¿Cómo construimos paz?/ Matices  – LJA Aguascalientes
23/09/2020


El día de mañana aspiraremos a la paz, algo tan intangible, tan lejano y tan anhelado. En la mayoría de las religiones, la paz es el deseo más proliferado. Es eso un mensaje sobre los males que aquejan a la humanidad. En algunos textos este año se identificó a la ansiedad como el mal de nuestra generación, Baumann lo decía muy bien: la sociedad líquida, aquella que no pone atención ni interés a las cosas sustanciales sino a las líquidas y que al ser líquidas son efímeras, un poco rebeldes, sin orden. 

En ese sentido, sostengo que no están errados quienes afirman que las cosas deben ubicarse en una justa dimensión; es decir, la dimensión que debe ser, la dimensión que le corresponde, así podemos tener algunas bases para construir paz, por ejemplo a un conflicto con mis vecinos, ¿cuál es la dimensión que debemos darle a que haya tirado la basura en el lado de mi banqueta?, cada quién puede darle la dimensión que considera según su estado de ánimo, su día, su humor, su situación personal, sin embargo, la acción debe tener una justa dimensión; si es una falta de educación, y se puede solucionar dialogando, no es motivo para romper la armonía de paz con mi vecino. Hay otras cosas que su dimensión es mayor, más relevante, más importante que sobrepasa los límites de la afectación del otro, ante eso la dimensión que corresponde con sus respectiva solución; uno de los errores de la humanidad, quizá es que sobre dimensionamos las circunstancias y las acciones. En la vida social y las relaciones humanas eso es una de las complicaciones más grandes y uno de los obstáculos para construir paz. 

Durante los últimos meses del año reflexioné una serie de circunstancias, llegando a la conclusión que otro problema muy grande en el camino de la construcción de paz es la falta de empatía. En primer lugar, entre pobres y ricos, la brecha de desigualdad en este país es gigantesca, sin embargo, la falta de empatía nos ha llevado a hacer análisis someros e injustos sobre ella, desde el más falso argumento “uno es pobre porque quiere”, sin considerar los múltiples estudios, por ejemplo de Oxfam México, donde se ha demostrado que la raza, el color de piel, el lugar de nacimiento, entre otros factores marcan una radical diferencia al momento del desarrollo persona; ante eso, escuché a un empresario jalisciense que admiro: a nosotros nos ha faltado hacer más por disminuir la brecha de desigualdad. Me parece que esa autocrítica es el primer paso para la empatía: el camino es el que hay que construir. Si la clase empresarial, política, de medios de comunicación, periodística y educativa no asumen esa actitud de empatía es muy difícil construir la paz.

En segundo lugar, hacia las mujeres; fue un año con muchos sucesos polémicos alrededor del feminismo y posturas encontradas, ante eso las de falta de empatía son las que tenemos que evidenciar, por ejemplo, un hombre que afirma que se mueren más hombres que mujeres no está mintiendo pero evidentemente está siendo poco empático con los asesinatos de mujeres por ser mujeres o negándose a reconocer que hay una brecha de injusticia entre los salarios de hombres y los salarios de las mujeres, o señalar que el daño a monumentos no es un correcto camino para protestar por el asesinato de tu hija pero cantar una canción sí. El gran obstáculo para construir paz entre hombres y mujeres, entre feministas y quienes no lo son es la empatía; ponerse en el lugar de las mujeres acosadas, violadas, asesinadas y de sus familias; para ello recomiendo la activación Vida sin Acoso, donde a través de la realidad virtual los hombres se ponen en la vida de una mujer y todas las situaciones de acoso en la vida cotidiana, he visto de cerca reacciones y es impresionante como hombres lloran por lo que recuerdan que alguna vez les contaba su pareja y no creían u otros que inmediatamente le pidieron perdón a una compañera o a su misma pareja por no escuchar: la empatía debe llevarnos a un camino de paz. 

Por último, con el video de #LordCafé y la situación del ITAM me surge una idea que es para trabajar durante toda la vida y para múltiples tesis doctorales: nuestra sociedad ha minimizado el problema de la salud mental; es evidente que en ambos casos estamos hablando de una ausencia de la misma, y hay muchos que minimizan las polémicas afirmando, entre otras cosas que lo que pasa es que es una generación de cristal; en lugar de ir a la empatía, somos incapaces de comprender que una joven cometió un error y chocó nuestro automóvil de lujo y llegamos al extremo de lanzar nuestro café caliente sin ningún filtro, por ausencia de salud mental o ignorar un problema como la depresión y el suicidio a cambio de ridiculizar la discusión y llevarlo al límite de la generación de cristal. No hay empatía y para trabajarla debemos trabajar nuestra inteligencia emocional, algo que también debe ponerse al centro de la discusión de la vida social. 

La empatía es una de las actitudes humanas más necesarias y ausentes en la sociedad, es quizá la causa más grande del conflicto, a partir de la falta de empatía surgen los problemas familiares, no sabemos por qué ese o esa familiar hizo o dijo lo que hizo, no dimensionamos la acción y preferimos el conflicto o la evasión. En nuestra vida comunitaria igual, no sabemos por qué nuestro vecino no puede controlar a su perro y preferimos el conflicto; en la vida social sobre el feminismo, la desigualdad, la pobreza, la riqueza o la salud mental, preferimos aludir a la debilidad de las personas y evadir la empatía, para alimentar así el permanente conflicto contra feministas, pobres, negros, jóvenes, mujeres o débiles mentales. Aquí al menos un consejo: trabajamos la empatía y nuestra inteligencia emocional para construir la anhelada y deseada paz. Ojalá estas fiestas sean una buena oportunidad para ello. 

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