Opinión

Terán vence a Napoleón III (2)/ Cátedra

Ante la aplastante victoria del ejército insurgente contra España (Ayacucho en 1824) y la convocatoria de Bolívar para constituir la Confederación de naciones desde México hasta Argentina, que amenazaba con detener la expansión de los Estados Unidos hacia el Océano Pacífico, el gobierno de los Estados Unidos empezó a tomar medidas no contra las potencias europeas, sino contra nuestra integración y particularmente contra el fortalecimiento de México, a costa de cuyas enormes extensiones pretendía crecer.

1825 Por eso, habiendo constatado las aptitudes de Joel R. Poinsett como espía, el presidente John Quincy Adams lo designó como enviado plenipotenciario en nuestro país, aunque sin establecer relaciones diplomáticas.

(De hecho, Estados Unidos no estableció relaciones formales con México hasta que desistió de su afán de arrebatarnos más territorios en 1898, cuando al conseguir la anuencia de los gobiernos latinoamericanos para fundar la Unión Panamericana -obviamente bajo su control- se convirtió en la metrópoli de una nueva potencia (sabiamente descrita en la Fábula del tiburón y las sardinas de Juan José Arévalo), para aspirar al cetro como imperio mundial que le heredaría la Gran Bretaña al quedar convertida en ruinas al término de la Segunda Gran Guerra del siglo XX).

1826 El Congreso de Panamá se llevó a cabo, pero Bolívar no pudo asistir debido a su mal estado de salud y su anhelado proyecto nació prácticamente muerto. Además, asistieron observadores estadounidenses invitados por el colombiano Santander, sobre cuya insensatez expresó Bolívar: Era como invitar al gato a la fiesta de los ratones”, ya que se trataba de proclamar la unidad hispanoamericana.

Lamentablemente los latinoamericanos no hemos logrado comprender la lección que nos dio Simón Bolívar desde 1820 cuando expresó: Nuestros enemigos tendrán todas las ventajas, mientras no unifiquemos el gobierno de América.” (Al utilizar el término “América”, al igual que todos los insurgentes de las colonias españolas no incluía a Estados Unidos, que se apropió del nombre del continente americano hasta que se convirtió en imperio, descorriendo el velo de república democrática con el que escondía su verdadero rostro. Por otra parte, Canadá seguía siendo una colonia británica en territorio americano). 

Y es triste decirlo, pero todavía no aprendemos lo que significa el término soberanía y mucho menos el de solidaridad, base de la integración que Bolívar propuso.

De hecho, tanto los Estados Unidos como las potencias europeas continuaron ejerciendo el derecho de conquista establecido por las bulas expedidas en 1493 por el papa Alejandro VI (el español Rodrigo Borgia que se lo otorgó a España privilegiándola para apoderarse de América como si este continente hubiera estado deshabitado) y también el derecho de intervención que proclamaron tres monarquías europeas como doctrina internacional mediante la celebración del tratado que firmaron bajo el nombre de Santa Alianza en 1815 al ser derrotado Napoleón Bonaparte-, para desarticular los triunfos ciudadanos del liberalismo y la revolución francesa y recuperar los privilegios de la monarquía así como eliminar el estado laico y su libertad de cultos. 

1825-1829 Retomando nuestra secuencia histórica, durante los cinco años de que dispuso Poinsett para terminar la obra perversa que inició en 1822, le permitió provocar fuertes divisiones entre la clase política y preparar el terreno para conseguir la separación de Texas y la invasión de 1846-48 mediante la cual Estados Unidos se apropió de la mitad de nuestro territorio. Solo cuando José María Bocanegra, el único aguascalentense que ha sido Presidente de la República ocupó ese puesto en 1829, fue el único que se atrevió a expulsarlo del país.

En nuestra próxima entrega veremos la novedosa arma secreta que las potencias utilizaron en el siglo XIX para tratar de sustituir a España y mantenernos sometidos en el régimen de explotación en el que habíamos vivido trescientos años. (Continuará)

Por la unidad en la diversidad

Aguascalientes, México, América Latina

tlacuilo.netz@yahoo.com

Fe de erratas: En la versión digital de esta columna en lja.mx del pasado viernes 7 la fecha 1782 con que inicia el cuarto párrafo es errónea, a diferencia de las versiones  impresa y la digital de issuu, en las que aparece correcta: 1805

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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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