Opinión

Un libro sobre la ficción, que reflexiona sobre la ficción y libros que se están escribiendo

  • Entrevista a Aura García-Junco sobre Anticitera, artefacto dentado
  • Un libro de exploración, de indagación, una novela construida a partir de historias fragmentarias

 

Si buscamos en Internet qué significa la palabra “Anticitera” la respuesta será: “El mecanismo de Anticitera es una computadora analógica (o mecánica) de la antigüedad. Supuestamente construido por científicos griegos, el instrumento se data entre los años 150 A de C y 100 A. de C. o según una observación reciente hacia el año 200 A de. C. El componente fue recuperado en el mar Egeo, entre los años 1900 y 19001, de un antiguo naufragio cercano a la isla griega de Anticitera. Este artefacto aparentemente fue diseñado para predecir posiciones astronómicas.” Y poco más se puede indagar de mecanismo. Aunque según nos dice Cicerón, es probable que este mecanismo no fuera el único.
Pero es justo de este este extraño y fascinante artilugio, que la escritora mexicana Aura García-Junco (Ciudad de México, 1988), desarrolla su primera novela, Anticitera, mecanismo dentada (FETA), un libro de exploración, de indagación, una novela construido a partir de historias fragmentarias, que en ocasiones nos recuerdan a microficciones o cuentos, historias que nos remiten a mitos medievales o clásicas, historias de locos inventores, magos, que sin duda, nos remiten a autores como Calvino o de Milorad Pavić, entre otros autores que podemos encontrar, perdiéndonos en las páginas de este libro anfibio, escrito en varios niveles y ritmos narrativos, un libro que se abre como un abanico que nos abre la puerta a un laberinto de posibilidades, en donde el lector se podrá encontrar lo mismo con Herón, con Arquímedes, que con monjes copistas medievales que se quedan dormidos ante sus copias y se despiertan asustados porque lo que han escrito tienen más que ver con sus sueños y no las palabras exactas de los filósofos griegos.
Anticitera, artefacto dentada es un mecanismo complejo, en el que se eslabonan las narraciones de aparatos que leen los astros, vapores hirvientes, manuscritos secretos e inventores enloquecidos, todo para generar una atmósfera de misterio, en donde los sabios se confunden con los aventureros, y nada es exactamente lo que parece.
“La idea original que le dio pie al libro, es en realidad la lectura de los clásicos, cuando salí de la universidad estaba tan empapada de los clásicos que decidí escribir sobre ellos, pero desde la perspectiva de cómo recibimos la antigüedad en la era contemporánea, que es a través fragmentos, sino abordarlo como si se tratará de un manuscrito, con fisuras, o cómo se aborda un aparato extraño, que se encuentra a medias, como es el aparato de Anticítera, que es el que le da título al libro.” Nos comentó en entrevista la colaboradora de revistas como Punto de Partida, Revista de la Universidad, Tierra Adentro, sobre ésta su primera novela publicada.
Javier Moro Hernández (JMH): Leemos en fragmentos, pero también se está escribiendo a partir de lo fragmentario ¿Se puede leer el pasado desde las posibilidades que nos da lo fragmentario?
Aura García-Junco (AGJ): Ahora estamos leyendo en fragmentos, las redes sociales se conforman de fragmentos y hay mucha literatura que navega y experimenta a partir de la fragmentación, pero yo no quise partir de la idea contemporánea de la fragmentación, más bien de la idea de un texto incompleto, ya que para mi tesis trabajé con textos fragmentario de la etapa medieval, mi trabajo consistía en analizar cómo se había recibido en la época contemporánea, y lo que encontré y me sorprendió, es que la interpretación de un mismo texto podía ser completamente distinto dependiendo del enfoque con el que era leído, entonces quería escribir un libro que posibilitará las diferentes interpretaciones, porque lo que me gusta es la posibilidad que dan los fragmentos de llenar los espacios que quedan y crear así un libro de misterio poco convencional, que es la idea de que el libro se complete con la lectura.
JMH: ¿Apelas a un lector curioso por la historia de la literatura? Por ejemplo, en tu libro nos encontramos con el mito de Abelardo y Eloísa, que a pesar de que ha llegado hasta la contemporaneidad, poca gente conoce a cabalidad.
AGJ: Creo que es la única característica que requiere un lector para este libro, que sea curioso y no frustrarse ante lo desconocido, no esperar que todo esté digerido, los lectores que he tenido son de distintas áreas, y algunos tienen noción de cosas clásicas, pero también he tenido lectores que desconocen los temas clásicos o medievales, pero que no han sentido que tuvieran que conocer las referencias, pues es cierto que retomo muchos personajes históricos o literarios, que después se convirtieron en historias populares del Medioevo.
JMH: La voz narrativa nos lo dice, es un libro que nos habla sobre la ficción, es un libro que reflexiona sobre la ficción, y además nos cuenta sobre libros que se están escribiendo en diferentes momentos. Es libro que reflexiona, por decirlo así ¿Qué te impulsa escribir un libro que se pregunta sobre la escritura?
