El país que no amaba al periodismo crítico/ Otra inútil columna para la paz - LJA Aguascalientes
27/01/2023

Recientemente llegó a mis manos el homenaje que el periodista Kurdo Baksi ha escrito sobre quien fuera su amigo cercano y compañero de oficio, Stieg Larsson, a quien conocemos por su trilogía de novela negra “Millenium” en la que su protagonista, Lisbeth Salander, una joven hacker que lucha diariamente por sobrevivir en el sistema de servicios sociales sueco que la ha revictimizado desde su infancia, esta chica acompañada del periodista Mikael Blomkvist, se dedica a desenmarañar una serie de casos que involucran corrupción, trata de mujeres, fascismo, xenofobia, machismo. 

Lo que unía a Baksi y a Larsson, era el interés que tenían de mostrar el crecimiento de expresiones xenofóbicas en la Suecia de principios de los noventas, en ese momento el partido político Sverigedemokraterna (los demócratas de Suecia) esta organización abiertamente de ultraderecha con tintes nacionalistas empezaron a ganar relevancia en las elecciones de 1994, es así como Larsson decide construir la revista “Expo”, una publicación independiente cuyo objetivo era “estudiar y analizar sistemáticamente las tendencias antidemocráticas, racistas y de extrema derecha que existen en la sociedad” un proyecto periodístico ambicioso, que generó un gran debate público desde su primera publicación, pero que según lo relatado por Baksi, ganó muchos enemigos rápidamente y debido al clima político que se vivía, muchos de los anunciantes, así como la mayoría patrocinadores decidieron retirar su apoyo financiero debido a las constantes amenazas que recibían y al creciente número de ataques racistas en el espacio públicos, realizados por distintos grupos abiertamente neo-nazis. La revista terminó desapareciendo, al menos por un tiempo.

Más allá de mi afición por la trilogía millennium y mis ganas de saber más sobre Larsson, recomiendo este texto para tener un acercamiento en primera persona, al oficio del periodismo de investigación, hubiese pensado antes de terminar el libro, que en el llamado primer mundo, quizá las personas que escriben en periódicos y revistas no tienen las dificultades con las que se enfrentan quienes ejercen este oficio en un país como México. Pues miren, no son contextos tan diferentes, al parecer ser una voz crítica siempre será sinónimo de exponer la vida.

Muchas han sido las críticas a la oferta de medios que hacen periodismo de investigación en México, país que ha sido catalogado como el más peligroso para ser periodista según lo documentado por la organización Reporteros Sin Fronteras; ante una crisis de violencia y ninguna garantía de seguridad para reporteros ¿quién quiere hacer y puede periodismo de investigación?.

La investigación periodística es una tarea titánica, requiere de todo un equipo enfocado a seguir las huellas que van encontrando, los lleve o no a algo relevante, requiere de un flujo constante de capital financiero y claro, de mantener a los colaboradores motivados, pero sobre todo seguros para ejercer su trabajo. ¿Quiénes son los principales enemigos del periodismo de investigación? Pues podemos pensar en aquellos que tienen la capacidad de asesinar a quien diga algo que no les gusta, pero también lo son los centros de trabajo que no proporcionan condiciones, ya no digamos ideales, sino dignas.

Utópicamente pensaríamos que sobraría quien quisiera apostar a un modelo así de ambicioso para la búsqueda de información verídica, la verdad es que son pocos los medios que pueden costear proyectos de esa magnitud y mantener los sueldos medianamente decentes de sus reporteros ¿a poco creen que los periodistas no necesitan comer?, bueno a algunos medios se les olvida, pero sus reporteros también comen, se enferman y de vez en cuando duermen.

Este libro me hizo pensar en todas las personas que contra todas las adversidades que existen debido a la violencia que vivimos en el contexto mexicano, salen todo los días a buscar las noticias para informarnos, no queda más que agradecerles, esta otra inútil columna para la paz, es para ustedes, pues a pesar de que el oficio periodístico muchas veces no da para vivir, sino para subsistir, siguen poniendo todo lo que está a su alcance para informar, pero este inútil reconocimiento, es también para editores, correctores y repartidores que se desvelan todas las noches para que las ediciones digitales e impresas estén disponibles a primeras horas de la mañana. En este país que no ama al periodismo crítico, gracias, por seguir intentando.

 



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