Opinión

Diario personal / Opciones y decisiones 

Guardarse en casa, es la consigna generalizada de las autoridades en sanidad e higiene a nivel global, como estrategia de salud pública para mitigar y desacelerar – o ralentizar, dicen algunos- la expansiva pandemia del Coronavirus Covid-19/ según la OMS; o Sars-2, según expertos disidentes de los datos oficiales. 

Las medidas drásticas sobre todo europeas y especialmente Italia y España de literalmente enclaustrarse en casa, están teniendo en nuestro país México y estado de Aguascalientes, amplio eco, sobre todo debido a la anticipación y ampliación del periodo primaveral de suspensión de clases presenciales del sistema educativo prácticamente total. Amén de cualquier otro tipo de concurrencia social que implique a más de 50 personas, simultáneamente. De manera que la carga principal de la ocupación, entretenimiento y descanso dejan cesantes a los espacios públicos y a los proveedores de servicios, para volcarse al ámbito privado, al recinto familiar, a la casa habitación. 

En tal predicamento, los padres de familia o cabezas de hogar se sienten emplazados a proveer toda suerte de insumos, materiales y satisfactores que aseguren la resolución de esos diversos requerimientos bio-físicos, mentales y anímicos que requieren los miembros de la familia, para administrar positiva y sanamente su tiempo. Algunos comentarios divulgados en los medios de comunicación masiva resaltan la imperiosa necesidad de recurrir a los dispositivos especialmente de tecnología digital, que parecieran los más obvios para mantener ocupados a los ocupantes del hogar. Es decir, a convertir la casa en un centro de internet, TV y radiofonía, las 24 horas del día; cosa nada remota ya a la rutina cotidiana de una gran mayoría de familias. 

El reto es, según la opinión pronunciada por una psicóloga clínica en un programa televisivo, satisfacer adecuadamente los 3 tipos básicos de necesidades humanas: las físico-biológicas, las mentales y/o espirituales y las emocionales; y todo ello observando las normas naturales saludables: sueño y vigilia, tiempos de alimentación, ejercicio físico, descanso, entretenimiento recreacional, ocupación intelectual, espacios de intercambio emocional positivos, etc. Gama de actividades que sin duda requiere de cierto virtuosismo, disciplina y compromiso. 

Pues bien, el reto es alto y demandante, pero no creo que haya muchos atajos para no confrontarlo. Si queremos salir airosos de esta prueba que la naturaleza, sí, pero también la voluntad humana y el concurso social nos están imponiendo. Yo tengo una propuesta alternativa, de bajo costo y de materiales simples, que nos ayude a sortear esta crisis pandémica. Y esta consiste en la escritura de un “diario personal”. 

En efecto, escribir siguiendo la técnica del “diario personal”, pareciera una opción demasiado romántica, más propia de mujeres –sobre todo jovencitas- y, si me perdonan la machista y aun misógina expresión-, francamente de homosexuales. No de hombres alfa. Bueno, pues reto al más pintado y aun pintada a que ensaye de escribir una cuartilla, aquí y ahora, con toda honestidad y sinceridad de ánimo, de cómo realmente se siente ante este engorroso problema del Coronavirus. Quiero ver su primera línea. Cómo ataca el reto. Que ‘vocabulario usa, que ‘emociones le suscita, que ‘razones fundadas aporta a favor o en contra, de quien es la culpa, cómo le afecta en sus derechos personales, en sus intereses, en su patrimonio. Que ‘soluciones propone; que sean creíbles y verosímiles. En fin, al sólo entrar en materia nos damos cuenta de la magnitud de un reto que sin duda ya tiene rasgos y efectos generacionales, a nivel de la población mundial. 

Bien, dije que propongo la técnica del “diario personal”. Opción que por cierto no me cayó del aire ni del cielo azul.  Provino de una persona, muy singular, académica, filósofa y que fue sin duda un notable maestro. Se llamó Fr. Denys Gonthier, religioso Agustino de la Asunción, que radicó en Worcester, Massachusetts, USA, y fue maestro y director espiritual para el conocido allá, Assumption College, años setenta y ochenta sobre todo. Cercano a nuestra cultura hispanoamericana, porque siendo de familia francófona norteamericana, decidió aprender español y llevarlo a un grado de perfección, mediante un doctorado en Salamanca, España, para el que publicó su tesis: El Drama Psicológico del Quijote. Un enamorado, pues, de la literatura española, y del pensamiento humanista sobre todo francés. En suma, un pensador chiflado por la naturaleza, sobre todo las flores, los bosques, los lagos. 

Paso enseguida a dar cuenta de cómo él asumía con gran seriedad este asunto de escribir un diario personal. Que a nosotros sus alumnos –años 1973-1975-, nos indicaba el tipo específico de cuaderno en que debíamos escribir y dedicar exclusivamente para ello. He aquí mi reseña personal.

