Opinión

Los efectos de la reclusión/ Análisis de lo cotidiano   

Desde que iniciamos el resguardo en casa para evitar la diseminación del coronavirus se han desatado una infinidad de comentarios en las redes sociales, en los medios de comunicación para dar a conocer los efectos nocivos que ocasiona la convivencia forzada en las personas y en las familias. Se habla del aumento en la violencia intrafamiliar, de la depresión, del incremento en el consumo del alcohol, el maltrato a los niños y muchas otras tragedias. ¿Cuál ha sido la realidad? Que nada de eso ha sucedido, al menos no en las proporciones pronosticadas. No podemos dejar de aceptar que seguramente sí ha ocurrido algún caso, pero hablando en lo general el resultado es muy diferente. Por principio es impactante el regreso de los animales salvajes. Ver peces y delfines en los canales de Venecia, antílopes en las calles de ciudades japonesas, jabalíes en las calles de Madrid y Barcelona y miles de aves posándose en árboles de parques públicos y jardines domésticos es para recuperar la fe en la naturaleza. Nos da una lección de resiliencia, la enorme capacidad que tiene la ecología para recuperarse. Y acá entre nosotros ¿Qué ha pasado? Los jóvenes para quienes la tecnología cibernética no tiene secretos, ahora hacen reuniones en línea, cada uno desde sus casas tomando la copa y conversando. Incluso con amigos de otros países. Las familias se han comunicado por las redes sociales con más frecuencia que antes. Previamente existía la confianza de “Al rato le llamo”, “Cuando tenga tiempo lo visito” y no sucedía. Muchas familias se han dedicado a escombrar, limpiar y ordenar sus casas. Los registros públicos no refieren aumento en los delitos domésticos. También han bajado los robos domiciliarios, los asaltos en la vía pública y los crímenes de alto impacto como ejecuciones y balaceras en las calles. No faltará quien diga que sí ha habido delitos, desde luego, no vivimos en un mundo perfecto pero indudablemente ha disminuido el índice delictivo. Seguramente también habrá quien diga que la situación es terrible, porque algunos comercios y trabajadores de la pequeña empresa y artesanos están sufriendo por la falta de ingresos, desde luego que así es. Solo que no hay que olvidar que estamos en una situación de contingencia mundial. Esta no es la vida cotidiana a la que estamos acostumbrados y ante la necesidad de estar guardados en casa, hubo pronósticos terribles de lo mal que nos iría y es confortante saber que eso no ocurrió. La sociedad que tenemos es muy responsable, porque evita andar en la calle, es muy saludable porque sabe convivir en espacios reducidos y es muy optimista porque sabe tomar con alegría y humor la situación. La verdad, somos mejor de lo que algunos pensaban.



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Héctor Grijalva

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