Reseña de León Trotsky/ La columna J – LJA Aguascalientes
24/09/2020


La vida sólo puede ser comprendida hacia atrás, pero únicamente puede ser vivida hacia delante.

Soren Kierkegaard.

Comienzo esta columna citando al gran existencialista que tenía la capacidad de dilucidar la realidad con la subjetividad de la verdad, y efectivamente en estos primeros días del año y de la década es menester tener la reflexión del pasado y de las personas que han perpetuado su nombre en el decurso del tiempo. Conservo el gozo de poder dedicar textos a personas que marcaron hechos de gran trascendencia, pues sin el ejemplo de los grandes líderes (el cual no es significa que hayan caminado en las sombras o en los destellos de oriente) no se podría entender el presente. 

Las cortesías políticas extienden loas a los acontecimientos recientes, León Trotsky es sin duda alguna, uno de los personajes que dieron los estilóbatos para que los políticos que provienen de una adversidad o el extremo de un dualismo, tomen como ejemplo sus postulados y la esencia de la lucha que le inspiró prácticamente toda su vida, la revolución. 

Trotsky hizo honor a su nombre, fue un león, que desafió con el poder de las ideas y también con la sagacidad de las armas rojas, a quien le representaba un adversario ideológico. La Rusia que era azotada por el desequilibrio generado por los Zares, se convulsionaba en guerras y en hambre, tenía un ejército dispuesto a todo, pero una realeza indispuesta a la gratitud. Como gran orador expuso que el patriotismo es la principal parte de la ideología mediante la cual la burguesía envenenaba la conciencia de los oprimidos para paralizar su voluntad revolucionaria. Cabe mencionar que cuando se viven grandes adversidades, no me refiero a cuestiones existenciales en las redes sociales como Facebook, me refiero a cuando la gente moría de hambre y el primer camino era la violencia, la historia ha creado con la esencia de los demiurgos a hombres de ideas y de doctrinas inspiradas en cambios radicales.

En su juventud se caracterizó por ser un agitador con ideas socialistas y populistas, dicha postura le costó su detención y encarcelamiento en Siberia, uno de los lugares más fríos del mundo, bien se dice que él carácter de los grandes líderes es forjado como el metal, a las más elevadas temperaturas.

Los precursores de la revolución de octubre fueron Vladimir Lenin en la parte política, en la parte ideológica León Trotsky y en las sombras Joseph Stalin. La Revolución Rusa fue un precedente a nivel mundial, marca en la historia un cambio radical y de vital importancia, la combinación de ideas de gran trascendencia y las armas desenfundadas por el ejército bolchevique mostraron al mundo la fuerza y la determinación de un movimiento gestado en el desequilibrio. Una vez asumido el poder y control, se volvió un personaje de suma confianza para Vladimir Lenin, lo cual le generó un gran alcance político, pero del mismo modo la osadía de enemigos dispuestos a todo.

Como un hombre caracterizado por la inteligencia optó por ser el comisario de guerra, en donde enarboló al ejército rojo, las acciones militares eran la continuación de sus ensayos de juventud, tal cual describió en su obra La revolución permanente fue su actuar en las fuerzas armadas, el nombre de León Trotsky representaba miedo, respeto y temor.

“Nada será que no haya sido antes. Nada será para no ser mañana. Eternidad son todos los instantes, que mide el grano que el reloj desgrana”, Ramón María del Valle.

Al morir Lenin, el camarada Stalin opta por alejar al león de su círculo de influencia y de poder, lo exilia a Asia central y posteriormente es invitado por Lázaro Cárdenas a México. Stalin encontró los modos para generar atentados con el firme propósito de acabar con la vida de su oponente político, y fue con el uso de un espía de falso apellido Jackson, cuando pudo vulnerar y posteriormente asesinar a quien fuese un ideólogo de la revolución. 

Francis Yukuyama en su obra El fin de la historia y el último hombre aduce que hoy en día hemos perdido el sentido de pertenencia, la cuestión ideológica ha perdido su esencia, de tal modo que ya no existe ese encuentro dualista entre los hombres y las naciones, para efectos prácticos, nadie cree en nada. No es que coincida con el actuar de León Trosky, solo Radamantis (juez del infierno) pudiera ejercer un juicio sobre la vida del revolucionario. Sin embargo, es menester resaltar la postura ideológica de alguien que hizo grandes cambios, evidentemente a grandes costos. La guerra y la política extienden libertad y conquista, también opresión e historia, y esta última es escrita con sangre para que pueda ser recordada en el eterno oriente.

Exponer a los oprimidos la verdad sobre la situación es abrirles el camino de la revolución.

Trotsky. 

 

In silentio mei verba.

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