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La poesía es un saber oscuro, una conversación en la penumbra | Entrevista a Alma Karla Sandoval, acerca de Desde el corazón siberiano

  • Con las Cartas apócrifas de Marina Tsvetáyeva, la novelista ganó el Premio Nacional Dolores Castro, 2015

 

Marina Tsvetáyeva es considerada como la gran poeta rusa del siglo XX. Un honor enorme si tomamos en cuenta el poderío de la poesía rusa de ese siglo , que contó con poetas de la talla de Anna Ajmátova, Ósip Mandelshtam o Boris Pasternak, por nombrar sólo a tres de los grandes monstruos poéticos nacidos en las fronteras de lo que a principios del siglo XX era conocido como el Imperio Ruso, gobernado por el Zar de Todas las Rusias, y que en 1917 sería el epicentro de la segunda Revolución del siglo XX (la primera fue en México en 1910), de la cual saldrían triunfantes el Partido Comunista, encabezado por Lenin, Trotsky, Stalin, que instalarían el régimen de partido único, que duraría hasta 1989, cuando el cansancio, el desencanto, la frustración, daría pie a la caída de un régimen que intentó imponer el bien común como el eje central. Las cosas no resultarían así. 

La primera mitad del siglo XX es una época de revoluciones sociales, políticas, pero sobre todo culturales, artísticos. Y en medio de esa convulsión estuvo la poeta Marina Tsvetáyeva, como protagonista esencial, como voz poderosa, que logró entender que la independencia individual es necesaria para potenciar el genio creativo. Y defender ese espacio puede ser considerado contrarrevolucionario en momentos en donde los cambios parecen no tener descanso alguno. 

Nacida en 1892 en medio de una familia cercana al poder de los zares y de la cultura rusa (su padre, Iván Tsvetáiev, fue el fundador del Museo Pushkin), se casó muy joven con Serguéi Efón, al tiempo que inició su carrera literaria con la publicación de su primer libro de poesía, Álbum Vespertino. Sin embargo, el triunfo de los bolcheviques obligó al matrimonio a exiliarse en Berlín, Praga y París, durante 14 años hasta que decidió regresar a la Unión Soviética en 1939, tras los pasos de Sergei que había regresado con su hija Ariadna en 1937, cansados de la pobreza y del exilio. Sin embargo, Sergei fue arrestado y moriría fusilado en 1941. Marina y Ariadna también serían acosadas por las autoridades soviéticas, arrestadas y exiliadas en diferentes gulags o campos de prisioneros. Marina moriría en 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando fue trasladada a Yelabuga. 

Ariadna, a quien debemos la suerte de poder leer la poderosa poesía de Marina, sobreviviría a diferentes campos de prisioneros hasta 1955, cuando sería liberada y podría dedicarse a transcribir la poesía que su madre había escrito en diferentes cuadernos con los que había viajado a lo largo de su exilio europeo y de su estancia en los gulags. 

Esta parte de la trágica historia que le sirve a la poeta, ensayista y novelista Alma Karla Sandoval para desarrollar Desde el corazón siberiano (Ediciones B) en donde la voz de Marina, atrapada en una serie de cartas apócrifas, nos cuenta sus vicisitudes y certezas creativas, mientras que en tercera persona se desarrolla la historia de Ariadna, silenciosa prisionera, que sólo desea salir viva de su prisión en los confines de Siberia, para poder dedicarse en cuerpo y alma a transcribir los cuadernos de su madre y así dar a conocer al mundo la visión, las palabras, la pasión de su madre: Marina Tsvetáyeva .

