07/06/2020


Estamos emplazados para estos días 8 y 9 de marzo a ser testigos de una manifestación mundial de las mujeres, como tales, por ser tales, sin más epítetos. Lo que demanda del resto del mundo una escucha atenta y una vista clara y transparente de su identidad: Ser mujer. Será como si cada ser humano se viera ante el espejo y tratara de responderse a la pregunta ¿quién soy yo? Pues si soy del género masculino, no me reconozco del todo sin contrastarme con el género femenino, y viceversa. 

No somos dos términos absolutos, somos relativos uno al otro. Iguales en inteligencia, iguales en voluntad, iguales en afectividad-emotividad; aunque con diversa modalidad de ejercerlas, y diferente cantidad en tono e intensidad para expresarlas. Nos parecemos y al mismo tiempo nos distinguimos. Funcionalmente actuamos distinto, pero al fin nos complementamos. Somos iguales en naturaleza, pero operamos de manera diferente. Y encontramos que, al final, compaginamos. Descubrimos con gozo que lo diverso nos lleva al encuentro, ¡Viva la diferencia!  

Pero este descubrimiento no es tan simple. Los muchos siglos y ensayos de evolución humana, han ido compactando muchos estratos de experiencias, algunas exitosas y otras fallidas; capas de expresiones felices y otras dolorosas, algunas muestras muy positivas y otras azas negativas. Por ello es necesario, aproximarnos a este evento excepcional con un montaje crítico adecuado. Para observarlo objetivamente, para verlo con claridad, sin opacidades, para captarlo con lealtad a ellas, las mujeres; para conocerlo con verdad, en su verdad, sin distorsiones.   

Para lograr un tal objetivo, yo propongo un dispositivo a manera de zoom telescópico en tres tiempos. El cual nos permita situar este asunto controversial, bajo el enfoque de ciertos principios teóricos, éticos y metodológicos, que sirven de fundamento para el análisis de la cultura. El método científico los identifica como elementos epistemológicos, axiológicos y teleológicos, que podemos verlos aquí en acción. 

Primer acercamiento. El primer elemento de nuestro zoom es de tipo noético (del conocimiento) que resulta inherente a la dimensión humana. Lo propone Teilhard de Chardin en su obra La Activación de la Energía, 1967: -“Sin que nos demos cuenta, aumenta constantemente un desfase inquietante entre nuestra vida moral y las nuevas condiciones creadas por la marcha del Mundo”, y es el fenómeno de lo humano. Ahí en el medio de la evolución universal, está el hombre; pero inmerso en un mundo de complejidad cada vez mayor de lo social, de lo político, de lo económico”.

Expliquémonos esa naturaleza humana que se concretiza en un solo hombre y una sola mujer ya es de por sí un fenómeno inédito en el Universo cósmico, pero a ello añadámosle el ser humano organizado en una red inmensa de relaciones sociales que fundan sus sistemas de producción y consumo, sus sistemas de organización societal bajo una autoridad suprema que es el Estado y que identificamos como relación política fundamental.

Enseguida toca el núcleo más sensible: “La urdimbre increíblemente compleja de la cultura con base en la comunicación simbólica de la Palabra, el sentido, el significado, o simplemente dicho el poder de los símbolos, todo ello hace endiabladamente más compleja la explicación del hombre en este Mundo, entendido como totalidad –sin segmentar al hombre de la mujer” (Nota mía. LJA. Opciones y Decisiones. Intramundanos. Prospectiva, el hombre como eje de una integración superior. Sábado 26 de Marzo, 2011). 

Estas solas afirmaciones bastarían para fincar un análisis objetivo de lo que está en juego, cuando se trata de la compleja relación entre el individuo y la sociedad, entre “lo privado” y “lo público”; entre lo “femenino“ y lo “masculino“.  En donde no podemos menospreciar su relación auténticamente dialéctica, es decir, pendular –del uno hacia el otro- y su exigencia existencial de no hacerlos “dicotómicos”, duales, separados; en una palabra, antagónicos. Lo que sería un puro maniqueísmo. Punto. Por lo que para el Padre Teilhard de Chardin, ambas dimensiones son irrenunciables, no son dispensables al resto humano, ambas son condición indispensable para su pleno desarrollo, su perfecto cumplimiento como entes en vías de integración, de complementación 

Segundo acercamiento. De tipo ético, o anclaje moral. Para lo cual echamos mano de códigos ya registrados en la arqueología de la humanidad, y que nos proporciona un zoom incomparable, al corazón mismo del hombre y de la mujer. Los códigos normativos ancestrales que son fundantes de nuestra civilización occidental judeo-cristiana, y sin duda subyacentes a nuestros sistemas jurídicos vigentes. Nos los proporcionan los hallazgos de los más importantes escrituristas, especialistas en Hermenéutica, Exégesis, Lingüística y especialidades asociadas a las ciencias de la interpretación bíblica. Que se catalogan en dos grandes tipos de códigos: A) El Código pureza-impureza; B) El Código don-deuda. 

Ambos códigos van trabando la urdimbre de los famosos libros de la Ley mosaica por apellido, el Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Deuteronomio y Números. El primero, pureza-impureza, predomina en el Levítico; en cambio el segundo código, don-deuda, resalta más en el bellamente tejido Deuteronomio. 

