Opinión

AMLO el conservador II/ Memoria de espejos rotos

I don’t need to fight

to prove I’m right. 

I don’t need to be forgiven.

Baba O’Rilley – The Who

 

El anatema favorito con el que Andrés Manuel López Obrador descalifica a toda expresión, organización, personaje, o coyuntura, que se le oponga a él o a lo que él considera “su movimiento”, es el adjetivo de Conservador. Sin embargo, el propio López Obrador ha sido sumamente conservador al alejarse de la agenda de izquierda progresista que muchos de sus electores abrazaron como una esperanza al votar por su proyecto político. Entre esta agenda política de izquierda progresista se enlistan los siguientes puntos, a los que AMLO se ha resistido abordar, discutir, o impulsar; sea personalmente, o con el poder que le confieren la titularidad del ejecutivo federal y la mayoría legislativa en manos de su movimiento partidista. Los puntos son:

*Plena equidad de género: tema que AMLO ha mencionado a nivel discursivo, pero que no ha trascendido en acciones concretas en los tópicos de: 

    • Movimiento feminista. Ante la insoslayable violencia en todas sus expresiones, sufrida por las mujeres mexicanas, que se concreta al día en un promedio de 10 feminicidios, cientos de delitos de violación, miles de acciones de acoso, y millones de actos machistas normalizados, las mujeres han alzado la voz mediante diversas manifestaciones. La respuesta del presidente ha sido tachar las acciones del movimiento feminista como un ataque de sus adversarios conservadores, no sin antes reducir recursos a estancias infantiles, a la atención del cáncer de mama, o a las organizaciones civiles que dan refugio y apoyo a mujeres víctimas de violencia. Igualmente, en el tema de la libertad reproductiva y de maternidad elegida, AMLO no ha querido ser contundente por la despenalización nacional del aborto; y cuando miembros de su movimiento se han pronunciado a este respecto, el presidente no hace eco ni sube el tema a la agenda presidencial.
    • Poblaciones LGBTTTI. En este tema, AMLO se ha mantenido igualmente ambiguo, sin contundencia más allá de los lugares comunes en el discurso de la tolerancia. En las 461 páginas del documento que contiene su Proyecto de Nación, palabras como transgénero, lesbiana, gay, LGBT u homosexualidad no aparecen ni una sola vez. Forma es fondo. En este tema, Enrique Peña Nieto hizo más por impulsar la universalidad del matrimonio igualitario, por poner un ejemplo. Del mismo modo, no hay una política pública clara para prevenir y erradicar la violencia contra las poblaciones LGBTTTI; así, durante el gobierno de AMLO, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ya ha denunciado ataques contra esta comunidad en México. en el mismo sentido, la transversalidad del tema de salud (desabasto, falta de claridad en la operación de programas, demanda que rebasa la oferta pública, y mala planeación de la distribución de fármacos) ha puesto a los pacientes LGBTTTI que necesitan tratamientos retrovirales en una situación de indefensión y de peligro.

*Muerte digna, eutanasia, y suicidio asistido. Sobre esto, pese a que países con gobiernos progresistas ya han legislado y ejecutado políticas que regulan el deceso voluntario (incluso no sólo para enfermos terminales o de edad muy avanzada), la agenda política de la tetramorfosis no lo considera asunto importante, a pesar de que es un tema que sectores de la sociedad demandan, en alivio de la situación de pacientes y familias en condición de precariedad, y de salud terminal.

*Política de drogas. AMLO sigue en la posición timorata de penalizar el consumo, y no de tratarlo como un tema de salud. Se opone a la regulación de sustancias y a su uso lúdico, mientras apuesta por el prohibicionismo que (se ha demostrado) deviene en más violencia y dificultad para combatir el problema.

*Recaudación progresiva. El tema tributario se ha perdido en promesas de campaña, y en realidades que –de facto- están lejos de mejorar la situación económica de las clases vulneradas por el capitalismo. Mientras que la agenda de la izquierda progresista protege fiscalmente a las clases menos favorecidas y endurece la recaudación con las élites económicas, para lograr una progresividad equitativa; AMLO se recarga en el pequeño contribuyente y deja que las empresas millonarias continúen sin una tributación progresiva y correspondiente al capital generado; sea en tema de ingresos, de herencia, o de distribución de la riqueza.