“La novela estuvo incubándose más de quince años, porque descubrí a Marina Tsvetáyeva en una venta de saldos, cuando compré por cinco pesos, una edición de las Cartas del verano de 1925, traducida por Selma Ancira, que son las cartas que cruzan en ese verano Marina, Rainer María Rilke y Boris Pasternak, ese libro tuvo una resonancia impresionante en mí, y me quede intrigada por esta mujer, por la manera de dirigirse a estos dos poetas, en este momento histórico, entonces ellos estaban escribiendo grandes cartas, y pasaron los años, seguí leyendo a Marina, y en 2014 fui a un Congreso de Hispanistas en Moscú, ahí me llevé a ese libro, que lo tenía como algo preciado, me encantó el descubrimiento de la arena dramática de Marina, y me traje una fuerza creativa impresionante, que intenté dejar descansar, pero una noche, una madrugada, me desperté escuchando la frase que detonan las cartas apócrifas de Marina: ‘Y si montáramos el Transiberiano’. Ese día ya no pude volver a conciliar el sueño, y las Cartas apócrifas de Marina las escribí en un mes, esas cartas se convierten en una novela corta, con la que gané el Premio Nacional Dolores Castro en 2015, pero le hacía falta un abrazo a la novela, me di cuenta de que necesitaba una abrazo de la ficción, más condensado, y al final es la historia de Ariadna, y por eso es una novela que está contada, escrita, a dos voces.” Nos cuenta la autora de libros como Corredor de las antorchas (2000), Estacionamiento de avestruces (2006, Colombia), Vaga forma de acercarse al fuego para quemarse (2006), Tratado de Bengalas (2015) con el que se hizo acreedora al Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano, que conforman una obra de más de treinta libros, que se han publicado en diferentes partes de América latina y España. 

Javier Moro Hernández (JMH): ¿La voz de Ariadna, su hija, es ese abrazo que le da otra dimensión a la novela?

Alma Karla Sandoval (AKS): Sí, porque las cartas son completamente asincrónicas, la carpeta que va a buscar Ariadna está revuelta, y demandaba una enorme atención del lector, que le tocaba ir formando el rompecabezas formados por pedacitos de cartas, partes de los diarios, de borradores, pero acá se vuelve un esfuerzo de hacerlo sincrónico, está ordenado, había que darle un orden cronológico a las cartas, a la carpeta apócrifa, y eso permite hacerle un contrapunto entre las dos voces, pero si tengo la impresión de que este es un libro que se escribió solito, pero fue como seguir unas huellas, seguir el mapa de la vida de Marina.

JMH: La vida cultural, intelectual, poética de principios del siglo XX  fue de una intensidad creativa brutal, pero en medio de esa explosión literaria y política,  la voz poética de Marina fue como un sol.

AKS: En ese epicentro literario en la que vive, crece, y que además tenía que explotar, porque era la herencia de la gran novela rusa del Siglo XIX, con Dostoievski, Tolstoi, Chéjov, y aparecen unas voces poéticas como Anna Ajmatova, por ejemplo, entonces con esos colegas con los que te tenías que estar midiendo, pues le permiten a Marina ser considerada como la poeta más grande del siglo XX ruso, y dicho por varios críticos, entonces es algo tremendo, pero hay que decir también que la vida de Marina va en consonancia con la obra, una de las grandes críticas que se le hacía a la poesía de Marina era justo la factura íntima de un lirismo desbordado en su poesía, de una enorme calidad rítmica, de una enorme aportación en el corte del verso, en los procedimientos retóricos, pero también una enorme claridad, algo que no era fácil, porque ella corregía muchísimo, pero sus detractores siempre hacían mención a que ella solo hablaba de su vida privada, pero es que justo lo privado era lo que se hacía necesario ventilar en un momento de agitación política, y además de un proceso de persecución hacia algunos poetas, que eran mal vistos por un régimen complicado, porque todo el grupo de Marina estaba siendo perseguidos, Ariadna misma sobrevive dieciocho años en un Gulag, es una sobreviviente, cruza tres veces toda la Unión Soviética en calidad de prisionera, y vive para contarla, y entonces es ahí es una de las partes medulares de la vida y de la obra de Marina, después las teóricas feministas de los años setenta nos descubrirán que ese elemento privado es profundamente político, porque lo personal es profundamente político, entonces sin tener una obra panfletaria, acartonada, al contrario, a partir de su propia vida, con la energía de un sol, ejerció una resistencia que nos deja claro la forma en que podemos ser resilientes. 

JMH: La Revolución Rusa había estallado en 1917, escasos siete años de cuando ella se está escribiendo con Rilke y Pasternak, había persecuciones, propias de un momento político en el que prevalecía la intolerancia y los discursos totalizadores. 

