Circunstancia política 2019 / La columna J – LJA Aguascalientes
22/09/2020


La política llevará siempre las marcas fastidiosas de la fuerza, el azar y el conflicto, tercos aguafiestas de la perfección.

Jesús Silva Herzog- Márquez.

La historia ha manifestado una y otra vez distintas aristas de cómo el poder es cíclico, y como de un modo u otro no se crea ni se destruye, únicamente se transfiere y se arrebata a quienes lo detentan. Las independencias tuvieron la coincidencia de hace doscientos años, el mundo vivía una separación enarbolada por la libertad y las ínfulas de conquista poco a poco quedaron disminuidas a presencias necesarias y ligeramente diplomáticas. En el caso de América fue verdaderamente palpable, de manera sincronizada en el lapso de una década Colombia, México, Chile, Uruguay, Paraguay, Perú y Brasil lograron alcanzar su independencia. Cada nación con sus características, pero con la coincidencia del tiempo. Francisco de Miranda, Simón Bolívar y San Martín extendían un discurso de libertad e igualdad.

Max Weber explicaba de manera puntual y consistente que los seres humanos imitamos las conductas que en determinado momento pueden identificarse bajo los mismos intereses y necesidades, de tal modo, que la ideas de independencia llevaban a la tesitura a un nuevo preámbulo de organización e interacción política.

El tiempo pasa y nunca se detiene, arrastra y también guarda en la memoria, lo que tarde o temprano se hace historia. Después de las independencias, las naciones tenían que establecer un orden que les permitiera llevar de una manera ordenada y generosa las riendas del país, del mismo modo, que el poder político se distribuyera de manera equilibrada, particularmente este último elemento refiere un reto casi inalcanzable.

“Cuando la tiranía es ley, la revolución es orden”.

Al no encontrar ese equilibrio, el cual siempre es destituido por la ambición disfrazada del bien común, los países se convulsionaron internamente, existió opresión y asimismo protestas entre las masas, el pueblo clamaba un cambio de régimen, la situación era insostenible, y entonces casi cien años después se empezaron a desatar las revoluciones, desde Francisco I. Madero hasta León Trotsky, del mismo modo cada movimiento tenía sus particularidades, pero el mundo vivía la antesala de las guerras mundiales. Es el eterno retorno de Nietzsche.

Algo comenzó a suceder en las últimas décadas, a lo largo y ancho del mundo, y no precisamente originado en los protocolos de Sao Paulo, y es que los partidos políticos, la clase política comenzó a sufrir un desgaste en cuanto a credibilidad se refiere, esto ha desbocado una serie de liderazgos que han ejercido una dirección populista ante un electorado cansado y escéptico, sin embargo, han ocurrido severos daños a los sistemas de gobiernos, ya no es una cuestión ideológica, es una cuestión de pragmatismo con el único fin de seguir detentando el poder. 

Pero ante un mundo interconectado y una sociedad que ya no permite el atropello de lo esencial comienza a tener una dinamismo distinto, las protestas multitudinarias del pasado mes de octubre en Chile sorprenden a muchos, ya que este país andino es considerado como un ejemplo en materia económica, las manifestaciones ocurridas son el reflejo de una sociedad agraviada que exige a su gobierno pensiones justas. En Colombia su población, en especial la clase trabajadora, exige a su gobierno de manera urgente una reforma laboral, en Ecuador existe un enfado latente por parte de los sindicatos, indígenas y estudiantes debido al nuevo plan de austeridad implementado por su presidente Lenin Moreno.

En España se logra apreciar una crisis política en donde ni izquierda ni derecha logran una funcionalidad política, Bolivia acaba de ser el antecedente de que una sociedad no va a permitir que se violen las reglas electorales; por su parte, Argentina en los últimos años ha vivido crisis financieras y sociales, en donde la gente exige y reprime a la clase política. Ejemplos existen en demasía, es más que evidente que algo está pasando en este mundo en el que la tecnología y los medios de interacción hacen más a la realidad. El efecto dominó o contagio social ha estado ya presente en otras regiones del mundo. Hace una década aproximadamente se desencadenó la “primavera Árabe”. Existen diversas verdades, pero una sola realidad, sujeta a la retórica.

México no es la excepción o un caso aislado, el primero de diciembre en todos los estados del país, en distintas proporciones hubo marchas en contra de AMLO, la gente manifestó su hartazgo ante un gobierno que ha dejado mucho que desear. Se vislumbran bríos de cambio, sólo aquellas sociedades que desconocen su historia, están condenadas a repetirla.

In silentio mei verba

 

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