Reducir las desigualdades, primero/ Matices – LJA Aguascalientes
24/09/2020


Uno de los elementos básicos de una democracia es la igualdad. La democracia siempre es igualitaria, escribiría Carlos Pereyra, hace años. En ese sentido, el presidente acierta cuando dice que por el bien de México primero los pobres, pero el asunto es mucho más complejo. No solo se trata, como lo ha hecho la 4T de programas sociales dirigidos a los más pobres, como el de pavimentar los pueblos más pobres de México o llevar internet a todo el país, se trata de una política integral para reducir las desigualdades, y eso hay que decirlo: es un problema global.

En estos días, Mar Adentro de México me invitó a su Comité de Temas, donde algunos personajes de gobierno, académica y sociedad civil les proponen ciertos temas que las y los jóvenes debieran debatir en las aulas para 2020. Nos centramos en la reducción de desigualdades, al encuentro asistieron Héctor Castañón, experto en la materia y Jesús Ibarra, académico del Iteso. A partir de la discusión de esa mesa es que se inspira este pequeño artículo: en el mundo es urgente reducir las desigualdades. Y las escribo en plural porque así es, no solo se trata de la económica, que es la más evidente, donde, por ejemplo en Mëxico, quien concentra la riqueza es un porcentaje mínimo de la población y son los más beneficiados por un esquema de reducción fiscal. O que el porcentaje de pobreza extrema y pobreza en este país es altísimo y eso tiene impactos en muchas dimensiones de nuestra nación, no solamente en la económica sino en la educativa, en seguridad, en la calidad de la democracia y en muchos más. 

Por ejemplo, los más pobres son los que más trabajan en México, ellos no tiene tiempo ni acceso de ir a jugar tenis al club o al parque, sino que en su tiempo libre hacen algunas otras “chambitas”. Esa idea me parece fundamental para a partir de ahí generar otra política de empleo y de garantía al derecho laboral: los más pobres son los que más trabajan. El Centro de Estudios Espinosa Yglesias en su Informe de Movilidad Social 2019 afirma que el 74% de pobres en México, morirán sin haber progresado. Es decir, solo el 26% podrá moverse de su situación de pobreza, en México, una de las premisas más repetidas en esta discusión es que “es pobre porque quiere y no le echa ganas”, es la gran falacia que nos ha dejado la falta de empatía hacia el enorme problema de desigualdad. Decía Castañón: “es hora de terminar con el echaleganismo”. Algunos dirán: ¿por qué sale el 26%? ¿Cómo le hizo? Seguro le echó ganas. 

El lugar donde naces, marca y cito el estudio: “El origen de cuna marca, en buena medida, el destino de las personas. Sabemos que nacer en pobreza, en una zona rural aislada, ser mujer, ser indígena o tener tono de piel más oscuro limita las posibilidades de movilidad social ascendente de las personas.” La igualdad de oportunidades es determinante, quienes no tiene las mismas oportunidades no pueden aspirar a la igualdad. Por ejemplo, una de las conclusiones más reveladoras es que el modelo de educación privada y salud privada hace aún más grande la brecha de desigualdad. Toda la educación debiera de ser pública, todo servicio de salud debiera de ser público. Así aumentaría la igualdad de oportunidades. 

Para entender mejor la desigualdad, voy con otras premisas del informe de movilidad social: los hijos e hijas de padres que tienen mayor nivel académico alcanzan la formación profesional a una tasa doce veces mayor que los hijos de los padres sin escolaridad. Solo 3 % de los hijos de padres con ocupaciones agrícolas alcanzan el nivel ocupacional más alto, es decir, si nuestros padres tuvieron acceso a mayores niveles de educación y a niveles altos de empleo, tenemos hasta 12 veces más probabilidades de tener un nivel alto de educación y de ocupación. Por ejemplo, esto se complementa con las cifras del Inegi en la Encuesta Nacional de Ingresos y Salarios, un egresado de posgrado en México en promedio gana 86 mil pesos al trimestre, mientras que alguien que solo terminó la primaria solo 8 mil pesos al trimestre. El acceso a la educación hace más grande la brecha de desigualdad. Y si hablamos en ingresos entre hombres y mujeres con licenciatura, la diferencia son 13 mil pesos menos para mujeres. 

Lo mismo sucede con el tono de piel, quienes lo tienen más oscuro tienen menos probabilidades de moverse en las clases económicas. Entre hombres y mujeres, entre nacer en un municipio del sur o del norte. Además de las repercusiones vitales de la calidad de la alimentación o del acceso a los servicios de salud, hay otras como quienes viven en condiciones desiguales tienen también menor acceso a sus derechos políticos como votar y ser votado o su derecho de acceso a la información pública. Si bien, este modelo desigual es mundial, en México debemos repensar el modelo, la educación pública debería ser universal y lo mismo la salud: por ello, la apuesta del Insabi y de las universidades Benito Juárez no son mala idea, pero como siempre, el diablo está en la ejecución. Cabe decir que no se trata de repetir la idea del presidente de que por el bien de México, primero los pobres, si logramos una movilidad social de los pobres hacia clases medias, el impacto al desarrollo económico del país, sería enorme.

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