In Lak’ Ech, Hala Ken / Sobre hombros de gigantes – LJA Aguascalientes
13/08/2020


En este inicio del 2020, quiero compartirles la siguiente reflexión: imaginen que el ser humano es mucho más que algo físico; que el cuerpo es un traje mediante el cual nuestro pensamiento nos permite experimentar en este mundo físico. Imaginen que nuestro cerebro nos conecta a un campo de energía que llamamos mente. Muchas veces olvidamos que somos energía; a veces pensamos que vivimos en un “mundo” cuando en verdad vivimos en un campo de energía; el problema es cuando nos atrapamos en nuestro campo y no vemos ni nos conectamos con los demás círculos de energía. 

El mundo que vemos es una pequeña parte del infinito en el que nos encontramos. Como escribió hace tiempo un investigador, el mundo físico es como una emisora de radio, y nuestros sentidos físicos se sincronizan con esa frecuencia, y por ello es todo lo que vemos. Pero a nuestro alrededor hay infinitas frecuencias, más allá de nuestros sentidos. Otros seres, como algunos animales, no tienen problemas en captar estas frecuencias; cuando el ser humano es un bebé, también tiene contacto con estas frecuencias, hasta que se desconecta por condicionamientos sociales, lo que a veces llamamos “maduración”; donde el asombro y la curiosidad se pierden por la cotidianeidad, la comodidad y el conformismo. Desde esta frecuencia física sólo podemos ver el 1% de todo lo que está ahí. Como escribió el mismo investigador, cuando abramos la mente y expandamos la percepción, estaremos viviendo en frecuencias con una conciencia infinitamente mayor acerca de quiénes somos y la naturaleza de la vida.

Volviendo a la alegoría del radio, cuando cambiamos de estación, dejamos de escuchar la primera porque estamos en otro rango, pero la primera estación no ha desaparecido; sigue emitiéndose, pero no podemos escucharla. Si decidimos sintonizarla de nuevo, ahí la encontraremos. Lo mismo ocurre con nuestra energía: somos pequeñas gotas de agua en un océano de energía que adopta infinitas apariencias. Este océano tiene diversas densidades de energía. En este momento nos encontramos en la densidad del mundo físico, pero todas las demás frecuencias están a nuestro alrededor y fluyendo entre nosotros, aunque sólo percibamos lo que nuestros sentidos pueden ver, tocar, oler, oír y saborear. El hecho de que no seamos capaces de observar estas frecuencias, no significa que no existan, sino que nuestra percepción es limitada. La materia es energía densificada en una vibración lenta, pero todos somos una única conciencia que experimentamos subjetivamente en lo individual. Somos lo que imaginamos y concretizamos. Somos una idea concretizada de una mente universal, y las ideas son a prueba de balas: Somos esa mente universal. 

Ya lo dijo Einstein: la energía no se destruye, sólo se transforma. Nuestra conciencia es energía, no se destruye; simplemente cambiando la frecuencia (temperatura) de la materia, se transforma a diversas densidades: el hielo se vuelve agua, el agua se vuelve vapor, y el vapor se hace más sutil. Todo es la misma energía pero en un estado distinto. El cuerpo físico del humano tiene varias frecuencias o densidades. Cómo aparece un objeto o una persona, depende de la frecuencia desde que se le observe. Como ejemplifica el mismo investigador, los “rayos X” se sintonizan con frecuencias que coinciden con estructuras óseas, de manera que no retratan la carne externa, que vibra en otra frecuencia. Si observamos el mundo desde una frecuencia similar a los rayos X, lo veremos en forma muy diferente, pero si consideramos leyes físicas de una frecuencia, para valorar o ver otras frecuencias, nunca saldremos de la ignorancia. Lo que puede aplicarse a una frecuencia, es para esa frecuencia y no para otra. Algo así como alguna vez dijo Antonio Gramsci, refiriéndose a la ciencia: “Creer que se puede hacer avanzar una investigación científica aplicándole un método tipo, elegido porque ha dado resultados en otra investigación, a la que se adaptaba naturalmente, es una extraña alucinación que tiene muy poco que ver con la ciencia…”. Todo, desde el aire hasta una gota de agua, desde el fuego hasta un pedazo de tierra, es energía en movimiento. Entre más despacio vibre, más sólido parece, y entre más rápido se mueva, más transparente llega a percibirse, hasta un momento en que pareciera que desaparece.



