Opinión

26 años después/ De imágenes y textos

Definitivamente uno de los acontecimientos que marcó el rostro social, político, cultural y hasta turístico de nuestra querida patria fue el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en la zona de la montaña en Chiapas, ese primero de enero de 1994, un movimiento que se venía cocinando desde 1983, Guillén Vicente, otrora docente de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco se adentró a la selva en busca, tal vez de igualdad social, tal vez para armar una guerrilla como las que existían en Latinoamérica, o quizá para buscar lo que todo idealista anhela, paz y justicia para los pueblos oprimidos. “17 de noviembre de 1983. Tantos metros sobre el nivel del mar. Lluvioso. Montamos campamento. Sin novedad”. Así y con sus dotes de buena pluma Rafael Sebastián iniciaba el principio de una guerrilla armada en territorio nacional con todo lo que esto implica, me refiero a los trabajos de inteligencia de los gobiernos en turno; por lo menos un servidor no puede concebir que se estructure una célula beligerante al sur del país sin que el gobierno tenga conocimiento de esto, y no para su aprobación sino para su monitoreo y en todo caso su disolución. Es cierto que nunca se ha podido resolver el problema de la pobreza extrema al sur del país ni tampoco la opresión y explotación de los pueblos indígenas de dicha región; la Selva Lacandona, las regiones aledañas, la frontera con Centroamérica, zonas donde urgía y urge voltear la mirada para poco a poco ir compensando el nivel socioeconómico de todos los que somos mexicanos. 

El movimiento de “liberación nacional” tomó fuerza, creció, los habitantes de la zona se convencieron que era la única manera de hacerse escuchar, el Frente Zapatista de Liberación Nacional convocó a sus filas tanto a hombre como a mujeres, incluso niños, un movimiento para la libertad, para terminar con la opresión, para reivindicar a los pueblos del sur de México y pelear por lo que les pertenecía y les pertenece. Todo frente de lucha social debe tener su brazo armado su ejército, es aquí, estimado lector, donde me surge la duda sobre el desconocimiento de este movimiento por parte del Gobierno Federal; no tenían 10 armas tipo “cuerno de chivo” tenían un grupo armado nutrido de pobladores de la región y no precisamente eran cien. ¿Qué tanto sabía el gobierno del movimiento, hasta dónde los dejó avanzar y por qué, sabían de Rafael Sebastián Guillén Vicente y su participación en el Frente Zapatista? Seguramente lo sabían, sin embargo, no se procedió a desmantelar la célula y mire que el secretario de gobernación en 1983 era nada menos que Manuel Bartlett Díaz, el Secretario de la Defensa Nacional Juan Arévalo Gardoqui y el de Marina Miguel Ángel Gómez Ortega, pura fina persona, del bando de los rudos para contener cualquier brote de violencia o inquietud social que le pudiera molestar a Don Miguel de la Madrid, pero aun y con ellos, el Frente Zapatista y Rafael Sebastián le dieron para adelante. 

Se asentaron en la Selva Lacandona, en los municipios de las Margaritas y Ocosingo principalmente, y cuando el presidente Salinas anunciaba que México por fin había llegado al primer mundo y que el esquema neoliberal iba a sacarnos adelante, el primero de enero la fecha en que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, ese día, entre la celebración del Año Nuevo y la resaca, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se encargó ir por un balde de agua fría para todos los mexicanos y recordarnos que en el sur de nuestra nación ni siquiera la Revolución les había hecho justicia. La máscara sucumbió, la realidad nos alcanzó, nos detuvo de la parte trasera del cuello de la blusa, la playera, la camisa y nos contextualizó. Se imagina, San Cristóbal de las Casas Chiapas, la ciudad turística más visitada de ese estado, primero de enero, visitantes nacionales y extranjeros, un escenario excelente para manifestar su sentir, para llamar la atención mundial, finalmente para levantar la mano y demandar justicia, los invisibles se materializaron y con ellos todos nosotros que si bien no éramos invisibles teníamos una venda en los ojos que tardó en caer y dolió desde el primer rayo de luz que tocó nuestras pupilas.

12 días de “guerra”, para la cual México como país no estaba preparado, bueno cuándo hemos estado preparados para eventualidades o contingencias, siempre nos toman con los dedos en la puerta, más bajas del bando zapatista, más simpatizantes para el movimiento y para el Sub comandante Marcos, más “publicidad” para la entidad, más visitas, los reflectores del mundo en México, el líder latinoamericano comparado con Ernesto Guevara… esas si son palabras mayores pero bueno, el escenario perfecto para aprovechar y lograr el cometido del Frente Zapatista de Liberación Nacional, hacerse escuchar y mejorar su calidad de vida en todos los sentidos. Alguna vez en una entrevista para el Canal 6 de julio el “sup” dijo que ellos se iban a levantar el 28 de diciembre de 1994 pero por la fecha nadie les iba a creer, “lo decidimos pasar al primero de enero, no lo habíamos planeado así, la mayor parte de las cosas que pasaron ese primero de enero fue improvisado, incluido el simbólico pasamontañas, porque originalmente era el paliacate rojo. Ahora es el pasamontañas, Porque empezó el tira y afloja de ‘que se quiten el pasamontañas y que den la cara’. Y nosotros dijimos ‘bueno, vamos a quitárnoslo y ustedes también, o sea los políticos y el país entero’. Y se convirtió en un símbolo y se quedó”.

Llegó la tregua, las mesas de diálogo, el “zapatour” y poco a poco el movimiento comenzó a perder fuerza mediática, cambiamos de colores en Los Pinos y los zapatistas desaparecieron por completo, regresó el PRI y curiosamente los amigos zapatistas volvieron a la escena nacional e internacional, llegó el amigo Andrés y con él se incrementó su presencia, será porque nuestro presidente tiene alma, esencia, piel, color, mente, actitud y filiación priista. 

26 años después, retomar la lucha, llevarla a la mesa, resolverla de verdad, unirnos y luchar en serio hombro a hombro con ellos, especular, pensar que es el enemigo a la medida al cual se le puede vencer y que da presencia en medios (digitales y tradicionales) leer al poeta, seguir al líder de la guerrilla, saludar la intención, apoyar, ignorar, seguir.

Feliz 26 aniversario, queridos zapatistas, que la fuerza los acompañe y que por fin consoliden lo que por años se ha quedado en buenas intenciones de ambos lados.

 

ericazocar@hotmail.com | @ericazocar

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Eric Azócar

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