Opinión

Desigualdad en la diversión/ Matices

Los Derechos Humanos establecen el derecho al acceso a la cultura y a la felicidad. Uno podría pensar que es un derecho sencillo de estructurar para garantizar igualdad, pero no es así. Desde mi punto de vista es una de las expresiones de la desigualdad más tristes que existen: no podemos acceder al mismo arte todos. 

Según la declaración universal de los derechos humanos, todos, por ser humanos tenemos derechos culturales y de recreación, sin embargo, la realidad del sistema-mundo y de México en particular es realmente contraria. Y desde mi perspectiva de la vida, es una tragedia humana, es una miseria de nuestra generación y una de esas tantas actitudes que nos deberíamos lamentar como humanidad. Y vamos desmenuzando poco a poco.

En México, quienes más trabajan son los más pobres. Es fácil llevar esto a una experiencia cercana, muchos conocemos trabajadores que en sus tiempos libres hacen otros trabajos o que atienden arreglos de compadres, amigos o el patrón, el fin de semana, es decir, trabajan todos los días y ese trabajo excesivo no les permite ni siquiera imaginar algún tiempo de recreación familiar o personal, alguna ida al museo o al parque. Esa sería una señal invisible de la igualdad; es decir, detenernos en un parque y mirar alrededor, observar a las personas y familias y descubrir en ellas una historia particular, pero sobre todo hay una historia trágica en aquellas familias que no están en el parque o que falta mamá o papá porque tuvieron que trabajar. Esas historias invisibles que no cuenta la desigualdad son trágicas. No hay estadísticas de personas en México que pueden ir a un parque una vez por semana, me parece que es porque no le tomamos mucha importancia a la salud mental, la diversión o la recreación. 

En cuanto a la cultura, pensemos en las películas nominadas a los Oscar en la reciente edición; todas son películas que se proyectan en los cines, cuya entrada promedio tiene un valor de 80 pesos por persona, el más barato, más de un salario mínimo, claro habrá quienes me digan que para eso está la piratería, y en ese sentido esta me parece que tiene una misión noble en la vida de las personas más pobres y es acercarles las películas a un precio más accesible, sin embargo, pensemos en las personas que ni tiempo tienen para ir al tianguis a comprar esa película o que ni recurso económico tienen. A veces vivimos en una burbuja tan encerrada en nosotros, por ejemplo, pensaríamos que todos los adolescentes saben qué es Avengers, sin embargo, la cruda realidad, es que en escuelas técnicas ni por el cine o ni por la piratería saben qué rareza es esa de los Vengadores. Hay un mundo paralelo en el acceso de la cultura y el arte, aquellos que ven Parásitos y aquellos que solo tienen acceso a la TV abierta una vez por semana y me parece que eso sí tiene un impacto en la vida. 

Soy un convencido que uno de los tratamientos más eficaces para la salud mental debe ser el arte, el arte es ese lenguaje universal que sanó a muchos, curó a tantos y provocó catarsis de muchos artistas, lleva en la obra una cura que solo quien la percibe puede tener, solo quien escucha una canción puede sentirse curado en algo, en su solo síntoma, no puede curar la canción a las personas de una manera igual, lo mismo pasa con una pintura o una obra de teatro. Y si a estas obras de arte sólo pueden acceder las clases sociales más altas, no solo porque el precio de los museos o exhibiciones sea alto o bajo, sino como dije, porque no hay ni siquiera condiciones para que estos asistan a esos eventos culturales, como el descanso laboral o el acceso en la movilidad. Es una labor loable y de mucho reconocimiento que los gobiernos enfoquen recursos desmedidos al acceso a la cultura y al arte, subsidiando eventos, cubriendo costos, para que los boletos sean accesibles o para llevar clases de música y arte a los más pobres, sin embargo, el acceso a la cultura va más allá, es un asunto estructural, la industria no es solidaria sino exclusiva. Claro que el asunto también es sobre los ingresos y la desigualdad económica en general, pero la industria también podría hacer lo propio. 

Pensemos en las plataformas de streaming, su costo y su alcance, ¿quiénes tienen Netflix?, ¿quiénes ven series?, ¿quiénes consumen? Los de una clase media o alta. Eso también es una expresión profunda de la desigualdad. Acciones como las de Guillermo Del Toro al poner a disposición de la clase con menos recursos su exposición En Casa con mis Monstruos en un precio accesible una semana completa y dando boletos gratis los lunes, con recorridos que él mismo hacía, son acciones que hablan de la solidaridad de la industria. 

Claro, debe transformarse el sistema-mundo por uno más igual, pero no solo son los Estados, es también la industria y los generadores de contenido, quienes sólo le producen a una clase, media y alta, y excluyen sin decirlo y de manera invisible, a los más pobres. Esta desigualdad me parece una tragedia, todo el mundo merece arte, cultura y diversión.

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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