Las portadas sobre Ingrid desataron la furia en las calles. ¿Qué hay detrás de esta apología de violencia? Aimée Vega, experta en género y medios, asegura que esto implica “una reiteración de la cultura de odio a las mujeres”.


 

La cobertura del feminicidio de Ingrid mostró, en toda su crudeza, la normalización de la violencia machista en los contenidos de algunos medios de comunicación.

Las portadas del 10 de febrero en tabloides sensacionalistas encendieron protestas en redes sociales y en las calles contra los que exhibieron las imágenes presuntamente filtradas por la autoridad. 

Aimée Vega Montiel, investigadora de la UNAM, experta en medios y feminismo, explica el horror cotidiano de la violencia en contra de las mujeres y niñas mexicanas y su representación en los medios de comunicación.

“Los contenidos de los medios hacen una apología constante de la violencia contra las mujeres en lo más profundo. Lo que esto implica es la reiteración de una cultura machista, de una cultura de odio a las mujeres, de una cultura de discriminación, de subordinación y de violencia…”

“… ¿Qué efecto tiene el mirar las imágenes, por un lado, de una víctima, como las que han circulado, y ver entrevistas como la que circulan al agresor? Pues lo que hace es naturalizar esto, insisto, como parte natural de la violencia contra las mujeres. Y lo vimos en muchos medios de comunicación”.

 

Un déjà vu, el caso de Ingrid

“Lo que vemos hoy es como un déjà vu”, dice Aimée Vega Montiel, cuando habla sobre la circulación de fotografías del cuerpo de Ingrid, quien presuntamente fue asesinada por su pareja sentimental, Francisco “N”, hace un par de semanas.

Los medios son señalados como uno de los sectores más importantes que producen discursos en torno a las relaciones entre mujeres y hombres
— Aimée Vega Montiel
Además de mostrar el horror del asesinato de la joven de 25 años, esas imágenes fueron publicadas y su circulación en medios de comunicación y redes sociales se tradujo en ganancias económicas para algunos, detalla la investigadora y coordinadora del Programa de Investigación Feminista del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM.

Los periódicos, los programas de televisión, informativos y no informativos, así como las series, las películas, son de igual relevancia como otras instituciones sociales como la familia y la escuela. Los medios, enfatiza, “son señalados como uno de los sectores más importantes que producen discursos en torno a las relaciones entre mujeres y hombres”. 

En días recientes se ha dicho que los sitios que difunden este tipo de contenidos atentan contra las mujeres y reproducen estereotipos de género sobre ellas. Pero ¿cómo lo hacen y por qué lo hacen? 

Vega Montiel, especialista en Derechos Humanos de las Mujeres, platica en exclusiva con EMEEQUIS sobre el impacto que genera la reproducción de fotografías y videos en casos como el de Ingrid, además de la responsabilidad de las autoridades, que deben velar por que esto no suceda, y de las posibles soluciones a esta problemática. 

 

Protestas en calles y redes

Ingrid era una joven de 25 años que vivía con su pareja –un hombre de 46 años que tiene estudios de ingeniería civil– en un departamento ubicado en la calle Tamagno, en la alcaldía Gustavo A. Madero, al norte de la Ciudad de México. 

En ese lugar fue encontrada Ingrid el 9 de febrero por agentes de la policía capitalina. Su cuerpo yacía desollado y apuñalado. Lo que siguió después de este hecho fue la publicación de fotos que la mostraban en esa condición en periódicos, principalmente en los que se distribuyen en la Ciudad de México. También varios sitios de internet y cuentas de Twitter y Facebook difundieron las imágenes. 

Después se dio a conocer un vídeo en donde aparece Francisco “N”, su presunto asesino, sin camisa y con el pecho cubierto de sangre en el interior de una patrulla. En el clip la pareja de Ingrid explica por qué la mató de esa forma: supuestamente, en una discusión, Ingrid le clavó un cuchillo y él se lo quitó y lo clavó en el cuello de la joven. 

La violencia contra las mujeres constituye el corazón de la narrativa mediática”
La respuesta a esto fueron protestas en las calles y miles de usuarios de redes sociales que cuestionaron la cobertura que algunos medios le dieron a esta noticia. La publicación de las fotos y la visibilización de una información por encima de otra, fue uno de las tantas preguntas que se hicieron en Twitter y Facebook principalmente por feministas y otros usuarios. 

 

Apología de la violencia

Después de varios estudios, en los que se analizó el contenido de programas, Vega Montiel llegó a una conclusión: que todos estos hacían apología de la violencia contra las mujeres y las niñas.

La apología es la justificación de un delito, en este caso el de la violencia contra las mujeres y niñas, por medio de los discursos que aparecen en los contenidos.