*Militarización, seguridad pública, combate al crimen, y erradicación de la violencia. Las agendas de izquierda progresista apuestan por estrategias no violentas ni confrontativas en el combate al crimen y en la procuración de la seguridad pública. Eso quiere decir que la militarización está fuera de la agenda progresista. Sin embargo, la llamada Guardia Nacional ha sido nada más que la continuidad de la militarización iniciada con Felipe Calderón. Con un cambio de uniforme, y arreglos legales al vapor, esta milicia está integrada por una mayoría de mandos castrenses (en activo, en retiro, o con licencia), y tropas de la leva forzosa en la PFP y en otros aparatos de seguridad, principalmente el Ejército y la Marina. Paralelamente, se opera sin estrategia táctica para ahorcar financieramente a las organizaciones criminales, y de forma reactiva ante el embate de la violencia que nos mantiene en índices de fallecidos en situaciones propias de los países con guerra civil. Además de no abundar en la insensibilidad y la falta de empatía que ha mantenido con las víctimas de violencia.

*Derecho humano a la migración. En el tema de la política migratoria, el gobierno mexicano ha sido, de hecho, el muro de Donald Trump para contener las oleadas de migrantes e impedirles el arribo a Estados Unidos. No sólo eso, sino también el gobierno, una vez contenidos los grupos migrantes, ha violentado los derechos humanos de estos grupos en tránsito, y ha –incluso- impedido el acceso de organismos observadores de derechos humanos a los centros de detención. Esto podrá ser cualquier cosa, menos ni de izquierda ni progresista.

*La cultura como eje del desarrollo. Mientras que otros países con gobiernos progresistas y de izquierda han visto al arte y al desarrollo cultural como vía para la mejora colectiva, para la preservación de los patrimonios, para el abatimiento de las violencias, para la generación de resiliencia social en entornos vulnerados, etcétera; la tetramorfosis padece graves adeudos en este tema, el cual ha abordado desde perspectivas fragmentadas, incumpliendo a las comunidades de creadores artísticos y de gestores culturales, y llevando la política cultural al terreno incompleto de privilegiar sólo algunas expresiones, en detrimento de otras; así también, descalificando a los intelectuales y creadores que le son críticos, a través de persecuciones mediáticas o de señalamientos públicos acusándolos de fifís, de –una vez más- conservadores, sólo por no adherirse a su forma de entender la cultura.

*Estado laico y separación iglesias y estado. En este rubro AMLO ha demostrado ser un conservador, por donde se vea. Más allá de sus citas bíblicas en las intervenciones oficiales, de sus regaños moralizantes con parábolas, de su apostolado por elevar la vida espiritual de México; el presidente de la república ha favorecido a las iglesias, específicamente a las de confesión evangélica adscritas en la Cofraternice; mediante el programa de Jóvenes construyendo el futuro ha empleado a estas iglesias y a sus líderes (tanto en la nómina gubernamental, como en la operación de la entrega de su cartilla moral); ha solapado la idea de entregar medios de comunicación a los televangelistas; ha propiciado la presencia de las iglesias en actos y recintos oficiales; y ha sido blando y timorato en desmarcarse fehacientemente de la confesión de las iglesias cristianas, mismas que fueron un apoyo electoral para que el propio AMLO llegara a la presidencia de la república.

*Distribución equitativa de la riqueza. Uno de los temas distintivos de las izquierdas progresistas es el económico, en el que el bienestar se plantea como un derecho equitativo y no como un privilegio de clase. Ante esto, AMLO, lejos de tener una agenda de izquierda, ha mantenido una política populista y clientelar, basada en entregar recursos a grupos poblacionales específicos, con una operación de carácter electoral que el PRI diseñó y perfeccionó.

Visto así, en global, la política de la tetramorfosis, encabezada por el caudillo Andrés Manuel López Obrador es más conservadora de lo que él mismo está dispuesto a admitir. Que lo sea no es en sí mismo pernicioso, que tendencias e ideologías hay para todos los gustos. El problema es que se vende a un electorado ávido de esperanza como algo que no es, y eso -además de deshonesto- va en detrimento de la formación de una ciudadanía crítica, que es justo lo que hace falta para mejorar tanto el sistema político, como el económico o el social de nuestro país.

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Alan Santacruz Farfán

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