Opinión

De Pandemias y cosas peores

Ricardo González Montes de Oca

Gerente del Consejo Estatal Agropecuario de Aguascalientes

 

Para nuestra generación, lo que actualmente estamos viviendo es nuevo; sin embargo, para la humanidad no lo es. Quienes vivimos en esta época nunca nos habíamos enfrentado a una pandemia como la que hoy nos llegó sin aviso, como suelen llegar las tragedias.

Pandemia que nos remite a antiguos pasajes de otras épocas en las que distintas enfermedades infecciosas de contagio masivo dejaron su huella en la cultura, la política y las relaciones humanas.

Definitivamente el mundo, nuestro México y por supuesto, Aguascalientes, nuestro querido estado, no serán los mismos antes y después de la pandemia. Las afectaciones sanitarias, sociales y económicas serán muy grandes y apenas las comenzamos a sospechar.

En las ciudades la cantidad de información es excesiva: lo que sabemos sobre el tema es una mezcla desbordada de memes, audios, videos y noticias. La recomendación es guardarse y resguardarse, no salir si no es necesario y, si es indispensable hacerlo, aplicar todas las medidas sanitarias que hemos escuchado de sobra.

Los empresarios dedicados a productos y servicios temen por la subsistencia de sus pequeñas empresas. ¿Cuántos meseros, empleados de mostrador, cocineros y personal de mantenimiento, operación e intendencia, dependen de esos negocios? Muchos de ellos viven al día. ¿Cuántos niños, amas de casa y personas de la tercera edad dependen de esos sueldos?. Ordenar el cierre de los establecimientos contribuye a reducir el riesgo de contagio, sin duda; pero es también el camino directo a la ruina de cientos o miles de emprendedores, de trabajadores, de gente que -aún sin haber sido contagiada- se puede contar ya entre las víctimas del coronavirus tan odiado y temido. Como en todas las situaciones de costo-beneficio, se espera que los costos sean llevaderos por los beneficios: si las autoridades imponen el cierre de operaciones, con todos sus costos, esa medida debe ir acompañada de beneficios gubernamentales que compensen en lo posible la inactividad comercial y la ausencia de ventas; de lo contrario, ¿cómo prohibir que alguien se gane la vida lícitamente?. Se entiende la urgencia de la contingencia sanitaria, pero, ¿no es también el desempleo y el hambre provocada por éste, una contingencia?.

Por otro lado, en el campo el productor confía en que venderá su producto. En el campo la situación es muy diferente a la urbana: la información no es tan abundante ni fluye en forma tan desbordada, y, aunque se conoce del problema, no se ve la forma de resguardarse.

Los animales no saben de enfermedades chinas que se convierten en neumonía; las frutas y hortalizas no conocen de confinamientos, la parcela no sabe de cuarentenas y no puede esperar para ser regada.

Los productores no pueden aislarse, ni lo puede hacer el jornalero, el ordeñador, la sembradora de almácigos, el tractorista, el regador, ni el que empaca… la cosecha no espera, como no lo hacemos tampoco nosotros, los consumidores, como tú y como yo, en resguardo o no, ya que por mucho distanciamiento social que observemos, no damos tregua, no concedemos cuarentena ni extendemos plazos para recibir nuestros alimentos.

De China viene el virus y de ahí mismo viene la sabiduría ancestral que nos enseña que las crisis generan oportunidades; quizá sea tiempo de voltear a ver hacia nosotros mismos, de ser empáticos, de consumir lo nuestro y lo que viene de los nuestros. Expertos de países agraviados por esta pandemia, han comenzado a promover el consumo de lácteos para fortalecer el sistema inmune, así como de cereales, carne, pescado, frutas y legumbres. ¿Qué mejor que cuidarnos y contribuir a la economía local consumiendo lo que como estado producimos?.

Hagamos lo que esté en nuestras manos para que la emergencia pase pronto y deje el menor número de daños posible. Reconozcamos a quienes conforman nuestra fuerza laboral en el campo aguascalentense y a quienes participan en la cadena de suministro de alimentos, desde el transportista hasta el tendero o el restaurante; porque dentro de todos los males, aún contamos y seguiremos contando con suficiente abastecimiento de lácteos, cárnicos, embutidos, cereales, huevo, frutas, vegetales y un sinfín de productos agroindustriales para todos. El día que nos llegue a faltar eso… ese día sí que habrá iniciado el irremediable camino a la extinción.

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