Esta reiteración o esta apología de la violencia contra las mujeres no sólo se identifica en el ámbito de los programas informativos, de los programas de noticias o de las noticias; (también) en el caso de los periódicos, que es donde comúnmente nos remitimos cuando pensamos en la apología de la violencia contra las mujeres en los contenidos mediáticos”, comenta la especialista en género y medios de comunicación.

Se trata a las mujeres como objetos sexuales, se alude a ellas como las causantes de la violencia en su contra.”
— Aimée Vega Montiel
Ella encontró también que “la violencia contra las mujeres constituye el corazón de la narrativa mediática”. En algunos casos, como en el análisis de las letras de canciones de reguetón, uno de los géneros más escuchados en el país y en todo el mundo, se percató de que a las mujeres y niñas se les objetiviza.

En las letras, pormenoriza la doctora en periodismo y ciencias de la comunicación, “se trata a las mujeres como objetos sexuales, se alude a ellas como las causantes de la violencia en su contra.”

“Estas son formas de violentar a las mujeres, o de hacer apología de la violencia contra las mujeres, estereotipándolas, en este caso, como objetos sexuales; pero también, por ejemplo, (en) esta asociación de ellas a la maternidad y al matrimonio como destino unívoco, que lo vemos repetidamente en todas las publicidades”. 

Un ejemplo claro de ello, ilustra, es el personaje de Samantha Jones, una de las protagonistas de la conocida serie, Sex and the City, que experimenta su sexualidad con otras mujeres y con hombres más jóvenes en varias temporadas: “No cumple con los mandatos patriarcales de la buena madre y esposa, entonces, la enferman de cáncer” y redondea

“Los contenidos de los medios hacen una apología constante de la violencia contra las mujeres, que en lo más profundo, lo que esto implica, es la reiteración de una cultura machista, de una cultura de odio a las mujeres, de una cultura de discriminación, de subordinación y de violencia”.

 

Navaja de dos filos

Los medios, como pueden ayudar, también pueden reforzar discursos violentos. Así lo explica Vega: 

“Los medios de comunicación han sido identificados desde hace varias décadas como actores clave en la eliminación de la violencia contra las mujeres y las niñas (…) y de la misma forma en que pueden reforzar estos discursos, estas normas, estas actitudes que implican la normalización de la violencia contra las mujeres, pueden, desde luego, contribuir a su eliminación”.

¿Cómo afecta a la sociedad que este tipo de contenidos se reproduzcan?

La circulación de estas imágenes que nos mostraban el horror del feminicidio de Ingrid reditúa económicamente a los medios. A lo que apelamos es que los medios asuman la ética que deben asumir como parte de su función social negándose a reproducir esas imágenes.

“También negándose a revictimizar a las mujeres que son víctimas de violencia, porque aquí estamos hablando de que todo este circo tiene efectos muy, muy dolorosos para sus familias.

“(Esto) tiene efectos muy perniciosos para las propias investigaciones judiciales, porque se trata de información que es sensible para la investigación. 

“La justificación de la conducta del feminicida, que nos dice, una vez más: ‘estaba drogado, estaba alcoholizado’ y, por lo tanto, eso justifica el acto que él llevó adelante. No es un asunto menor.

“Las audiencias no somos monolitos, es decir, no somos masas homogéneas, sino tenemos que pensar en eso, en las distintas audiencias a las cuales alcanzan estos contenidos y los efectos que ello puede tener”.

 

Un cambio estructural

¿Quién vigila el actuar de los medios?

Es la Segob la la dependencia encargada de vigilar y de sancionar en su caso a los medios de comunicación, a través de dependencias muy concretas, como son: la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) y Radio, Televisión y Cinematografía (RTC).

“Sin embargo, hasta el día de hoy, desafortunadamente, la autoridad no ha demostrado tener voluntad política para llevar a cabo su tarea”.

¿Cómo cambiarlo?

A lo que le apostamos es a un cambio estructural. Definitivamente, no nos sirven cambios contingentes, que solamente responden a una coyuntura, como es el caso del feminicidio de Ingrid, sino que los medios se comprometan de aquí en adelante, y estamos hablando de medios de todo tipo: medios audiovisuales, medios impresos, medios digitales, medios de carácter nacional.

“Hago un llamado desde aquí al Congreso de la Unión y al propio Senado de la República para que promuevan un debate abierto, un debate transparente y plural donde podamos presentar nuestra argumentación de por qué es urgente sancionar la violencia mediática como una modalidad de violencia en la Ley General.”

“Insistimos, pero no desde una perspectiva punitivista, porque eso ya lo dijimos: llevar a la cárcel a los agresores nunca ha sido la mirada del feminismo. Sí, como parte del proceso de acceso a la justicia de las víctimas, si es el caso, pero no en este asunto de la circulación de imágenes, etcétera. Definitivamente esa no es la solución”.

 

@vancg_

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