Opinión

Derechos Humanos ¿felicidades en su día? / Sobre hombros de gigantes

En otras ocasiones hemos definido qué son los derechos humanos, pero más que preocuparnos por dar un concepto, debemos verificar que en la realidad se otorgan a las personas los mecanismos indispensables para satisfacer sus necesidades, derivadas de su dignidad, para lograr  su desarrollo integral. 

Hablar de derechos humanos, es hablar de criterios de legitimidad política (Donnelly), en la medida que se protejan realmente. Lo que observamos en la realidad respecto del trato al ser humano, representa una visión moral particular de una sociedad y su actividad política. En este sentido, si sólo encontramos discursos de protección, pero no actividades efectivas que los protejan y provoquen su desarrollo, tenemos frente a nosotros a una sociedad a la cual no le importa el carácter de “seres humanos” de sus integrantes.

Los derechos humanos no son criterios de ilegalidad ni protegen a quienes afectan a otros sin justificación; por el contrario, son criterios de legitimación para poder afectar los derechos de quien agrede a la sociedad; por lo cual es discurso mentiroso que se diga que sirven para entorpecer actividades y proteger a los que agreden; ese discurso sólo evidencia que no se quieren tener mecanismos de protección para el ser humano.

Los derechos humanos son para todos, buscan esa satisfacción de necesidades para lograr una mejor sociedad; pero si nos vamos con la distracción del discurso que los deslegitima al alegar que son obstáculos para sancionar, compraremos la idea de que el problema se debe resolver hasta que lo tengo encima, y no nos daremos cuenta que el conflicto se resuelve en su origen, en sus causas, con la satisfacción de necesidades como la alimentación, la educación, la salud, el trabajo, la vivienda, que son derechos humanos dejados en el olvido, para sustituirlos por el discurso de que los derechos humanos sólo son para cuestiones de detenciones o delitos.

Y para muestra un botón: en vísperas del día internacional de los derechos humanos, los discursos antiterrorismo basados en tiroteos domésticos en Estados Unidos y en la violencia que se vive en México, revivieron los discursos de políticas públicas basadas en el miedo y la limitación de los de derechos

Ante la reiteración de tiroteos domésticos con víctimas mortales, a los cuales se agregan los últimos acontecimientos en México donde personas con ciudadanía estadounidense fueron víctimas de la violencia, se han difundido discursos para “impedir” nuevos ataques sustentados en mantener la seguridad en un esquema basado en el equilibrio de la “seguridad física básica y una sociedad libre”. Con esto podemos imaginar hacia dónde sigue caminando el mundo de las libertades, y cualquier parecido con “la seguridad del Estado por encima de la seguridad del individuo” del Estado monárquico o fascista, es mera coincidencia.

El ser humano teme a lo que no conoce, y ante el discurso de la existencia de un enemigo dañino, se restringen los derechos, y resulta mejor no salir del domicilio para evitar alguna afectación. Influenciar implica ejercer poder; determinar conductas a ciertos fines, y quien logra influenciar, mantiene poder. Hay muchas formas de influenciar, y una de las más efectivas es a través del miedo. Si provocas miedo a una persona, lograrás que disminuyan sus procesos de razonamiento y responderá emocionalmente, pues lo único que busca es que la situación de miedo desaparezca. El miedo es el más peligroso de los sentimientos colectivos, según André Maurois; está siempre dispuesto a ver las cosas peores de lo que son, de acuerdo a Tito Livio, y puede llevar a los hombres a cualquier extremo, como lo afirmó George Bernard Shaw.

En otra ocasión escribí que Al Gore, en su libro El ataque contra la razón, habla de una estrategia gubernamental llamada “política del miedo”, que consiste en la creación de escenarios que provoquen miedo con fines e intereses muy propios de las autoridades; afirma que a veces la razón disipa el miedo, pero el miedo anula con más frecuencia la razón. Por otro lado, Naomi Klein, en su texto La doctrina del shock, expone cómo los desastres o tragedias sociales son empleadas para superar obstáculos que en situaciones normales no podrían evadirse (como crear leyes que restrinjan derechos para hacer frente a esos eventos). 

Ahora bien, los recientes acontecimientos que pretenden catalogarse de terrorismo internacional o doméstico, son hechos que repudio profundamente, pues ningún acto, necesidad o expresión, justifica afectar violenta y cruelmente a seres humanos. Lo que tenemos hoy es producto de una sociedad que no es fraterna ni solidaria, mucho menos humana. Pero el problema aumenta cuando se aprovecha el conflicto para emitir un discurso de poder, e incrementar su capacidad de control y sometimiento de la población, sin resolver realmente el problema de fondo. Los ataques se toman como oportunidad para provocar peticiones de reacción contra el problema, y producir acciones para garantizar la seguridad pública, mas no del individuo.

¿La violación de derechos humanos se combate con más violación de derechos humanos? Cierto es que la población llega a sentirse insegura y tener miedo; pero dudo cuando se aprovecha un evento para incrementar la mano dura (problema-reacción-solución): normas que justifiquen un estado intervencionista y policial, mayores facultades represoras del Estado, y disminución de derechos de los seres humanos; pues el sistema no se dirige sólo a “delincuentes”, ya que el ciudadano común es el más sometido a esas políticas.

Entonces, si vamos a hablar de derechos humanos, hay que hacerlo con acciones como aumentos de salarios, incremento de educación de calidad, entregas de viviendas realmente dignas, servicios de salud adecuados, formación cultural, social y política honesta, eliminar el despilfarro de los recursos, acabar con el rechazo y la discriminación; tratar dignamente a todos, y sancionando proporcional y racionalmente a los que, una vez que previamente pasen por estos procesos de satisfacción digna de necesidades, agreden a otro ser humano sin justificación.

El problema de los derechos humanos no es sólo justificarlos, sino también protegerlos; es decir, es un problema político que refleja que tan represiva o libertadora es una sociedad; y con elementos encañonándonos en las calles, no se ve un panorama muy alentador. Olvidar implica repetir, y lo que ocurre ahora no es algo nuevo, basta echar una mirada a la historia para detectar el reinicio del ciclo. A final de cuentas, lo objetivo no es lo que vemos, sino lo que percibimos de acuerdo a nuestro filtro de observación.

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José Luis Eloy Morales Brand

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