08/07/2020


Desde que bajé del Macrobús para trasbordar un camión urbano que me llevara a la Expo Guadalajara me di cuenta que cumplir mi anhelo no iba a ser sencillo. La avenida era un caos de autobuses de esos que se rentan repletos de estudiantes que iban seguramente también a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

La noche anterior ingenuamente había decidido ir a la FIL pensando que llegar por la mañana en viernes me permitiría recorrer los pasillos semivacíos y así poder buscar con calma los títulos anotados como mis pendientes de compra, estaba equivocado. Todas las rutas iban llenas, acabé tomando un camión urbano que me acercara a través de otro camino alterno y luego caminar una cuadra “panteonera” bajo un sol que me derretía las neuronas, a pesar de eso llegué.

En la entrada principal la fila para ingresar era enorme, pero rápida. Los miles de estudiantes de secundaria y preparatoria que no paraban de llegar iban con boleto en mano en otro acceso todavía más ágil.

A pesar de que ya dentro era todo un reto avanzar por los pasillos repletos de estudiantes, pude andar por los lugares ya conocidos en búsqueda de las editoriales en los que podía encontrar los ejemplares de libros que buscaba.

Confieso que me alegro de ver a tantos jóvenes entre muchos libros, sin embargo no deja de llevarme a la reflexión si ésta es una estrategia adecuada para el fomento a la lectura ya que seguramente en las escuelas y en los hogares no se realiza una labor previa de sensibilización sobre el tema para que ellos no se sintieran entrar a un extraño planeta repleto de objetos ajenos mientras miran más frecuentemente a la pantalla de su celular. 

Al andar llegué al stand de la nuestra Universidad, felicito el trabajo desarrollado por el Departamento Editorial de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) que en este año llevó a la FIL de Guadalajara muchos nuevos libros de autores aguascalentenses para darlos a conocer en ese importante foro internacional.

En esta edición además de los nuevos libros en el catálogo de la UAA expuestos a la venta en un decoroso espacio en el área nacional de la FIL, también se llevaron a cabo dos presentaciones de los libros de Patricia Ortíz Lozano con su poemario Diario de lo deshabitado y Mary Kay Vaughan con su libro Retrato de un joven pintor. Pepe Zúñiga y la generación rebelde de la Ciudad de México. De buena fuente estoy enterado que ambas presentaciones tuvieron una importante asistencia de público interesado.

Gracias a eventos como la FIL, los editores y los autores pueden encontrarse, el lugar de alguna manera se convierte en una fiesta de amigos comunes y de oportunidades para lograr nuevas ediciones y coediciones así como obtener mejores mecanismos de distribución de los libros.

Los lectores a su vez pueden encontrar libros difíciles de localizar, conocer a sus autores favoritos y descubrir nuevas opciones para su lectura. Las ferias del libro siempre tendrán como resultado muchas cosas buenas.

Fue en este recorrido por los pasillos de la FIL en que pude encontrarme con amigos como el caricaturista e ilustrador Rafael Barajas El Fisgón, con amigos poetas como Sofía Cham y Jorge Orendain, con el editor Felipe Ponce de Ediciones Arlequín, así como también con un montón de expositores que cada año van a Guadalajara a llevar sus novedades para su venta.

Luego de varias horas de búsqueda y tratando de no caer en la demencia por el constante griterío de adolescentes me sucedió lo que a muchos que van a las ferias de libro, no encontré los títulos que buscaba, pero me llevé otro tanto mayor de los que no tenía ni idea que iba a acabar comprando.


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Lo cierto es que bajo la máxima de que en librerías de usado y en las ferias de libro los ejemplares no debes buscarlos sino permitir que otros te encuentren, pues pude obtener algunas rarezas valiosas para mi biblioteca como los tres tomos de la correspondencia del poeta cubano Rubén Martínez Villena, la emblemática novela de Miguel Barnett Biografía de un Cimarrón y el reciente ensayo de Óscar de la Borbolla, La rebeldía de pensar, que ya se había agotado en las librerías del Fondo de Cultura Económica (FCE), quien lo editó y ante el éxito realizó este mismo año una reimpresión.

Precisamente en esta FIL pudimos andar el área instalada por el FCE para la venta y exposición de sus libros localizando algunos de sus nuevos títulos como los veinticuatro que este año nacieron de la colección Vientos del Pueblo del que ya se han agotado varios de los que la conforman.

Obras como las crónicas de Larisa Reisner en Hamburgo en las barricadas, la biografía sobre Pablo de la Torriente Brau en el libro Pablo: Con el filo de la hoja de Víctor Casaus, la novela policiaca Conducir un tráiler de Rogelio Guedea, la reedición en un formato bastante amigable de Canek de Ermilo Abreu Gómez, así como las biografías Francisco Zarco y la libertad de expresión de Miguel Ángel Granados Chapa y Francisco J. Mújica. El Presidente que no tuvimos de Anna Ribera Carbó, entre otros muchos nuevos títulos estaban para su venta.

Después de casi tres horas de andar por los pasillos de la FIL salí contento, aturdido, con libros y sin dinero. Ninguno de los títulos que buscaba los encontré, pero otros distintos me localizaron y ya los llevaba en mi mochila.

Finalmente para eso son las ferias del libro, para obtener nuevos ejemplares que leeremos después con calma, para encontrarse con los amigos, para fomentar la lectura. Visitemos las ferias del libro que se organizan en Aguascalientes y de ser posible las que se realizan en otras ciudades. Leamos, porque eso nos permite ampliar nuestro criterio, obtener nuevos conocimientos y muy posiblemente hacernos mejores seres humanos. Leamos libros, no muerden.


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