07/06/2020


Puede ser un acontecimiento, un hecho que marque un antes y un después. 

Puede ser el momento de la gran afirmación que sigue a una gran negación.

Puede ser el tiempo propicio para empezar a eliminar el miedo en los hogares, las calles, los parques, los lugares de trabajo. 

Puede ser el punto de llegada de un ciclo de acumulación de justa ira y el inicio de otro que conduzca a la conquista y consolidación de más derechos, de mayor libertad. 

Puede ser la hora para tomar en serio la erradicación de la violencia de género.

Puede ser la motivación requerida para abandonar usos y costumbres con consecuencias letales.

Puede ser la oportunidad para ir edificando una nueva tradición, una anclada en un ethos civilizador.

Puede ser la evidencia para que los varones entendamos de una vez por todas que hasta ahora no hemos entendido casi nada. 

Puede ser el impulso para ir nutriendo otra memoria.

Puede ser lo que necesitamos para renovar nuestra noción de dignidad.

Puede ser el día para reconocer que la libertad de todos se acrecienta con la de las mujeres.


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Puede ser la ocasión para dar por concluida la tolerancia a los abusos y la intimidación contra las mujeres. 

Puede ser la hora en que se reconozca que el derecho al placer de la mujer es un derecho irrenunciable. 

Puede ser que empecemos a ver que el placer de la mujer no es una extensión del placer del hombre.

Puede ser una jornada para reafirmar que la maternidad es una opción, no una ineludible fatalidad biológica o social.

Puede ser la ventana indiscreta por donde veamos que el matrimonio no es un contrato de sumisión o un acta de privilegios patriarcales.

Puede ser la conformación de que sin la presencia y participación de las mujeres no hay ni desarrollo, ni democracia, ni país por el que valga la pena luchar. 

Puede ser el antídoto contra las voces patriarcales que reclaman su primacía desde el púlpito a la recámara, desde las redes sociales a las tribunas públicas, desde el confesionario hasta los Palacios de Gobierno.

Puede ser el ejemplo que necesitamos todos para ir imaginando un país diferente. 

Puede ser la inequívoca muestra de que, como país, tenemos aún una alta cuota de reserva moral.

Puede ser una de las razones para seguir creyendo en el país. 

Puede ser…

 


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