Tiempo pasado/ Debate electoral - LJA Aguascalientes
24/02/2024

Dice la voz popular que todo tiempo pasado fue mejor. Y amparados en esa máxima, alrededor encontramos, de manera muy sutil, todo un mercado que nos impulsa a regresar al pasado, a lo que ya fue, al tiempo y espacio que, ya conocido, hace que valoremos esa confianza que da regresar al camino andado. Nada que ver con la zozobra de la vereda que se nos muestra de frente al caminar. Como nuestro futuro es incierto por naturaleza, tendemos a guarecernos en el lugar que conocemos y donde fuimos felices. Nos refugiamos en el pasado.

En ocasiones anteriores había mencionado que últimamente se ha puesto de moda el mercado de la nostalgia, que nos trae productos similares a los del pasado, es decir, los mismos que consumimos ahora, solo que en envase distinto, con otra envoltura, que nos lleva a imaginar que somos aquellos que un día fuimos, con la ventaja de que, con mayor poder adquisitivo, ahora nos podemos dar el lujo de pagar el precio que sea, con tal de, insisto, un pequeño viaje en el tiempo.

¿Un videojuego nuevo? Eso es para los millenials, las grandes corporaciones nos ofrecen a un módico precio, réplicas de las consolas con las que jugábamos hace veinticinco años. ¿Mucho tiempo en el extranjero? No pruebes nuevas experiencias; por el contrario, si pruebas esta marca viajarás al pasado al momento en el que tu mamá te obligaba a comer la sopa. Solo que ahora si la comerás por gusto. ¿Quién es el mejor basquetbolista en esta época? No importa, Michael Jordan sigue con su negocio de tenis, y si antes no pudiste comprarlos por el precio, ahora te puedes llevar dos o tres pares y sentirte toda una estrella de la duela… de los noventa.

Este fenómeno pues, se da en varios ámbitos de nuestra vida: en la familia, en el trabajo, en el día a día. Esta semana el presidente de la República, contextualizó, hablando de historia, que “el que no sabe de dónde viene, no sabe a dónde va”, y es cierto. ¿De dónde venimos? Venimos de una larga tradición histórica de conmemorar diversos hechos que nos han llevado a transitar como país hasta el lugar donde nos encontramos. Esta situación no es privativa de México. Cada país se asegura de tener los días históricos que requiere para conmemorar, dependiendo de su devenir histórico.

Así, mientras en México se conmemora el natalicio de Benito Juárez el 21 de marzo, en los Estados Unidos, es feriado el natalicio de Martin Luther King el 20 de enero. Los días de independencia se celebran en ambos países en septiembre y en julio respectivamente, y mientras el 20 de noviembre es el día de la Revolución mexicana, el 11 de noviembre es el día de los veteranos en los Estados Unidos, cada uno recordando, a su manera, las guerras en las que ha participado.

Regresemos un poco al pasado, no muy lejano. Además de los días festivos consagrados en la Ley Federal del Trabajo, existen los del calendario religioso, porque eso sí, mucha república laica, pero religiosamente tomamos nuestros de asueto en los días santos y en las fiestas patronales de pueblos y ciudades. Aún y con todo, los días no son muchos: oficiales de descanso obligatorio son apenas 7: 1 de enero, 5 de febrero, 21 de marzo, 1 de mayo, 16 de septiembre, 20 de noviembre y 25 de diciembre. En este sincretismo del que hablamos, 5 de ellos podríamos decir que son del calendario cívico, y apenas 2 del religioso, que se complementan con los días no oficiales pero que se descansan en un país de mayoría abrumadoramente católica: jueves y viernes santos, 2 de noviembre y 12 de diciembre.

Los días de descanso obligatorio, los determina en México la Ley Federal del Trabajo en su artículo 74, mismo que sufrió una reforma en 2006 a efecto de que las conmemoraciones del Aniversario de la Promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el Natalicio de Don Benito Juárez García, Benemérito de las Américas, y el Inicio de la Revolución Mexicana, se hicieran los días 5 de febrero, 21 de marzo y 20 de noviembre, respectivamente, pero los días de descanso obligatorio se recorriera al lunes más próximo.

La razón: principalmente aprovechar los días consecutivos de descanso de una manera cierta, ya sea para actividades estrictamente sociales, y en un segundo término no menos importante para actividades turísticas (ojo, no todo turismo es salir al extranjero o a un destino de playa), y aunque usted no lo crea, la consecuencia principal que tuvo fue la eliminación de los puentes. Así como lo oye: resulta que, como la fecha es de descanso obligatorio, si ésta caía en martes se tenía la oportunidad de “tomar” el lunes y que este día hábil sirviera como “puente” entre el domingo y el martes. Lo mismo ocurría si el inhábil era el jueves, se tomaba también el viernes, que era el día que permitía el puente hacia el fin de semana. Ya, los más osados alguna vez puentearon desde un miércoles, en el descaro total. Esta mala práctica se eliminó al hacer de descanso obligatorio el lunes, sin posibilidad de extenderse.

Dice el presidente, y quienes le apoyan, que esta medida nos hará más productivos; no lo creo por lo antes expuesto. Pero, además, la productividad no se puede medir en función de las horas que se pasan en el trabajo. De entre los países miembros de la OCDE, los trabajadores alemanes laboran al año 1,363 horas; los estadounidenses 1,783 horas al año, mientras que los mexicanos lo hacemos 2,255 horas por año, cifras que derriban el mito, a menos, claro, que se tengan otros datos.


Pero volvamos al argumento lopezobradorista: se trata de fortalecer la memoria histórica. Pongamos un ejemplo reciente: el día 3 de febrero se suspendieron las labores en las escuelas. El día 5, aniversario de la Constitución hubo clases, con la posibilidad de honores a la Bandera, e incluso, una enseñanza alusiva al tema por parte del maestro (alguna composición, lectura, trabajo o desfile) que reforzara en los alumnos la fecha. Llegamos a la conclusión, entonces, de que puede descansarse o no en la fecha de la conmemoración y obtener una enseñanza cívica en la escuela o por otros medios. Son entonces esos otros medios, los que deberíamos apuntalar.

Los institutos electorales, tanto nacional, como de las entidades federativas, son de carácter permanente, precisamente porque entre sus funciones se encuentran las de promoción y difusión de la cultura cívica y la construcción de ciudadanía, todo el día, todos los días. Al menos en Aguascalientes, vamos paso a paso cosechando los primeros frutos de programas con 20 años de existencia. Es decir, la labor es complicada, y más cuando se hace con recursos limitados, de manera desarticulada con los gobiernos, y la amenaza latente de la desaparición. Más que hablar de los días de descanso, hablemos de los muchos días de trabajo que nos faltan, y no desviemos la atención en si es mejor descansar el 3 o el 5, el 17 o el 20. Sumemos verdaderamente nuestros esfuerzos en fortalecer la memoria histórica, sin retroceder ni un milímetro en las conquistas alcanzadas, de tal manera que nadie pueda convencernos de regresar al México que no nos gustó y del que hicimos lo posible por cambiar, y de andar repitiendo como mantra que todo tiempo pasado fue mejor.

 

/LanderosIEE |  @LanderosIEE


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