La distinción formal entrambos, radica en que las normas inscritas bajo la visión de la pureza-impureza, son mandatos más rigoristas cuyo quebranto, implica la exigencia de limpiar la mancha que ha recaído sobre el infractor, de la que tiene que ser liberado mediante ritos, ofrendas, penitencias, etc., faltas que lo separan de alguna manera de la comunidad y del derecho a la aproximación a lo santo; y en donde se impone la radical dignidad del Santo por excelencia respecto del impuro que por definición es su criatura, imperfecta y proclive a la indignidad. 


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En cambio, el código don-deuda implica una relación de absoluta gratuidad de parte de la divinidad con su creatura. En donde, Dios aunque no está obligado a conceder algo al ser imperfecto que es el hombre o la mujer, les concede bajo absoluta gratuidad dones que ennoblecen y exaltan a su creatura; a tal punto que los hace merecedores de su promesa de filiación divina y vida eterna en comunión con Él. Algo totalmente inesperado para el hombre, sea varón o mujer, y que trasciende su horizonte vital, a la par que su dignidad. (Nota mía. LJA. Los corruptos, No van al paraíso. Sábado 24/11, 2018). 

En términos pragmáticos, de aplicación. El sistema pureza-impureza implanta el régimen de crimen y castigo, que lleva como consecuencias la necesidad de exculpación, purificación, el destierro, la indignidad, la vergüenza pública y según la gravedad aun la expulsión comunitaria definitiva. Sea dicho, un código aplicado injusta e injustificadamente especialmente contra la mujer, ha dejado ya una capa telúrica de negativos efectos contra el género femenino, insostenible para nuestro aquí y ahora.  En cambio, el sistema don-deuda, implanta la dinámica de perdón, gracia, dignificación, exaltación por virtudes, elevación a la dignidad de hijos y herederos ciertos de la Promesa divina, ser iguales ante Él, iguales en dignidad, iguales en promesa de vida plena y digna. 

Tercer acercamiento. De tipo teleológico (o de sentido de vida y finalidad), aspiracional a la plenitud y, por lo tanto a la trascendencia. Aproximación que nos ubica en nuestra realidad social, y por lo tanto en el mundo de las relaciones públicas. El hombre y la mujer estamos inmersos en un océano de relaciones, con otros-con otras, y éstas las rige el Estado.

Para un Estado, como entidad política suprema de una nación, los retos, desafíos e imperativos de normatividad positiva, entiéndase garantía efectiva del Estado de Derecho, son inexcusables y deben incidir en la realidad histórica, demográfica, social, económica y cultural de su pueblo, y todo ello subordinado al bien común societal, y enfáticamente al principio de orden y respeto del todo social, visto como una unidad integral, indivisible, pluriétnica, plural en lo ideológico y diverso estructuralmente como es su composición actual. En otras palabras, la normatividad positiva estatal abarca todas las ideologías existentes –especialmente las militantes y proactivas- en su ámbito territorial y jurisdiccional, y no puede ni debe subordinar unas como preferentes sobre otras tratadas como displicentes. 

Ante lo cual confrontamos hoy, un verdadero inframundo, el de los feminicidios. El grado extremo de la violencia contra la mujer. La sola palabra lo dice: Femi-ni-cidio: fem/mujer-ini/de la que-/cidio/ se mata/occido-is-ere-occidi-occisum/Matar. Acercamiento al que lo Femenino… se ve expulsado de la vida, misma que protege categóricamente el llamado mandamiento: Quinto, no matarás. 

El quitar a otro el derecho a la vida no solamente es grave latrocinio, sino la supresión de sus condiciones de posibilidad de pervivir y llevar una digna subsistencia. Por eso el compromiso público de servir desde la autoridad, en este caso de nivel local, es no tan solo de respetar la vida y las haciendas de todos los súbditos a dicha autoridad, sino obligatoriamente para él existe conjuntamente el deber de hacerlas respetar, de proteger, alentar y promover en todo lo que significa el acceso a un bienestar digno y superior calidad de vida. De modo que la Gobernanza de un Estado es el mandamiento supremo para quien gobierna y no por consecuente condescendencia, sino por superior instrucción de Ley; para él irremisiblemente obligatoria. 

Derecho irrestricto de la mujer que hoy se contrasta con el del producto de su concepción. (Y que se ha pretendido legislar bajo la supuesta protección constitucional de la vida humana desde la concepción) representa un planteamiento plausible, por la dignidad del principio inherente a la vida humana, sí; pero que de aplicarse jurídicamente al pie de la letra, traería aparejadas graves consecuencias para el Código Penal vigente, y su aplicación indiscriminada a presuntos infractores. Situación que se torna problemática en sumo grado, y que nos concierne a todos su justo, integral y bioético abordaje (Nota mía: LJA. Propuesta indecorosa. Sábado 22/12, 2018). 

Tres aproximaciones desde nuestro zoom alternativo, que hacen falta para justipreciar los trascendentales eventos que estamos emplazados no sólo a testimoniar, sino a entender, acompañar y a co-actuar según sea nuestro rol en el reflejo de este espejo existencial, e inevitablemente de género consubstancial.

 franvier2013@gmail.com


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