Opinión

Amores Snuff/ Otra inútil columna para la paz

Desde hace varios días vivo con la sensación de que me falta el aire, siento algo atorado en el pecho. No, no es falta de aire, el aliento es lo que está ausente. 

Tengo tanto que decir respecto a los feminicidios de los últimos días, que me he quedado sin palabras, hablar del dolor duele. 

O tal vez he escuchado tantas cosas alrededor de estos crímenes monstruosos que pienso que poco queda por decir, no puedo dejar de pensar, en que en cualquier momento alguna de las mujeres cercanas a mí, será la siguiente, no puedo dormir pensando en mis amigas, mis primas, mis sobrinas, mis compañeras de trabajo. 

Ante cada uno de los casos, muchos de los usuarios de redes sociales, a través de miles de comentarios y posts han hecho los mismos cuestionamientos a las víctimas, a las mujeres que fueron violadas, apuñaladas, quemadas y/o desolladas, a ellas que fueron asesinadas con sadismo desmedido se les pregunta porqué no se cuidaron lo suficiente, porqué no salieron de esa relación violenta, porqué no pidieron ayuda. 

Cada vez que leo alguno de estos cuestionamientos siento náuseas, ahora resulta que las víctimas tenían más responsabilidad que aquellos que las lastimaron con tanta crueldad. No jodan. Además quizás no se den cuenta, pero entre mujeres tenemos estrategias para cuidarnos, aun así no logramos blindarnos. 

Es verdad que la mayoría de las víctimas tenían una relación sentimental con quienes fueron sus asesinos. El porqué no dejaron esas relaciones a tiempo, pues porque no están sencillo, nuestra parte racional nos dice que hay que huir de dónde se sufre, pero las investigaciones en el tema nos muestran que para que una mujer pueda dejar una relación violenta se necesitan de 5 a 7 intentos, y claro con cada intento fallido las personas cercanas empiezan a irse, las mujeres se quedan entonces solas, sin redes de apoyo y con un sentimiento de culpa por no ser lo suficientemente valientes. Dejar una relación violenta no es un proceso tan sencillo. 

La sociedad nos enseña a las mujeres que tenemos que dar todo por amor, pero no se nos enseña que cuando duele ya no es amor. No se nos enseña a protegernos, por el contrario se nos exige que entreguemos todo de nosotras, aún cuando nos quedemos vacías. 

¿Por qué esas mujeres no dejaron las relaciones amorosas violentas? Pues a lo mejor porque ni siquiera sabían que podían, o porque creyeron que su amor a ellos podía cambiarlos, porque tal vez nunca supieron que eso ya no era amor, era maltrato. 

Ahora, no nos hagamos guajes, muchas de las víctimas de feminicidios sí denunciaron violencia doméstica, incluso contaban con órdenes de restricción para sus agresores, ¿de qué sirvió que hicieran las denuncias ante las instituciones correspondientes? Pues de poco, diría que de nada. 

Lo anterior refiriéndome a los casos de mujeres adultas, pero los feminicidios de niñas se han duplicado en los últimos cinco años. Tenemos una deuda grandísima con las infancias. La teoría no me alcanza para entender la violencia que viven las niñas. 

No es únicamente terror lo que siento: es desesperanza.

Esta desesperanza comienza por el silencio del Estado, si se pudo paralizar al país para evitar el robo de gasolina ¿por qué no lo hemos parado para evitar que dejen de matar mujeres y niñas? Parece que esas vidas no importan. 

Mi desesperanza proviene también de la falta de empatía que la sociedad tiene hacia las víctimas y sus familias, de cómo la sociedad no se indigna ante la cifra de feminicidios y de ver cómo cada caso se convierte en un espectáculo mediático, hasta que un caso más brutal robe la atención pública. 

No es casualidad que las fotos de los feminicidios se filtren a la prensa, ni que para la prensa sea un negocio redituable, son muchos los periodicuchos de nota roja que existen. Cada día muchas personas buscan ese material gráfico, nos encontramos ante un consumo de la crueldad, el snuff dejó de ser una afición clandestina, por el contrario, cada vez es más fácil acceder a fotografías, videos y audios de los crímenes, crímenes cometidos mayoritariamente por hombres que dijeron que amaban a esas mujeres, si el precio del amor es terminar siendo protagonistas de contenido snuff, dejen de amarnos tanto.

Me pregunto en qué medida el consumo de ese contenido, influye en el aumento de la crueldad en los asesinatos de mujeres. Mayor snuff para una audiencia sedienta de brutalidad desmedida.

La violencia sigue escalando, ya es momento de dejar de culpar a las víctimas, para comenzar a cuestionarnos cuál es el papel que jugamos en la reproducción de la violencia. 

 

@KarinaPizarnik 

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Karina Leyva

Karina Leyva

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