AGJ: Creo que más que preguntarme sobre la escritura me pregunté sobre la transmisión y nuestra capacidad de conocer sobre lo que ya no está ahora, por ejemplo para mí la cuestión central sobre los clásicos, es que no la podemos conocer plenamente, en realidad ni siquiera podemos acercarnos a conocerla, aunque tengamos un bagaje al respecto, lo que quería era explorar era ese alejamiento que tenemos con la cultura clásica, que a pesar de que todo el tiempo se nos dice que somos descendientes y herederos de ella, no la comprendemos, y tenemos una visión muy parcial y sesgada por nuestro propio conocimiento, y eso me parece muy interesante con los clásicos, pero al mismo tiempo, está el tema de la transmisión textual que es cómo conocemos algo que requirió tanto tiempo y trabajo para llegar hasta nosotros, por eso es que en el libro hay varios personajes que están escribiendo manuscritos falsos, o hay copias de manuscritos, que es un tema que me parece muy interesante, el asunto de los copistas, que trabajaban justo copiando los manuscritos y cómo dependía del copista que quedará bien el manuscrito, pero también dependía del azar, dependía de que alguien decidiera que un manuscrito tenía valor por sí mismo y que no podía ser reciclado, porque era tan caro el material que todo el tiempo se estaba reciclado, entonces creo que en realidad me pregunté más cuestiones de historia y transmisión textual básicamente.
JMH: En tu libro además podemos encontrarnos con la idea de que no todo lo que nos llego es real o textual, pues encontramos copistas que están cansados, por ejemplo, y que se dan cuenta de que no estaban copiando exactamente lo que tenían que copiar.
AGJ: Pues creo que la cultura clásica, o cualquier cosa de la que estemos hablando, siempre va a tener un intermediario, puede ser la filología, por ejemplo, pero estudiando la historia, podemos ver cómo siempre ha estado cambiando, porque ha cambiado la concepción de quienes lo estudian, por ejemplo en algunos libros de historia podemos encontrarnos cosas que ya no son ciertas, que ahora nos parecen absurdas o chistosas, pero que al final era la utilización de algo que ya no existe, que ya no está aquí, para justificar las cosas que si están, o leídas a partir de las cosas que sí tenemos, entonces todo el tiempo el ser humano está resignificando los mitos, claro, hay métodos más científicos que otros, pero al final, nunca sabemos si el objeto de estudio no está del todo permeado por la visión que tenemos, pero en el caso de mi libro, descaradamente cambie toda referencia, porque mi pretensión nunca fue reconstruir nada, quería utilizar personajes que me parecieron interesantes de la historias y darle su propia vida aparte, y sobre esto, me interesaba mucho el personaje de Eloísa, que es un personaje que tiene mucho peso en la historia medieval, pero está muy subordinada a la historia de Abelardo, o solo como partícipe de una historia trágica de amor, pero ella en realidad era un personaje súper interesante, escribía, tenía tratados, tenía un montón de obra que no se conserva, algo que parece muy típico y que sucede mucho, pero en cambio de Abelardo se conserva un montón de obra, entonces quise escribirle un pasado pequeño a Eloísa, ahondar en su interior, quise escribirle un registro, que tal vez no sabemos sí fue real o no, pero que nos permite verla como un personaje más real.
JMH: ¿Cómo fue crear un libro que contiene tantas posibilidades?
AGJ: Pues en mi caso fue a partir del azar, porque fue a partir de la idea de encontrarme con un manuscrito, porque en realidad partí del eje de la máquina y de las posibilidades de interpretación de un objeto, del que no sabíamos cómo funcionaba, ese fue mi eje, que fue el conductor de todo lo que sucedió después, pero también estaba la posibilidad de reconstruir la máquina a través de un manuscrito, pero el libro se fue armando como si fueron textos independientes, como cuentos, por decirlo así, que después se fueron uniendo, tratando de llenar los huecos, los vacíos, pero el eje siempre fue la máquina y la idea de casar forma y contenido y tratar de que cada parte fuera el engrane de una máquina incompleta.
JMH: Quería preguntarte justo por la máquina, que es un poco el misterio de tu novela, esta máquina que aparece y desaparece a lo largo de la novela.
AGJ: Nunca quise que la novela se tratará solo del aparato, sino más bien de cómo se concebía y de las consecuencias que tenía, entonces, es en ese sentido es que aparece y desaparece, y de hecho principalmente desaparece, casi nunca está en el primer plano de la novela, lo que sucede es que los personajes siempre se están acercando y alejando del aparato, excepto en la parte intermedia de la novela en donde desaparece casi por completo, porque ahí me interesaba mucho la fragmentación y la narración no lineal, que permiten que hayan muchos puntos de vista hacia una sola circunstancia o hacia un solo objeto, como es la máquina.
JMH: La máquina es una posibilidad, pero también tenemos el baúl ¿Para ti que simboliza ese baúl?
AGJ: No me gustaría contarlo o contárselo a los lectores, no me gustaría imponerles interpretaciones.
JMH: Es un libro que se puede leer fragmentariamente, como decíamos, aunque conserva varios ejes o líneas narrativas, tiene personajes que aparecen y desaparecen, pero también se puede leer cómo cuentos.
AGJ: Muchos de los fragmentos empezaron con la intención de ser cuentos, que se cerrarán en una segunda parte y que se unieran, entonces el planteamiento era de novela, pero siempre desde la posibilidad que algunos fragmentos se pudieran leer por sí mismo, y me gustan eso, porque permite una lectura diferente, el lector puede leer los fragmentos que más le gusten, no todos se cierran, porque muchos se cierran como si fueran microficciones.

