Entre basura: la disposición final de los residuos en México - LJA Aguascalientes
20/09/2021


En 2013 se publicó el primer Reporte del Atlas de los Residuos. Entre los datos que informe arrojó sobresale que la mitad de la población mundial no tenía acceso a los servicios elementales de recolección y disposición final de residuos y que 40% de los desechos generados se confinaban de forma inadecuada en basureros a cielo abierto; la mayoría de los cuales se localizaban en países en vías de desarrollo y estaban emplazados en la cercanía de muchas zonas urbanas.

Al año siguiente se publicó la segunda edición del Reporte, el cual señaló que la mayoría de dichos basureros se ubicaba en África, América Latina y El Caribe y en países del norte de Asia; donde habitan dos terceras partes de la población mundial. Esta publicación tuvo como objetivo identificar y caracterizar a los 50 vertederos a cielo abierto más grandes del mundo, a los que calificó de monstruosos, porque en realidad lo son. Se trata de enormes pasivos ambientales que se asocian con altos niveles de riesgo y de daños potenciales, aunque paradójicamente son el principal medio de confinamiento de residuos para más de 50% de la población en el mundo.

Trece de estos gigantescos basureros se localizan en América Latina y El Caribe: cinco en Perú, y cada uno de los siguientes países tiene el suyo: Argentina, Brasil, Bolivia, Guatemala, Nicaragua, Honduras, República Dominicana y Haití. Ningún basurero de México apareció en la lista; sin embargo esto no debe suponer que no tenemos ejemplos que mostrar. 

Es tal la importancia y urgencia por acabar con los basureros a cielo abierto, que desde los organismos internacionales se ha llamado a su clausura y remediación como una medida prioritaria para la protección ambiental y de la salud humana. 

Se sabe que los basureros a cielo abierto representan un factor de contaminación y degradación ambiental. Contaminan el aire debido a que la descomposición de los residuos orgánicos genera gases de efecto invernadero -como el metano- y algunos otros degradadores de la capa de ozono -como el bióxido de carbono-; además la quema de residuos, que es una práctica común en estos sitios, genera partículas, monóxido de carbono, gases contaminantes e incluso dioxinas; igualmente contaminan el suelo y de los cuerpos de agua como consecuencia de la generación de lixiviados -que son líquidos altamente tóxicos con presencia de metales pesados y metaloides- capaces de infiltrarse y contaminar las aguas subterráneas. 


En relación con las afectaciones a la salud humana se ha documentado que uno de los principales riesgos para la salud provocados por los vertederos es la propagación de enfermedades infecciosas, a menudo relacionadas con vectores (como animales, ratas, pájaros, moscas y mosquitos); sin embargo, también con quienes están en contacto directo con los desechos (como los pepenadores, cartoneros y carretoneros que trabajan ahí). 

Para quienes están expuestos directamente a estos sitios, la situación es de alto riesgo. Estudios recientes han identificado la presencia de contaminantes orgánicos persistentes (COP), como las dioxinas y los furanos; y de elementos potencialmente tóxicos (EPT, conocidos como metales pesados). Ambos, COP y EPT, se liberan al medioambiente a partir de la quema de residuos, por lo que las poblaciones aledañas están altamente expuestas a la inhalación, la ingestión de alimentos contaminados y la absorción de estos contaminantes (PNUMA, 2007).

Igualmente, los accidentes son frecuentes en los basureros, si bien es cierto que las heridas y los cortes son habituales, dichos accidentes incluyen también tragedias mayores como los incendios, las explosiones y los deslizamientos.

Sin embargo, parece paradójico que después de cien años de haberse instalado los primeros rellenos sanitarios y del continuo desarrollo de otras estrategias que ofrecen alternativas para minimizar los efectos adversos de la mala disposición, se siga desechando a cielo abierto ¿A qué se debe la prevalencia de estos sitios, si su operación es tan riesgosa e incluso desfavorable?

Una primera respuesta tiene que ver con su aparente simplicidad. A diferencia de los rellenos sanitarios, los basureros a cielo abierto son lugares donde se vierten los desechos sin ningún control, no se regula el tipo de residuos que se tiran ni las cantidades que ahí se depositan y tampoco se busca proteger al medioambiente.

En otras palabras, su operación es simple: los desechos se dispersan sin cubrirse ni compactarse y los residuos quedan expuestos a las condiciones climáticas, lo que induce a que comúnmente se incendien, tanto por cuestiones ambientales como intencionales. Es por ello que los basureros son considerados una fuente de vectores, propagadores de fauna nociva y una amenaza para la salud y el medioambiente, pues en dichos sitios tampoco se capturan los lixiviados ni los gases provocados por la descomposición de los residuos.

En cambio, los rellenos sanitarios bien manejados son confinamientos para los residuos que, con una infraestructura ingenieril, intervienen en ciertos elementos estructurales y a través de prácticas operativas controlan los residuos ahí dispuestos, los flujos que su confinamiento genera y la contaminación que dichos flujos podría provocar. Como se puede advertir, la construcción y operación de estas infraestructuras requiere de importantes recursos financieros, tecnológicos y humanos. Carencias estructurales en muchos países pobres. 

En este sentido, una respuesta más minuciosa ante la aparente contradicción por la alta prevalencia de la disposición final no controlada tendría que considerar las limitaciones institucionales, financieras y técnicas de las autoridades encargadas de dicha tarea. Limitaciones que a veces resultan en la incapacidad de proporcionar incluso el servicio de recolección, por lo que la disposición a cielo abierto se vuelve una realidad “inevitable”.

Una tercera respuesta tiene que ver con la falta de información y con la claridad para denominar a unos y a otros. Por ejemplo, en México, es común referirnos a basureros o tiraderos de forma general y sin distinción entre éstos y los rellenos sanitarios.

La Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (LGPGIR) publicada en 2003 define la disposición final como la acción de depositar o confinar permanentemente residuos en sitios e instalaciones cuyas características permitan prevenir su liberación al ambiente y las consecuentes afectaciones a la salud de la población y a los ecosistemas y sus elementos; pero no precisa las diferencias que existen entre los distintos sitios de disposición final y sólo hace equivalente la disposición final en rellenos sanitarios a aquella que se hace en confinamientos controlados. 

Por su parte, el reglamento de la LGPGIR en su artículo 2 define el confinamiento controlado como una obra de ingeniería para la disposición final de residuos peligrosos y al relleno sanitario como la instalación destinada a la disposición final de los residuos sólidos urbanos y de manejo especial. Por lo que tampoco aclara la diferencia.

Esto lo hace la NOM-083-SEMARNAT-2003, que es la norma oficial mexicana que establece las especificaciones para la selección del sitio, el diseño, la construcción, la operación, el monitoreo, la clausura y las obras complementarias de un sitio de disposición final de residuos sólidos urbanos y de manejo especial. Es decir, esta norma de regulación técnica es muy importante porque contiene las definiciones y especificaciones, características constructivas y operativas de los sitios de disposición final y los procedimientos para evaluar su conformidad con la normatividad. 

A grandes rasgos la NOM 083 define que un relleno sanitario corresponde a una obra de infraestructura que involucra métodos y obras de ingeniería para controlar los impactos ambientales de la disposición final. Las tres características principales de los relleno sanitarios son: la impermeabilización de las celdas con una geomembrana para controlar, captar, conducir y extraer los lixiviados y facilitar su recirculación, con lo que se busca evitar la filtración y contaminación de los mantos acuíferos; la disposición de residuos dentro de dicha celda, su cobertura y compactación diaria con tierra para evitar la infiltración pluvial, la emanación de gases y partículas, la dispersión y el contacto con la fauna nociva; y la extracción, captación, conducción y control del biogás generado.

De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) para 2017 en México había 2203 sitios de disposición final. La siguiente figura podría considerarse una fotografía de su distribución.

Elaboración propia a partir de la consulta a la aplicación Mapa Digital de México (Inegi)



 

 

Sin embargo, de acuerdo con los propios datos de ese Instituto, del total de sitios de disposición final sólo en 173 se hace una disposición final adecuada. Lo que significa que más de 92% no cumple con las garantías de protección a la salud humana y ambiental establecidas en la normatividad. Situación que es muy grave. 

Si analizamos con cuidado los datos reportados por los operadores de los sitios de disposición final y recogidos por el Inegi en el Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Delegacionales 2017, específicamente las respuestas concernientes a la infraestructura con que cuentan y las contrastamos con las condiciones mínimas que de acuerdo a la NOM 083 debe cumplir un relleno sanitario ((1) contar con una celda de confinamiento, que dicha celda tenga una geomembrana; (2) que se capten los lixiviados, que reciban algún tratamiento; y (3) que se capturen o quemen los gases producidos) encontramos que apenas 60 rellenos sanitarios cubren con tales requisitos. Lo que es más grave todavía.

Lo anterior significa que hay por lo menos un sitio de disposición no controlado, es decir, un basurero a cielo abierto en cada uno de los municipios de este país. Aunque dicha cifra podría duplicarse pues los sitios de disposición registrados no contemplan los tiraderos clandestinos, ni aquellos sitios que fueron abandonados y no han sido remediados. 

Esta situación, por su gravedad, debería de ser suficiente para declarar una emergencia ambiental nacional ya que muchos de dichos sitios se localizan en las inmediaciones de incontables localidades urbanas y rurales, algunos están muy cerca de las áreas naturales y los cuerpos de agua, en la gran mayoría de ellos se realiza pepena, se queman los residuos, no hay cobertura ni compactación de residuos. 

Lo anterior también significa que aunque no aparecemos en esa lista de los 50 monstruos porque no tenemos un basurero monumental, sí tenemos nuestra propia catástrofe con miles de basureros distribuidos por todo el territorio, por lo que en México hay mucho trabajo por hacer para acabar con la práctica de disponer a cielo abierto.

Una última respuesta ante la aparente paradoja sería que son muchos los aspectos técnicos, financieros, ambientales y sociales que atraviesan un asunto como la disposición final de los residuos. Por ejemplo, hasta ahora no ha sido efectiva la regulación y vigilancia de los sitios de disposición final y tampoco ha sido eficaz ni eficiente destinar recursos económicos para la construcción de rellenos sanitarios sin un acompañamiento en lo técnico y operativo; no se ha avanzado lo suficiente en la conformación de organizaciones intermunicipales para la construcción de sitios que operen de manera adecuada; no se ha abordado con seriedad la incorporación de los pepenadores, trabajadores informales en dichos lugares, a otros mecanismos de valorización de residuos… tampoco se ha reconocido que el problema de la disposición final de los residuos en las ciudades mexicanas es un asunto que sobrepasa la escala de lo local y lo regional y es un desafío que tenemos que enfrentar como país. 

Finalmente, si no somos capaces de construir una estructura social, a diferentes escalas y con distintos actores, que minimice la generación de residuos y resuelva la problemática socioambiental que estos generan, no habrá infraestructura tecnológica, que lo haga. 

 

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Referencias:

PNUMA (2007). Contaminación ambiental e impactos en la salud pública: implicaciones del vertedero municipal de Dandora en Nairobi, Kenia.

Waste (2013). Waste Atlas. 2014 Report

Waste (2014). Waste Atlas. The World’s 50 Biggest Dumpsites, 2014 Report.

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