa el ideal que se siga, siempre y cuando tenga el respeto y la tolerancia por lo que alguien más piensa. “Las balas pueden matar a los hombres, pero no a los ideales”, Raymond Aron escribió: “Las ideologías son interpretaciones que esperan el juicio del tiempo”.

Dentro de la vida política de cada persona que decide participar en este medio, existen diversos caminos que se pueden tomar, la parte técnica y de organización, la parte de negociación y operación, la oratoria y el debate. Al igual que el maestro Prats, considero que la oratoria y el debate son puente para poner a la elocuencia al servicio de algo, el orador y el retórico conllevan una elevada dosis de congruencia y del mismo modo de convicción. La oratoria siempre es un camino loable al constructivismo, sin embargo hay algo que advertir tal y como dijo Mario Vargas Llosa: “Necesitamos que la lengua política deje de ser una lengua de clichés, de lugares comunes, y pase a ser una lengua que exprese aquello que el común de los mortales no está en condiciones de expresar”.

Para las personas que han abandonado la bendición de la juventud, y para los que estamos a punto de dejarla, es momento de pensar en algo más elevado que nuestra propia existencia, es momento de dar a la patria esperanza presente, y de dignificar a la política. Ser ejemplo para las próximas generaciones, para esos jóvenes que tendrán más tiempo para darle honor y valía a nuestra tierra, tal y como lo expresaba Zapata: “La tierra es de quien la trabaja”. Si no somos nosotros, entonces quién, que estas palabras no sean letra muerta, que sean inspiración y voluntad.

“Cuando se acerca lo inevitable, surge lo inesperado”, Fernando Cardoso.

 

In silentio mei verba

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