Los puentes peatonales no son para el peatón/ Agenda urbana - LJA Aguascalientes
08/08/2020


 

En estos días, la Secretaría de Obras Públicas del Gobierno del Estado de Aguascalientes anunció la construcción de seis puentes peatonales más en la ciudad “con la intención de complementar los pasos a desnivel”, de los cuales cuatro contarán con elevador (LJA.MX, 06-01-2020). Igualmente, la Secretaría de Obras Públicas del Municipio de Aguascalientes “proyecta la creación de siete puentes peatonales en los puntos del Segundo Anillo de Circunvalación donde ocurre el mayor número de accidentes”, que podrían sumarse a los seis previstos por el gobierno estatal (LJA.MX, 07-01-2020). En ese contexto, en este espacio se ha reiterado en diversas ocasiones que los puentes peatonales no están diseñados ni intencionados para mejorar la movilidad de los peatones, sino para acelerar el tránsito vehicular; es importante insistir en que se trata de infraestructura vehicular disfrazada de infraestructura peatonal. Veamos.

Los puentes peatonales por lo general se intentan justificar con el argumento de que supuestamente mejoran la seguridad de quienes caminan, pero en realidad no están pensados para los peatones, sino para evitar que los automóviles desaceleren para ceder el paso a las personas. Además, no necesariamente evitan los accidentes; por ejemplo, un estudio del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP) sugiere que, en 2010, en Ciudad de México, a menos de 300 metros de puentes peatonales en la ciudad ocurrió 27 por ciento de los atropellamientos, mientras que a menos de 100 metros de esos puentes ocurrió 11 por ciento de los atropellamientos. La interpretación que se suele dar al fracaso de los puentes peatonales como mecanismo para mejorar la seguridad vial es que la culpa es de los peatones por no utilizarlos, y prefiere omitirse que un gran porcentaje de los hechos de tránsito ocurre por exceso de velocidad o distracción al conducir, y no por la mera presencia de peatones en las calles de una ciudad.

Igualmente, con frecuencia se dice que las personas que no utilizan los puentes peatonales son perezosas e irresponsables, pero se evita aceptar que esa infraestructura no se utiliza simplemente porque no es funcional para quienes caminan, pues, primero, se ven obligadas a desplazarse distancias más largas para llegar hasta un puente peatonal, y, segundo, se ven forzadas a recorrer rampas y escaleras o utilizar un elevador para subir y bajar, lo que aumenta considerablemente el tiempo y el esfuerzo necesarios para atravesar una avenida. Además, los puentes peatonales suelen no considerar que las personas que caminan también pueden sentir cansancio y estar expuestas a condiciones climáticas inadecuadas, por lo cual, aumentar el tiempo y el esfuerzo necesarios para cruzar afecta considerablemente su movilidad -quienes aseguran que los puentes peatonales benefician a los peatones, probablemente caminan poco en la ciudad-.



Los humanos, como seres racionales, buscamos el camino más corto para llegar a nuestros destinos, ya sea para ahorrar energía o tiempo, o simplemente por practicidad. Igual que un automovilista, un peatón también busca llegar más pronto y más fácil a sus destinos. En ese sentido, los puentes peatonales contravienen el supuesto propósito de mejorar la movilidad peatonal, y, por el contrario, afectan la facilidad para desplazarse caminando de un lugar a otro. Por lo tanto, los puentes peatonales no son para el peatón, de lo contrario, no aumentarían el tiempo ni el esfuerzo necesarios para atravesar una avenida, ni se instalarían rejas, mallas o barrotes en espacios inferiores para literalmente obligar a las personas a utilizarlos.

En la actualidad, las acciones tanto del gobierno estatal como del municipal, demuestran que quienes hoy gobiernan aún creen que destinar el mayor espacio posible al automóvil generará grandes beneficios de carácter económico, social e incluso ambiental para la ciudad; al mismo tiempo, hoy en día centenares de ciudades en México y en el mundo se esfuerzan decididamente en impulsar modos de transporte más sostenibles, como caminar, al constatar, décadas después, que apostar por el automóvil generó más costos que beneficios para su población. ¿Por qué repetir lo mismos errores que muchas ciudades ahora buscan corregir? ¿Cuál es el interés? 

Una solución más creativa, equitativa, innovadora, e incluso más simple, sería invertir en cruces peatonales seguros a nivel de calle, que incluyeran adecuaciones geométricas, áreas de resguardo, reductores de velocidad, semáforos peatonales, pintura o marcas en el pavimento, señalética, etcétera. Una estrategia de esa naturaleza también podría ser más económica, considerando que un puente peatonal cuesta desde 1.5 millones de pesos, hasta cuatro o cinco millones cuando cuentan con elevador. La inversión en cruces seguros a nivel no sólo suele ser considerablemente menor, sino que además diversas experiencias a nivel nacional e internacional demuestran que la gran mayoría de los cruces pueden resolver a nivel de calle sin afectar considerablemente el tránsito vehicular. ¿Por qué no explorar nuevas soluciones o alternativas a problemas comunes de movilidad? ¿Por qué insistir en “soluciones” obsoletas?

En conclusión, la evidente preferencia por el automóvil que prevalece al interior de los gobiernos estatal y municipal difícilmente impedirá la construcción de los trece puentes peatonales recién anunciados; aún así, si no se invertirá en soluciones más innovadoras, por lo menos deberíamos comenzar por aceptar que: los puentes peatonales no son para los peatones. 

fernando.granados@alumni.harvard.edu | @fgranadosfranco

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