Opinión

Año Nuevo, humanidad vieja/ Sobre hombros de gigantes

Antes que nada, les deseo lo mejor para este año 2020 y todos los días de su existencia, y los invito a que sigamos en la constante lucha de la dignificación del ser humano. 

Comenzó un lapso más en el ciclo del calendario gregoriano. Nuevo año, nueva década, mismo daño, misma guerra. Lo nuevo es un número, e iniciamos con violencia, desprecio y desamor. La vida es perspectiva; óptica de destrucción y de tristeza, que asoma en cada rincón.

El inicio del tiempo aparece con rostros ensangrentados, otros llorando por sus pérdidas y unos más jactándose del logro al acabar con las vidas. El inicio del año dio más gente en las calles, con sólo el sol para esconderse de lo helado. El inicio del año es sólo un número y la esencia de algo que llaman humanidad impregna el ambiente. Ese es el aroma de la fiesta, del rito del nuevo lapso de promesas incumplidas, de reflexiones sin acciones, de la vida.

Vemos el llanto y los cuerpos masacrados. La sangre, la tierra, los desgarros de los gritos, de las plegarias no escuchadas, para alguien que ataca, es sordo, ciego y ocioso, que se divierte jugando a deshacer. Vemos a la élite en sus tronos, comiendo caliente, ocultos en pieles, sonriendo en bebidas, mamando la vitalidad de los otros que reciben la ira de lo que es la “raza humana”. Festejan, se pavonean, se “afligen” y caminan por las calles del ensueño, mientras que los demás son la alfombra que los sostiene en dónde están y les permite caminar. El equilibrio se hace ahí de una manera dura, destruyendo, haciendo polvo, equivocándose y, en “daño colateral”, destrozando al inocente, al que no pudo elegir, al que no pudo decir “no”, al que ayer caminaba para llegar, y que hoy es parte del paisaje de terror. 

Nos olvidamos del olvidado, del que no pudo llorar, del que lloró y no fue consolado, del que quedó mudo, y del mudo que gritó y no escuchamos. Nos olvidamos del negado que está a nuestro lado, en la esquina, en el parque, en el depósito de basura buscando sobras, luchando por vivir. Tanto en el mundo como en nuestro país, hay miles de personas que están muertas en vida y diariamente gritan, a oídos sordos, por ayuda. Alguna vez, César Beccaria preguntó qué género de gobierno era aquel dónde el que mandaba sospechaba  en  cada  súbdito  un  enemigo,  y se veía obligado por el reposo público a dejar sin reposo a  los  particulares. Como alguna vez escribí: discursos viejos, distractores viejos disfrazados de información nueva, disfrazados de nuevas estrategias, engañando ciclo tras ciclo a un espectador que sigue encantado de la mentira que se le muestra, pues “primero está todo lo que la gente quiere oír, luego lo que la gente quiere creer, después todo lo demás, y finalmente está la verdad…”.

Esperemos que nuestra sociedad vea, escuche y hable para darse cuenta que la violencia y la discriminación sólo generan más violencia y más discriminación; por el contrario, la educación y la satisfacción de necesidades ayudan a una vida adecuada y real seguridad ciudadana. Nos acercaremos a un verdadero nuevo año el día que haya menos gente y más personas. Habrá un verdadero nuevo año el día que haya menos personas y más humanos.

Es difícil pensar, pero más difícil reflexionar y ser capaz de actuar. Despertemos, acabemos con el genocidio del mundo y con la muerte que causa la indiferencia y el desprecio; y si tenemos dificultades en cambiar al mundo, por lo menos que el mundo no nos cambie, pues hay una gran diferencia entre ser humano y ser un humano; muy pocos la distinguen. Que nuestra lucha sea por transformar la realidad y no acomodarnos a ella.

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José Luis Eloy Morales Brand

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