AKS: A ella no la querían, por ejemplo cuando se encuentra a Maiakovski, que sabía que ella ya se iba a Europa Occidental, y Marina le pregunta que les dice a los exiliados rusos en Francia o en Alemania y él le contesta: “Que aquí está la verdad”. El encargo que le dio el gran poeta al cual adoraba Marina, que era contar en los salones, en los cafés de París, que ella venía del lugar en donde están creando al nuevo hombre, el nuevo siglo, es que son las grandes ideas lo que permeaba la vida de todos estos hombres y mujeres, el socialismo, el comunismo, el cambio, la renovación total, pero que ya sabemos que cuando llega Stalin al poder también llega la burocratización de la Revolución, y las purgas cada vez más salvajes. 

JMH: Justo la segunda parte de la novela, la parte que abraza a las cartas de Marina, es la brutal realidad que tuvo que vivir Ariadna, la hija de Marina y Sergei; el exilio en lo gulags, la purga política. 

AKS: De lo que podía hacer el sistema estalinista, la reeducación, o sea, la idea de que el individuo tiene que olvidarse de sí mismo, porque forma parte de un colectivo, pero más que el individuo, porque no quiero que suena como una apología del individuo, en estos momentos políticos contemporáneos, en donde se llega a un narcisismo, es más bien un proceso de reeducación que reduce la personalidad de cada ser humano, su conjunto de rasgos típicos, lo que lo hace libre, lo que lo hace artista, y ahí es con Marina y con Ariadna en donde encontramos su profunda defensa política, que está en la defensa de la libertad, porque pensemos en Marina, que era una mujer casada, pero que tenía una relación epistolar de amor con otros hombres en donde les declaraba su amor, además, todos los tipos de amor, lo cual también es una anulación de la idea de amor heteronormado, heteropatriarcal, capitalista, neofascista, que impera hasta el día de hoy. 

JMH: ¿Marina podría ser considerada más revolucionaria que la misma Revolución?

AKS: Sí, y sería totalmente avanzada para nuestros años, para nuestras sociedades, en Marina y Ariadna hay una síntesis brutal, ellas encarnan la Revolución, son más revolucionarias que la Revolución misma, porque ni siquiera en el comunismo encajaba, y se enamora de los Anarquistas cuando los ve por primera vez, le brillan los ojos, porque desde una profunda intuición literaria y una profunda agudeza intelectual, porque Marina también era una mujer de ideas y de gran exigencia, lleva la revolución del ser humano más allá de lo que podríamos entender, abre la libertad, jamás le pone una puerta al cambio. 

JMH: La pasión es otro elemento, por supuesto, ella se entrega a su pasión por la creación, a su pasión por Rilke, pero de alguna manera los hijos sufren esa pasión.

AKS: Hay un libro que me parece referencial, en términos de creación artística, que es La tumba sin sosiego de Cyril Conolly, en donde habla precisamente de que los artistas puedes llegar a ser profundamente egoístas, porque lo que necesitan es una ventana para dialogar con ellos, Ariadna, sufre muchísimo esta renuncia al mundo real de su madre, que se despertaba a las seis de la mañana a llenar cuadernos y no se levantaba de ahí en todo el día, y el hijo podía haberse roto una rodilla, y a ella le importaba, pero no más que el cuaderno, era una mujer apasionada con la obra y es una mujer apasionada con la vida pero que se encuentre al servicio de una obra, y eso tiene consecuencias, que por desgracia terminan pagando los seres que están más cercanos a los artistas, creo que en la novela se refleja que hay momentos en los que Ariadna ya no puede vivir con su madre, que es una mujer adulta pero no se hace responsable de la vida cotidiana, y Ariadna crece entendiendo eso, que es lo que a mí me gusta de ella, que fue una mujer que tiene muy claras las cosas y ya conoce a su madre, perfectamente bien, y sabe a qué fuego no acercarse. 

JMH: Además hay otro elemento que es que tal vez sin Ariadna, sin su trabajo, su amor,  la obra de Marina no nos habría llegado, no la habríamos podido leer.

Ariadna representa el profundo amor que le tengo a los editores, tal vez algunos cuadernos se perdieron, algunos llegaron incompletos, es probable que la mano de Ariadna esté ahí, más viva de lo que pensamos. Pero Ariadna tiene un profundo amor por el lenguaje, por la palabra, Ariadna es la lucidez, es la luz para alumbrar toda la obra de Marina. Hay dos definiciones de la poesía que me encantan, una es que “La poesía es un saber oscuro”, y la otra es que “La poesía es una conversación en la penumbra”, pero los editores son aquellos que llegan con lámparas para que podamos ver. 

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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