Opinión

Un año de gracia para el presidente López / Bravuconadas 

Hace exactamente una semana, el presidente López festejó a lo grande el primer aniversario de su arribo a la titularidad del Ejecutivo de nuestro país. Llenó el zócalo capitalino a la vieja usanza del sistema que presumió enterrar, cientos de autobuses fletados con simpatizantes traídos de todos los rincones de México llegaron a ocupar durante varias horas la plancha de una de las mayores plazas del mundo, para escuchar los logros del líder indiscutible de un movimiento político que llegó para expulsar de la silla presidencial a los políticos emanados de los viejos y anquilosados partidos nacionales que tercamente se alejaron de la ciudadanía en sus oportunidades, todas, para identificarse con ellas.

Entre los miles de asistentes, el presidente López hizo un recuento de su gestión, doce meses al frente de las instituciones nacionales y dirigiendo los destinos de un país inquieto y potencialmente poderoso. La historia la contó rápido, a su lento ritmo, pausado, buscando sus palabras, sus ideas, aunque llevaba un texto escrito, afloró su estilo mañanero. Señaló que de los 100 compromisos ha cumplido con 89, que en un año sólo le restan, cabalmente, 11 compromisos por cumplir. Destacó, sí, que el gran pendiente de su gobierno, es la inseguridad pública, aunque insistió en su estrategia de atención de las causas de ese mal, convencido que es la correcta, aunque a la fecha le ha representado 36,517 muertes violentas, según el reporte del Inegi y del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP); estamos a nada de que el 2019 sea el año más violento en la historia. Sólo para la anécdota, este 1 de diciembre pasado, fue el día con más muertes en el año, 127.

Ciertamente durante estos últimos doce meses, el presidente López, a pesar de su discurso machacón y beligerante cotidiano, de frente a la realidad, se percató que su oferta campañera de transformar las prácticas del país en materia de corrupción, de transparencia, de buena praxis y ética en el servicio público no eran viables, porque esa realidad que lo acosa todos los días era sin duda, conservadora, fifí, neoliberal, canalla. Y se le colaba por todos lados, por cada rendija que descuidara la cuarta transformación, y se entremetía en sus esfuerzos y afanes, boicoteando un día sí y otro también, los positivos efectos que el cambio verdadero le debía a los mexicanos, optó por redireccionar sus trabajos y energías. Hace unos meses, el propio presidente López había señalado categóricamente, que gobernar no tenía ninguna ciencia, que era algo que se podía dar de manera natural, simple, casi con la mera aplicación del sentido común. Recientemente, ante su púlpito mañanero, había señalado que los servidores públicos debían ser 90% honestos y contar sólo con un 10% de experiencia, para dar los resultados esperados de calidad y servicio.

Hacer efectivos los cambios y ajustes que la sociedad mexicana requiere, reactivar la economía, crear los miles y miles de empleos, atraer la inversión extranjera y motivar a la nacional con la confianza descompuesta, no es tarea sencilla. Mantener el aparato educativo, el sistema de salud funcionando, sin tanta alharaca no es fácil, sobre todo con aquellos funcionarios 90% honestos. Cuidar el medio ambiente, sostener el turismo en niveles competitivos en un mundo agresivo, resulta desgastante y muy agotador. Pretender, caprichosamente, reactivar la industria petrolera nacional y a Pemex, exige esfuerzos e inversiones titánicas que el Estado mexicano no está hoy en condiciones de realizar y, financieramente, lo desangra a costa de otras prioridades más apremiantes.

Así, el presidente López, pragmático como siempre, resolvió, quizá en el cuarto de guerra de la Cuarta Transformación o quizá en la intimidad de su almohada, que lo posible era imprimir a las instituciones del Estado mexicano su sello personal. En su visión, el cambio ofrecido era de largo aliento, 6 años no bastarían para hacerlo efectivo, era necesario crear las condiciones legales que permitieran extender el alcance temporal de su régimen y de su idea de país. De esta manera, y con el incondicional apoyo de sus mayorías legislativas tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, impulsar los cambios constitucionales que dieran el soporte legal; nombrar a aquellos funcionarios o magistrados que él personalmente no podía designar, véase la Presidencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, los comisionados de los distintos organismos reguladores del sector energético, de telecomunicaciones, etcétera; y últimamente, la recién magistrada de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Margarita Ríos-Farjat, quien hasta hace poco era la titular del Servicio de Administración Tributaria (SAT), sí, esa dependencia que fungió como instancia de presión para la renuncia de Gerardo Medina Mora, quien renunció tras la congelación de sus cuentas precisamente por el SAT, sí dirigido aún por la hoy flamante magistrada de la 4T.

En sus cálculos políticos, el presidente López decidió sí, impulsar el “cambio verdadero”, pero primeramente en las estructuras del propio gobierno de la República, instalando en puestos claves a reconocidos y fieles seguidores del lopezobradorismo: quitando, anulando o sólo debilitando, a todas aquellas instituciones o personajes que le estorben, por ejemplo, el INE y su Consejero Presidente Lorenzo Córdova, ya poniendo su atención en el proceso electoral que se avecina en el 2021.

Es importante señalar que para el líder de la 4T, no todo es miel sobre hojuelas, la organización política sobre la que se apoyó para irrumpir en el poder, Morena, no logró evolucionar a un auténtico partido político, y aún se mueve en el nivel de movimiento, amorfo, gelatinoso. El morenismo hoy, es el principal riesgo del proyecto del morenismo. Algo habrá de hacer el presidente López, para no tropezarse con su propia creación.

Finalmente, la 4T “pidió” a los mexicanos otro año para consolidar sus cambios, para que ellos sean, palabras presidenciales, irreversibles. No la tiene fácil, la economía estancada, la inseguridad a tope, las relaciones con EU amenazantes, el año tal vez no sea suficiente.

 

mario.bravo58@hotmail.com

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Mario Bravo

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