La Nacional

INSABI: ¿Qué negociaron los gobernadores del PRI y qué pedían los del PAN?

 

Tras reunirse con el presidente, los gobernadores del PAN lamentaron que se hubiera roto un acuerdo que consideraban “planchado”, mientras que los del PRI negociaron con astucia su ingreso a la gratuidad en temas de salud.

 


Dos rutas diferentes recorrieron las negociaciones del gobierno federal con los gobernadores priístas y panistas en busca de sumarlos al Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI).

La foto de los priístas con el presidente, en Palacio, captada el 27 de enero, estuvo plagada de sonrisas, abrazos, y declaraciones vibrantes de institucionalidad.

En cambio, los mandatarios panistas salieron de la comida con Andrés Manuel López Obrador, el martes 4 de febrero, con las caras largas. Denunciaron que el gobierno federal había incumplido un acuerdo preliminar que se había concretado el viernes 31 de enero.

Pero el tema tiene varias aristas. Las negociaciones con los priístas las condujo el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell. Mientras que ante los panistas intervinieron el mismo López-Gatell, más el director del INSABI, Juan Antonio Ferrer Aguilar, e, incluso, el secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela. 

Todo ello, previo cabildeo directo efectuado por el propio presidente con los gobernadores de Chihuahua y de Querétaro, Javier Corral y Pancho Domínguez, hace varias semanas. Al cabo, Martín Orozco, gobernador de Aguascalientes, llevó la negociación por parte de los panistas.

 

PAN: CONVENIOS SUJETOS A EVENTUAL CANCELACIÓN

Originalmente, los mandatarios albiazules habían establecido un pliego petitorio de, nada menos, 19 puntos. ¿Cómo qué querían? Pues casi nada: un periodo de transición, que además fuera consensuado y por escrito –como que no les tienen mucha confianza a los funcionarios del gobierno morenista–, entre la Federación y los estados.

Querían que se llamase (tome usted aire): Acuerdo de Coordinación para Garantizar la Prestación Gratuita, Progresiva y de Calidad de los Servicios de Salud.

Y, entre otras cosas: mantener la proporción del Ramo 12 (Salud): 85% Federación, 15% entidades; la entrega de los recursos de dicho ramo ipso facto o por lo menos en caliente. Definir lineamientos, reglas de operación y demás normatividad; mientras tanto, que se considerasen derecho los padecimientos, medicamentos e insumos en el Catálogo Universal de Servicios de Salud vigente hasta diciembre pasado.

Que el Fondo de Gastos Catastróficos siga en funcionamiento hasta que no se reglamente la operación del Fondo de Salud para el Bienestar. Que se establezca una línea de tiempo para que el INSABI entre en operación. Mecanismos de acreditación para las unidades médicas, distribución equitativa de los recursos del INSABI entre todos los estados.

Y sigue: esquema de apoyos para concluir obras de infraestructura médica; unificación del sistema de información… Y así…

El viernes 31 de enero, según nos cuentan, los panistas habían apalabrado un convenio preliminar con el equipo de la Secretaría de Salud. Por ello, al mediodía se había colado a la prensa que el bloque de gobernadores albiazules se había sumado ya al esquema del INSABI. Más tarde, sin embargo, los panistas salieron a decir en redes que se trataba de un acuerdo condicionado a sus demandas.

Quedaba por “redondearse” en la comida con el presidente del martes último, según creían los blanquiazules. Pero cuál sería su sorpresa, López Obrador les dijo que tenían nomás de dos sopas: o se sumaban al esquema del INSABI, tal cual es, o nada. Sin acuerdos.

Entonces los panistas denunciaron en redes: “Lamentamos que hoy el convenio que se firmó con el gabinete de salud para mejorar el INSABI, no se haya ratificado”.

Y es que cualquier acuerdo firmado por funcionarios del gobierno morenista es totalmente válido… siempre y cuando lo ratifique el presidente. Pero no fue así.

 

PRI: “TANTO ODIO, NO ERA ODIO…”

En el caso de los priístas fue diferente. Nos cuentan que la foto le salió muy barata al hombre de Palacio. Los tricolores se comprometieron a que, en un plazo de seis meses, las estructuras de salud de sus estados liquiden y reestructuren toda contratación de productos y servicios clínicos y farmacéuticos. 

Al cabo de ese plazo, deberán entregar las cuentas y relación de proveedores al gobierno federal, que a partir de ese momento controlará todos los contratos del sector, como es “su más ferviente anhelo”.

¿Cuál fue la moneda de cambio? Dos cosas nada más. Primero, el dinero necesario para efectuar tamaña liquidación –lo que no es poco, según nos recalcan– y, en segundo término, que las estructuras burocráticas no pasarán a formar parte del gobierno federal, como se planteaba en un principio, sino que se mantendrán dentro de los organigramas de cada entidad.

¿Y por qué tan barato? Ah, bueno, es que esto es parte de un entendimiento más amplio entre priístas y gobierno federal, que salieron como Luisito y Pedrito en aquella exitosa zaga de la Época de Oro del cine nacional, A toda máquina: “Tanto odio, no era odio…”.

 

@emeequis

 

 

 

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