El movimiento que cambiará al mundo/ Matices – LJA Aguascalientes
15/09/2020


Esta generación transformará al mundo y entregará un mejor futuro: eso es para mí el movimiento feminista. Es un movimiento antisistema, como escribió Ivabelle Arroyo, por eso molesta y aturde, por eso es polémico: porque lo que busca es romper todo para construir un nuevo sistema. Podría sonar muy radical, pero así lo es. Todo el sistema es masculino y machista, más en los países en vías de desarrollo, como México. Hay muchas cosas que transformar y que se deben discutir, Democracia Deliberada lo escribió bien también, la 4T debe ser feminista o no será, lo parafraseo, el futuro debe ser feminista o no será. Y no escribo esto desde una postura que aniquila al hombre sino de una visión donde las causas del feminismo sean las que rigen e impacten a una sociedad más justa e igualitaria que también interpele al hombre, me decía Susana Ochoa en una mesa de debate: también debemos hablar de las masculinidades, de cómo el exceso de una construcción masculina como principal proveedor o como una que no puede hacer ciertas actividades también termina reflejándose en machismo o violencia: estos cambios son los que el feminismo nos propone; cambiar ese sistema. 

¿Por qué es buena consigan romperlo todo? Porque la destrucción es un símbolo de que nada sirve con el sistema. Ese sí es un símbolo con contenido, no como los del presidente. ¿Por qué las mujeres lideran el movimiento? Porque son víctimas, son violentadas, son muertas, son la principal carga del sistema económico y el principal olvido, porque históricamente han sido violentadas de manera sistemática y porque no hay manera en que pensemos que este movimiento revolucione al mundo sin el protagonismo femenino y activo en todos los sectores. 



Hace unas semanas meditaba con una gran amiga sobre quién diseñó la teoría política y social en el mundo, quién escribió sobre democracia, sobre libertad o sobre derechos humanos, llegamos a la conclusión que en una gran mayoría fueron hombres blancos y en el privilegio; si transferimos esa reflexión de la opinión pública en nuestro país quizá lleguemos a la misma conclusión, sin que esto sea una declaración de odio, pero sí una declaración para poner las cosas en su justa dimensión, a lo largo de la historia quienes han escrito, publicado y planteando ideas y planteamientos están en una posición de privilegio, más aún si pensamos en la distinción entre hombres y mujeres y es evidente y razonable las luchas y señalamientos que se dan en redes sociales sobre mesas de discusión sobre feminicidios sin hombres o ideas de democracia sin hombres. Esta idea es potente porque cuestiona un status quo, por ejemplo si vamos al cuerpo académico del Colegio Nacional, hay una o dos mujeres entre la mayoría masculina. Si las ideas se generan bajo esas condiciones, ¿qué sistema se puede construir? 

Lo mismo ocurre con la toma de decisiones públicas y políticas, si bien es cierto que las reformas políticas han garantizado la inclusión de la paridad de género en candidaturas y que se ha reflejado en mayor integración femenina, nuestra constitución en 1917 se construyó con la voz varonil, y con una visión histórica la mayoría de sus reformas se ven realizadas por cámaras de mayoría masculina: nuestro diseño institucional se diseñó con una visión masculina y nuestros derechos igual. Ante esto, podemos hablar del sistema de cuidados, ese sistema que ni siquiera se debate por nuestra estructura masculina; por ejemplo si pensamos en licencia de maternidad no es ni por poco cercano la licencia femenina que masculina y eso habla también de las masculinidades no atendidas y da apertura a la violencia: el hombre no debe hacerse cargo del bebé y si pensamos en un hombre que rompe esa estructura, no hay un marco de derechos que lo garantice, aunque la constitución diga que los derechos son para todos; en ese sentido estudiar la licencia de maternidad y paternidad igualitaria no es solo para las mujeres, es la transformación de un sistema con visión femenina que beneficia directamente una causa femenina pero indirectamente a las masculinidades. 

El Sistema de Cuidados son ese conjunto de mecanismos que garantizan el cuidado de otras personas, de los adultos mayores, de los presos o de los niños, en México, por ejemplo, este sistema es gratuito y una señal de desigualdad, porque esa actividad la realizan las mujeres sin recibir ningún beneficio económico o fiscal. Por ejemplo, pensemos en una mujer que trabaja 8 horas al día y paga la mitad de su sueldo en que le cuiden a sus hijos: es contradictorio y trágico porque no hay una economía de cuidados, donde la mujer pueda trabajar 4 horas al día y no gastar en el cuidado de su hijo o hija pero recibir un incentivo para no tener que trabajar las 8 horas. La principal causa porque las mujeres no trabajan es porque deben cuidar y se ha convertido en mantra afirmar que cuidar es de mujeres: esta idea es la que hay que derribar cuando hablamos de sistema de cuidados; si nos convencemos de que cuidar es de hombres y de mujeres y lo traducimos en un marco normativo sería un cambio estructural radical. Y un dato para cerrar sobre el sistema de cuidados, el 10% de mujeres dejan todo por cuidar, mientras solo el 1% de hombres lo hace, la diferencia es abismal de 10 a 1. Las jornadas laborales también es parte de ese debate de fondo. 

El movimiento feminista sacudirá el mundo y el país, y no será por la vía oportunista de populismo penal, por ejemplo, la acción más congruente con el feminismo, desde mi visión fue la posición de la diputada independiente Rojas, quien votó en contra de aumentar la pena por el feminicidio, según lo publicó Catalina Correa, esa es una propuesta desde la estructura machista, las mujeres son las que cuidan a los procesados, aumentar la pena afecta directamente a las mujeres que cuidarán 5 años más a sus presos. 

Si pensamos en la 4T podría parecer que vamos incluso en reversa, la regresión en las estancias infantiles, en los albergues o con la incertidumbre del INSABI que afecta a diversas clínicas como las de cáncer de mama, eso tiene un impacto directo a las mujeres, que no podrán dejar a sus hijos para que los cuiden o responsabilizarse de aquellos que asisten a un albergue o morir de cáncer de mama que es controlable. Si nuestro debate se centra en la declaración o no del presidente es también por la estructura masculina de nuestro pensamiento, opinión pública y gobierno, ponemos al centro su opinión de manera vertical sin que importe nada más. Que se destruya y rompa todo como símbolo del futuro que debe romperse para transformarse.

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