Opinión

El poder de la palabra: lo femenino/ Sobre hombros de gigantes 

Las palabras hacen ecos en el universo; la sabiduría originaria ha conocido el poder de la palabra, e inclusive los Beatles la inmortalizaron en una de sus canciones: “di la palabra y quedarás libre” (The Word. 1965). 

Cuando imparto las clases de derecho penal, y hablo del interaccionismo simbólico como idea criminológica, al explicar que la realidad se construye a través de signos, los que expresan un mensaje que tratan de lograr una determinada reacción social y construir las maneras de pensar y nuevos tipos de civilización, entre otros ejemplos, comienzo con preguntar a las y los estudiantes ¿por qué a algunos partidos políticos se les dice “de izquierda” y a otros “de derecha”?

Entre varias respuestas, están que los de derecha son conservadores y los de izquierda lo contrario; porque así se sentaban en el Congreso; que en el parlamento inglés o francés, los representantes de la aristocracia se ubicaban a la derecha del monarca, mientras a su izquierda los del pueblo, etc., pero son pocos los que van más allá en el sentido, de por qué unos a la izquierda y otros a la derecha, y no al contrario. Luego de explicarles una de las teorías, comienzan a caer en cuenta de cómo en la actualidad nuestro lenguaje sigue cargando de machismo, lo repetimos constantemente, y con ello nuestro cerebro sigue construyendo maneras de pensar etiquetantes y discriminatorias, actuando en consecuencia. 

Antes de que las religiones y pensamiento monoteísta patriarcal ingresaran a descomponer el mundo, el cosmos tenía un origen, proyección, conformación y visión basado en lo femenino. Lo femenino es creación, es razón, es habilidad, es construcción, es fuerza, es lo que hace ecos en el universo, y sobre todo lo crea. El origen religioso de “la virgen que concibe vida”, no es más que la humanización de una realidad en donde el espacio o “virgen negra”, se contrae y crea vida o “universos” a través de la luz. El origen de todo es femenino y el equilibrio de todo es femenino.

En esa cosmovisión originaria donde el uno o espacio genera un big band y crea un dos, la luz que se proyecta al cosmos, surge la dualidad y el equilibrio: el lado izquierdo y el lado derecho del todo. El lado izquierdo se relaciona con lo femenino al ser lo que en acción se proyecta en lo creativo, emocional, intuitivo y con mayor visión para equilibrar el lado derecho, que se vincula a lo masculino, lo racional y conservador. Así, originalmente las sociedades y religiones eran matriarcales, con múltiples deidades femeninas y masculinas, donde se idolatraban más a las primeras, pues la mujer era el líder natural tanto en el plano objetivo y subjetivo, y todo se basaba en la feminidad. Inclusive el sol y la luna, originariamente eran “la sol” y “el luna” (en el idioma alemán se mantiene ese género), pues la reina Sol era la creadora y por ella existía la vida y el equilibrio, mientras el luna, era lo pasivo inerte. La mujer era la creadora y equilibradora de todo.

Pero, como lo comenté hace un momento, las ideas monoteístas masculinas patriarcales, al darse cuenta de su falta de relevancia cósmica, natural y social, comenzaron a pugnar por tomar fuerza, al grado de lograr apoderarse de la palabra, la visión y la construcción social. Lo anterior lo lograron a base de negar lo femenino y ocultar su poder a través de la construcción de una realidad misógina principalmente con violencia y después con base a la palabra. Lo derecho o masculino se volvió lo diestro, lo recto, lo adecuado; mientras que lo izquierdo o femenino, se volvió lo siniestro, lo torcido, lo histérico, la maldad. A las mujeres fuertes, científicas, líderes, las convirtieron en brujas, mientras a los hombres débiles, poco pensantes y prejuiciosos, los volvieron gobernantes, dirigentes y representantes del dios único y masculino. La matria (matriz) dejó de serla, para transformarse en patria (padre), los recursos se transformaron en “patrimonio”, y en lugar de evolucionar, volvimos al oscurantismo pues no se quería equilibrar, sino dominar: “dominus”, domingo, día de “el” sol, o día de “el” dios; el mundo se olvidó de que era femenino. 

Después de explicar esto, las y los estudiantes perciben que el concepto de izquierda y derecha en partidos políticos, no se trata de una simple denominación de que unos son representantes del pueblo y otros de los económicamente poderosos; se dan cuenta que tiene una carga simbólica de hacer menos a lo femenino para que lo masculino predomine. Se dan cuenta del machismo con el que aún nos desenvolvemos, y cómo todo eso crea civilizaciones que, de civilizados tienen poco y de discriminadores mucho.

Los “hombres” de la actualidad difícilmente hemos vivido el miedo que siente todo ser que se identifica como femenina en una sociedad carente de empatía, llena de odios e intolerancia. No podemos decir que “sabemos lo que sienten”, porque nunca lo hemos sentido, pero debemos ser empáticos y tratar de comprender cómo estamos aportando a ese mundo de terror para dejar de hacerlo y construir un entorno de amor, respeto, tolerancia y empatía, donde lo femenino vuelva a tomar su lugar, pues es evidente que el mundo se está yendo a lo profundo cada vez más y más, porque los hombres lo hemos llevado hacía allá. Lo femenino debe retomar su papel creador, dirigente y equilibrante.  

Tenemos una oportunidad histórica para ver, escuchar y decir la palabra que haga ecos en el universo y que ayude a entender que la violencia y la discriminación sólo generan más violencia y más discriminación; por el contrario, la empatía y el reconocimiento de la y el otro como uno mismo, será el generador para transformar la realidad y no acomodarnos a la actual.

Todas y todos somos femenino y masculino a la vez; todas y todos somos un único todo creador; todas y todos fuimos en distintas vidas mujer u hombre, y a la fecha lo seguimos siendo. Tú eres otro yo, yo soy otro tú, y todos somos todo (saludo maya) y los Beatles lo repitieron en “I am the walrus”. Nos acercaremos a una verdadera civilización el día que haya menos gente y más humanos. Despertemos, acabemos con la violencia, la indiferencia y el desprecio; pues hay una gran diferencia entre ser humano y ser un humano; muy pocos la entienden.

 

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José Luis Eloy Morales Brand

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