Somos nuestra propia imaginación: nuestras vidas, nuestra experiencia física, son una manifestación de nuestros pensamientos. Somos lo que creemos que somos. Nuestra imaginación sobre nosotros y el mundo que nos rodea, se convierte en nuestra experiencia física. ¿Piensas que eres tonto? Serás tonto, ¿piensas que sólo lo bueno le pasa a los demás? Sólo lo bueno le pasará a los demás: el pensamiento todo lo crea. Como escribió el investigador, en el mundo físico, el tiempo que transcurre entre el pensamiento y su manifestación física puede ser extenso; pero lo que vemos en el mundo físico como creación humana, no existiría si alguien no lo hubiera pensado. Pero en otros rangos de energía, donde es menos densa, el pensamiento y su manifestación se da en un instante; lo cual significa que vivimos en una ilusión, porque el mundo es un reflejo, es un espejo del pensamiento humano. Como creamos que es el mundo, así será; será nuestra percepción de lo que es. La realidad física es simplemente lo que uno cree que es real. Como lo dijo el investigador, si nos diéramos cuenta que ni siquiera vemos a los objetos, sino la luz que están reflejando, y que ese reflejo entra a nuestros ojos de cabeza, y el cerebro tiene que percibirlo en la posición correcta; si nos diéramos cuenta que no oímos el sonido, sino que nuestros oídos convierten la presión que pasa a través de la atmósfera en distintas ondas y nuestro cerebro las transforma en el sonido que percibimos, tal cual lo hacen los radios y las televisiones, pues las emisiones no se dan en forma de imágenes o sonidos, sino en ondas o vibraciones que son decodificadas, nos daríamos cuenta que lo real es nuestra energía llamada pensamiento. 

Vivimos en universos personales que coinciden y se conectan con otros universos. Observamos lo visible, el mundo físico, y lo que hacemos con él se convierte en nuestra realidad o universo personal. Nuestras visiones se conectan o dispersan, dependiendo la percepción del propio universo. Pero esa percepción no es lo que realmente es, sino lo que creemos que es: una ilusión generada por nosotros mismos. Cuando una mente está convencida de algo, eso se convierte en su realidad física. Como escribió el mismo investigador, no somos nuestro cuerpo; éste es sólo un nivel temporal para experimentar en esta frecuencia del mundo físico. El cuerpo es una proyección de la conciencia para interactuar con la energía densificada. Platón nos lo dijo: los cuerpos son solamente las sombras de la verdadera realidad. Cada partícula es una imagen del todo. Pero una proyección es una ilusión, y somos más que esa proyección física. 

Somos lo que ha existido, existe y existirá. Yo soy él, tú eres él, tú eres yo, y todos somos todo… No somos parte de la energía, sino que somos la energía. No somos un yo o un nosotros, sino un todo infinito. Las divisiones entre nosotros son una ilusión, y los conflictos entre nosotros son conflictos dentro de uno mismo. El conflicto exterior es expresión del conflicto interior, y con los que interactuamos son proyecciones externas de nuestro ser interno; de ahí la ley de la atracción o karma.

No hay que buscar afuera lo que está dentro de uno. La respuesta está dentro de ti. Si buscas afuera nunca lo encontrarás. Los problemas que vemos en el exterior, son el estado y las actitudes de nuestra conciencia. ¿Queremos Paz? Para cambiar lo exterior, hay que cambiar la proyección de ese exterior. Es simplemente una elección, una elección que se reduce a que si en verdad fuéramos empáticos y solidarios, no proyectaríamos conflictos al mundo exterior. No hay caminos para la Paz, la paz es el camino, según Gandhi…

Como afirmó el investigador, existimos en todas las densidades y nuestro núcleo es amor puro. Somos energía pura, simplemente somos eso. Todo lo es, todos somos uno. Somos todo el tiempo, todos los lugares, todo el pensamiento, todo lo que existe. Este amor puro se hace de diversas densidades externas para interactuar y experimentar. Y todo, a excepción de esta chispa de amor, se trata de una ilusión. Si realmente somos ese amor puro, nos podemos desprender de nuestro cuerpo físico, y nuestra conciencia se convertirá en esa chispa de amor que es toda la existencia. El mundo externo presenta las consecuencias de nuestras proyecciones. Para cambiar esa realidad hay que darnos cuenta que el mundo físico es una proyección, una ilusión, creada por nuestras propias mentes. Parafraseando a Freire, ninguna realidad es dueña de sí misma. El miedo, la venganza, el odio, son las bajas vibraciones que nos mantienen en la ilusión. El amor es lo que nos conecta al nivel más elevado de todo lo que existe. 

Si nos cambiamos, cambiaremos al mundo, se trata de un efecto mariposa. El mundo físico solamente es una atracción que podremos cambiar siempre que así lo queramos. Puedes hacer lo que quieras, puedes ser quien quieras, sólo debes cerrar los ojos y tratar de ver (Blues Saraceno). 

No hay que buscar afuera lo que está dentro de ti. Y eso que buscamos es simplemente amor. ¿Queremos Paz?, como lo dijeron los Beatles: todo lo que necesitamos es amor. In Lak Ech (yo soy otro tú), Hala Ken (tú eres otro yo). Feliz año 2020!

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