Opinión

El acabóse de los falsos guerrosos / A lomo de palabra

–Ayer nada más, una carretera… fue bloqueada

por criminales uniformados. ¿Eran falsos policías?

¿O eran sólo policías reales dedicados al crimen?

Lo que pasó en esa carretera pasa en todas partes.

Carlos Fuentes, La voluntad y la fortuna (2008).

 

El arresto de Genaro García Luna dinamitó las ruinas del calderonismo. ¿Por qué? Porque lo único que todavía conglomeraba la broza de ese grupo político -que tuvo alianza y continuidad con el peñismo: el último secretario de Hacienda de Calderón fue el candidato a la Presidencia de Peña Nieto-, más allá de la ambición ordinaria y de la pejefobia pura y dura, era el segurismo -la misma doctrina con el que, fraudulentamente, el propio Calderón pretendió legitimarse-, y con la detención de quien fuera el secretario de Seguridad Pública durante el sexenio de Felipe Calderón quedó evidenciado que la pésimamente llamada “guerra contra el narco” no sólo resultó fallida y ha costado cientos de miles de muertes y una profunda descomposición del tejido social, sino que, además, fue una narrativa falaz, una enorme patraña.

García Luna fue detenido el 10 de diciembre en Dallas, Texas. Aunque se le imputan varios delitos -acusación criminal número CR 19-576-, todo se reduce a narcotráfico. El Departamento de Justicia de Estados Unidos lo acusa de tener vínculos con el Cártel de Sinaloa, y un gran jurado estableció que había indicios suficientes para aprehenderlo. “García Luna es acusado de tomar millones de dólares en sobornos del Cártel de Sinaloa del Chapo Guzmán mientras controlaba la Policía Federal mexicana y era responsable de la seguridad pública de México”, declaró Richard P. Donoghue, fiscal federal del Distrito Este de Nueva York. Pero los sobornos son lo de menos: lo importante es que el gobierno norteamericano inculpa de ser narcotraficante a quien fuera el jefe de la Policía Federal con Vicente Fox y, enseguida, súper secretario de Seguridad Pública de Calderón. La Fiscalía pretenderá probar en un juicio -por cierto, frente al mismo juez que sentenció a cadena perpetua al Chapo- que quien comandaba las fuerzas del gobierno de Calderón en su guerra contra el narco era narco -según la acusación, al menos desde el año 2001-.

Al día siguiente del arresto, Carlos Marín tituló su columna “Detención que apesta”. Además de ensalzar la “destacada trayectoria” de García Luna, intentó minimizar el hecho: “Al ex secretario federal de Seguridad Pública… se le acusa de tres crímenes presumiblemente cometidos…: traficar cinco tristes kilos de cocaína, conspirar para contrabandearlos y negar en su declaración aduanal haber cometido algún delito”. Ya sea por ignorante o con toda la intención de engañar, Marín presenta erróneamente el caso. Al día siguiente, en entrevista con Carmen Aristegui, Gerardo Reyes, director de investigación de Univisión, explicó: “En una columna alguien dijo que era muy poca la droga por la que se le estaba acusando… Cuando acusan a un narcotraficante dicen que importó a Estados Unidos al menos cinco kilos de cocaína, entonces las personas creen que… es una cosa menor. Es un formato…, pueden llegar a ser de toneladas…”. Además, García Luna no será juzgado por traficar droga él solo, sino por crimen organizado -Javier Angulo, investigador del CIDE, aclaró que “en Estados Unidos lo que se entiende por conspiracy es ponerse de acuerdo con dos o más personas para cometer un delito; es una figura muy cercana a… delincuencia organizada o asociación delictiva”-.

Así las cosas, la pretendida autoridad de Calderón como el paladín de las instituciones contra el narco queda hecha polvo, y el núcleo ideológico del calderonismo, el segurismo, trizas.

Uso el concepto segurismo tal y como lo define Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957), esto es, “la doctrina política que postula que el problema central de una sociedad está en su criminalidad”. En su espléndido libro El Interior (Malpaso, 2014), el novelista argentino abunda: “De constante aparición en distintos lugares y momentos, el segurismo se desarrolla con más facilidad en sociedades donde ha habido cierto deterioro de la situación económica y social de las clases bajas y medias… Responde al miedo de sectores sociales de clase media y media alta -las clases altas suelen tener su propio mecanismo de autodefensa- que se sienten de pronto desprotegidos -al producirse un aumento de las diferencias económicas que, en ciertos casos, se traduce en un aumento de la criminalidad-. Es lo que el segurismo llama inseguridad, palabra mágica que se constituye en centro de todo enunciado y justificación de cualquier pronunciamiento”. No solamente…, atendiendo la argumentación de Caparrós, en esta doctrina se halla buena parte de las causas de la exacerbación de la tan lamentada polarización de la sociedad mexicana: “El segurismo pretende que la respuesta no debe enfrentar al deterioro sino a sus consecuencias, por vía de mayor represión. No siempre desemboca en gobiernos más autoritarios, pero puede suceder… En cualquier caso, el segurismo produce una demonización de esos sectores empobrecidos de los que proviene el alza de la delincuencia. Y tiende a intensificar las divisiones en esa sociedad -y a justificar esas divisiones definiendo como delincuentes en acto o en potencia a los integrantes de esos sectores-. El segurismo y sus eslóganes sustituyen -o intentan sustituir- el resto de los debates políticos y sociales que esa situación parece precisar. El segurismo, que no analiza las razones y causas del problema, tiende a creer, con el mismo mecanismo, en soluciones mágicas, igualmente irrazonadas -irrupción policial, arsenales legales- y en la aparición de líderes salvadores capaces de aplicarlas -el famoso hombre fuerte-”.

Más allá del acabóse del calderonismo, harto beneficioso sería que el desenmascaramiento del hombre fuerte de Felipe Calderón, García Luna, acarree la derrota ideológica en México del segurismo.

 

@gcastroibarra

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Germán Castro

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