Debía yo acudir, en Boston, al número 22 Province St., atrás de la casa Parker (que desemboca a la agitada Tremont St.), así me la describió la voz juvenil del teléfono. Allí, el pedazo irregular del papel de estraza se fue plegando también con libertad, sin proporciones calculadas, a las pastas de este libro azul. Un cordelillo marrón se ciñó flojamente al toque final de compraventa. En dirección hacia mí se extendieron las expertas manos del vendedor, viejo recio y alerta, con ojillos sumidos que no perdían detalle y oídos atentos a nueva solicitud. Voz ligera y presta: something else? Mi mano derecha le extendió hasta sus palmas los dólares del intercambio. Ambos parecimos quedar satisfechos, para él significó, quizá, la salida de un empolvado libro; para mí, fue el inicio de esta pacífica aventura, 28/07/1976. Un libro a raya, normal. Usado por contadores y abogados. Record. Folio 2. Account Book. 66 R 500. Boorum & Peace. USA. Así era de cuidadoso el buen padre Denys con las notas de su diario.

Sirva este breve aperitivo, para señalar que la opción de llevar un Diario Personal es algo que, de parecer algo insulso, aburrido o intrascendente, se puede convertir en una afición apasionante y difícil de dejar. Efectivamente, no requiere más que papel y lápiz o pluma; pero, al darnos cuenta que allí se va consignando nuestra experiencia vital, con toda su belleza, amplitud y complejidad, pronto nos damos cuenta que merece ser consignada en un cuaderno o libreta que tenga toda la dignidad y presentación, como para ir encapsulado nuestra vida misma, sí, al final se convierte en un querido y valioso tesoro. 

No debe preocuparnos la destreza o no literaria que tengamos, porque al ritmo de la escritura vamos descubriendo la manera de cómo dialogamos con nosotros mismos, nos vamos entendiendo, nos vamos conociendo, vamos descubriendo formas diferentes de ver la vida, de afrontar al mundo. De ir creciendo auténticamente como los seres humanos que somos. De nada sirve el autoengaño o la simulación, tenemos automáticamente el imperativo de ser transparentes, o no ser. Pero nadie nos lo contó, porque salió de nosotros mismos. 

De hecho, ya lo he dicho en otras partes, vamos a conectar con un gran campo planetario, al Occidente de la tierra Madre Gea, y es otra gran esfera la de Relaciones de Cultura de la Sociedad,  enorme esfera que está habitada por la gran diversidad de expresiones simbólicas de la nación: la lengua, la raza, el arte en su multiforme diversidad, los mitos de origen, los tipos de agregación familiar, las creencias religiosas, las tradiciones gastronómicas, del vestido, de la recreación, del hábitat, de interacción con el medio ambiente, es el mundo del Folklore. En fin estamos en el mundo simbólico como un gran continente, como manifestación de las  relaciones sociales de paz y de la guerra. Es la esfera del mundo personal, del individuo, de la construcción del yo…. (Nota mía: LJA. Política, esa compleja esfera. Sábado 11/08, 2018). Una experiencia que nos puede llevar a aprender, que nos da apertura al futuro.

Dicen los clásicos como Benedetto Croce, lo que colorea o matiza nuestra comprehensión de la vida y de la realidad es la “visión del mundo” que tenemos, es decir, nuestra “cosmovisión” personal, y ésta generalmente se convierte en la Ética que adoptamos como propia, que al final se manifiesta como una “ética militante”, un repositorio de principios y valores que modaliza nuestro ser y actuar. Y sólo lo aprehendemos mediante nuestra reflexión personal. 

El Capitalismo en su fase neoliberal y globalizante es una ética militante, igual lo es el conservadurismo republicano a ultranza como el de Donald Trump, el liberalismo demócrata, el nacionalismo revolucionario, la opción por la revolución democrática, en su momento el movimiento juvenil #Yo Soy 132 fue una ética militante.  Hoy se llama regeneración nacional. A la hora de la controversia, nos invade una pretensión de certidumbre inamovible: ¡Las cosas son así! Como yo digo, como yo opino, como yo defino. Y no pueden ser de otra manera. Y, así, muy ufanos declaramos nuestra verdad inobjetable. Por ello entramos en conflicto. Y en ello nuestra mejor bitácora de viaje es nuestra propia historia, Nuestro diario personal, hecho consciente, actual, vivo. A la hora buena de decidir qué hacer es aceptar con toda claridad y explicitud que nuestro punto de vista, al final es “la vista de un punto”. (Nota mía: LJA. Un guiño de simpatía.  Sábado 17/11, 2018).

franvier2013@gmail.com

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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