Rapsodia en blue o el día que el jazz se vistió de etiqueta/ El banquete de los pordioseros  – LJA Aguascalientes
14/09/2020


Hace algunos años escribí en este espacio del Banquete de los pordioseros una columna en que titulé El día que el jazz se vistió de etiqueta, en esta ocasión, aprovechando el aniversario 96 del estreno de la Rhapsody in blue del compositor estadounidense George Gershwin se me antojó retomar el tema pero desde la perspectiva de esta importante obra, no solo dentro del repertorio de la música de concierto de los Estados Unidos, sino dentro del repertorio orquestal del siglo XX.

Rhapsody in blue o Rapsodia en blue, -recordemos que la palabra blue, en este caso, no se refiere al color por lo que la traducción Rapsodia en azul es errónea, la palabra blue, como la usa Gershwin, se refiere al carácter de la música, al estilo musical del blues, pero no hay que olvidar que la palabra blue en inglés, además de traducir azul, se refiere también a un estado de ánimo melancólico o nostálgico, de ahí seguramente la confusión-, se estrenó el 12 de febrero de 1924 en el Aeolian Hall de la ciudad de Nueva York.



Paul Whiteman, reconocido director de orquesta y violinista de jazz había escuchado al joven Gershwin tocar, en ese momento de solo 25 años de edad, y se sintió impresionado por el talento del pianista y compositor por lo que le propuso la composición de una obra musical para incluirla en un concierto que ofrecería próximamente con su Whiteman Jazz Band con un repertorio formado por compositores de la época. Lo cierto es que George Gershwin olvidó por completo el encargo, lo recordó cuando una mañana vio en el periódico la noticia del concierto que ofrecería la Paul Whiteman jazz band. Sin tener forma de eludir el compromiso, Gershwin se puso a trabajar, tenía solo tres semanas para cumplir con el encargo que terminó por no ser cualquier cosa. Debemos entender la Rhapsody in blue de Gershwin como el nacimiento de la música sinfónica en los Estados Unidos y de alguna manera, el surgimiento del nacionalismo musical estadounidense utilizando elementos autóctonos echando mano del jazz, del blues y los spirituals afroamericanos. Podemos atrevernos a decir que George Gershwin vistió al jazz de etiqueta, y dos lenguajes musicales que eran, no solo diferentes sino hasta antagónicos, se unieron en un mismo concepto musical, trabajo que por supuesto, estuvo pulido y encerado por Ferde Grofé, importante compositor y director de orquesta estadounidense ya que fue él quien hizo la orquestación en 1946 de la obra originalmente compuesta para piano solista con acompañamiento de banda de jazz, es decir, solo metales, maderas y percusiones pero sin cuerdas, fue entonces que Grofé, se encargó de llevar la partitura a una contexto sinfónico y es de esta manera como ha trascendido hasta nuestros días. Fue entonces que el jazz, vestido de etiqueta y fue aceptado por el “respetable” público blanco y las buenas conciencias, citando a Carlos Fuentes. 

El jazz es un lenguaje musical que surgió en los lúgubres pantanos de Nueva Orleans, en los humeantes y oscuros salones del French Quarter en donde el público blanco jamás se presentaría. Ahí, sin una formación musical académica, -por supuesto que no-, surgieron las primeras leyendas del jazz, incluso antes de Louis Armstrong a quien ubicamos a principios del siglo XX, ya había algunos grandes virtuosos del saxofón o de la trompeta, por ejemplo. Después vinieron esos personajes icónicos como el ya mencionado Armstrong, Charlie Parker Thelonious Monk, Dizzy Gillespie, Charles Mingus, la cantante Billie Holiday, Count Basie, Duke Ellington, John Coltrane, todos ellos nacidos en las primeras dos décadas del siglo XX, y de esa misma generación surge uno que es de otro código postal, un verdadero genio, me refiero a Miles Davis, que vive algunos años más que sus colegas generacionales, la mayoría murieron muy jóvenes, Davis muere en 1991 y quizás esto le da tiempo de revolucionar el lenguaje del jazz con discos como Kind of blue de 1959, imprescindible para cualquier amante del género, pero sobre todo Bitches Brew, monumento musical grabado en 1969 y publicado en 1970, este álbum doble está más allá del bien y del mal parafraseando a Nietzsche.

El jazz se va haciendo más sofisticado y exige verdadero virtuosismo de quienes lo realizan, tanto en la composición como en la ejecución y lleva el término de improvisación hasta sus últimas y más radicales consecuencias.

Es entonces que a mediados del siglo XX, 1946 para ser concreto, justamente al terminar la II Guerra Mundial con la orquestación realizada por Ferde Grofé de la Rhapsody in blue de George Gershwin que el jazz es invitado a las salas de concierto y se viste de etiqueta, y dos lenguajes musicales que estaban tan distantes uno de otro se saludan de mano, incluso se coquetean, se hacen guiños y surge un  romance que parece indisoluble, ahora ya no es extraño ver a rústicos músicos de blues o de jazz tocando con orquestas sinfónicas o ensambles de música de cámara, B.B. King tocando con los Crusaders y la Orquesta Filarmónica de Londres o aquí en México, por ejemplo, compositores y pianistas como Eugenio Toussaint, Héctor Infanzón o Alberto Cruzprieto que ha hecho un trabajo excelso al piano con música justamente de Gershwin, son también ese punto de convergencia entre el jazz y la gran música de concierto.

El tema es inagotable y da para mucho, esto no pretende ser más que una pequeña reflexión sobre el asunto, en alguna ocasión habrá que retomarlo.

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