 

Ficha:

Anticitera, artefacto dentado (novela)

Autor: Aura García-Junco

2018, 112 pp.

Como una compleja maquinaria, en Anticitera, artefacto dentado, de Aura García-junco, se eslabonan las narraciones de aparatos que leen los astros, vapores hirvientes, manuscritos secretos e inventores enloquecidos, para crear una atmósfera mágica y misteriosa. A partir de la configuración de una ficción consciente y honesta, como ya se anuncia desde el epígrafe que abre la novela, el lector se adentra en un universo imaginativo con reminiscencias a las leyendas antiguas y los referentes clásicos.

La estructura fragmentaria, relatos individuales que componen un conjunto, funciona a su vez como un sistema solar o, mejor dicho, como los engranajes de un artilugio complejo. Así, cada capítulo, aunque en apariencia independiente, es una pieza más que gira alrededor de una sola historia: la del artefacto capaz de predecir el movimiento de las estrellas y los planetas. Inspirada en aquellos maravillosos objetos inventados en la antigua Grecia, esta narración es también un mecanismo de relojería.

Para acercarse a la presente novela, no hace falta ser alquimista ni pionero de la técnica y la ciencia, ni tampoco anticipar las posiciones astronómicas, pero sí tener una mente abierta. Al igual que Arquímedes imaginó instrumentos que recreaban el momento en que “el sol y la luna bailan en una partitura perfecta, matemática, de proporciones y doblajes”, en estas páginas los elementos ancestrales se reinventan.

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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