Opinión

Los 57 años de Beethoven/ El banquete de los pordioseros

Recuerdo que mi papá tenía colgado en su estudio, entre muchas otras cosas, un enorme póster de Beethoven, era conmemorativo por los 200 años del nacimiento del genio de Bonn por lo que concluyó que debió ser en 1970, y de ser así, yo tenía 7 años de edad.

Recuerdo con una claridad que no deja de sorprenderme -a mí todo se me olvida -, que le pregunté a mi papá si Beethoven estaba enojado, lo veía mal encarado, lo recuerdo muy bien, y él solo se sonrió; después le pregunté si ya había muerto y me respondió que sí, le pregunté entonces si había muerto viejo, me dijo que de 57 años de edad, concluí entonces que efectivamente el gran Beethoven había muerto ya viejo, a mis 7 años de edad me parecía que a los 57 habías vivido tu vida completa y supongo que se me ocurrió pensar que a los 57 años pocas cosas puede hacer uno en la vida, a no ser, claro, morirse.

Cómo cambian las cosas, ¿no? El concepto de la edad se va modificando conforme vamos creciendo y supongo que nos vemos patéticos buscando ampliar el rango de la juventud, o sea, nos negamos a envejecer. Muchas personas, gracias a Dios no me cuento entre ellas, ocultan su edad como si envejecer fuera algo de lo que tenemos qué avergonzarnos, como si envejecer fuera un defecto, me pregunto si esas personas que son aficionadas a ocultar su edad y se quitan años, preferirían entonces no envejecer, no sé, es algo muy curioso.

Bien, el asunto es que el pasado miércoles 18 de marzo cumplí 57 años de edad, en efecto, llegué a la edad en la que murió Beethoven y bueno, a estas alturas considero que el genio de Bonn murió verdaderamente joven y que sin duda tenía todavía muchas cosas por hacer, mucha música qué escribir, pienso ahora que mucha de la inagotable fuerza creadora de Beethoven se quedó irremediablemente en el tintero, por Dios, cómo cambian las cosas, cómo cambia la percepción de la vida, o en todo caso, de la juventud y la vejez.

Beethoven murió el 26 de marzo de 1827, como ya lo comentamos, de 57 años de edad, o los cumpliría ese año. En algún momento pensé en escribir lo que ahora generosamente estás leyendo, amigo melómano, en esa fecha cercana a su aniversario luctuoso, pero considerando que el pasado miércoles 18 de marzo cumplí 57 años, como ya lo apunté líneas arriba, pues decidí compartir contigo esto hoy, más o menos a la mitad de las fechas entre el 18 y el 26 de marzo, mi cumpleaños y el aniversario luctuoso del más grande genio de la música.

Muchas veces escuchando, repasando, analizando, pero sobre todo disfrutando la obra del genio de Bonn, me doy cuenta, aunque me queda claro que no soy el único que así lo entiende, que sus más grandes y gloriosas composiciones son justamente las últimas que compuso, entre ellas sus dos grandes catedrales para coro y orquesta con voces solistas, es decir, su inmaculada Sinfonía novena y la sublime Missa Solemnis, pero más allá de la grandilocuencia de estas dos poderosas partituras está su trabajo hecho en la más deliciosa intimidad de la música de cámara, específicamente me quiero referir a sus seis últimos cuartetos para cuerdas a partir del Opus 127, le sigue el 130 y continúa consecutivamente hasta el Opus 133, conocido éste como la Grande Fuga, y finalmente el Opus 135 que abarcan del cuarteto No.12 al No.16 y la Grande Fuga o Grosse Fugue antes de este último y que no tiene un número específico.

León Tolstoi, el gran escritor dignísimo representante del realismo ruso en su impecable y extraordinario ensayo llamado ¿Qué es el arte?, elimina con una facilidad asombrosa muchas cosas que consideramos verdaderas obras de arte y señala con categórica autoridad que esos últimos seis cuartetos para cuerda de Beethoven son lo que verdaderamente debemos de considerar como obras maestras del arte universal, no solo de la música, y bueno, si lo dice el gran Tolstoi creo que debemos considerar con seriedad su opinión.

Independientemente de eso, el objetivo es invitar, con toda humildad, a penetrar sin miedo en el insondable misterio de la genialidad del llamado divino sordo, llegar hasta las entrañas de su creatividad y degustar deliciosamente de esas mieles cuyo encanto nos eleva a alturas inhóspitas.

Beethoven murió el 26 de marzo de 1827, ese año cumpliría los 57 años de edad. La verdad no sé si era demasiado viejo para el rock & roll -entendiendo el término de rock & roll como una forma atrevida y nada convencional de entender y hacer la música- o demasiado joven para morir, pero no, Beethoven no muere, él es eterno, su música lo ha hecho inmortal, pertenece a ese gremio a los que el arte los mantiene para siempre jóvenes.

No sé tú qué opines, pero a mí me queda claro que a pesar de nuestra edad -¿ya ves?, ya estoy empezando a buscar pretextos que me salven de la vejez-, pero entiendo que siempre seremos demasiado jóvenes para morir, incluso si tenemos 57 años de edad.

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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